España y Suiza disputarán a las 18:00 en San Petersburgo uno de los cuartos de final de la Eurocopa. Son dos equipos que se conocen bien. Será su vigésimotercer partido, con balance favorable a la Selección española: 16 victorias, cinco empates y una sola derrota (en el Mundial de Sudáfrica).

El primer encuentro entre ambas selecciones se disputó hace 96 años. Fue el 1 de junio de 1925 en el estadio Neufeld de Berna, donde juegan actualmente el Berna y el filial del Young Boys. Allí también se celebró el Mundial de Atletismo en 1954. A pesar de que Suiza era la subcampeona olímpica, su derrota fue contundente (0-3) gracias a un hat-trick de Juan Errazquín, el goleador más precoz de España (18 y 334 días) hasta que Ansu Fati (17 años y 311 días) le superó en septiembre de 2020. Aquella Selección española estaba dirigida por Fernando Gutiérrez Alzaga, de 29 años y aún hoy el técnico más joven de la historia del combinado nacional.

Pero vayamos al héroe de aquel lejano día. Juan Errazquín (1906-1931) fue hijo de inmigrantes vascos en Argentina y regresó a Euskadi con sus padres cuando era un niño. Debutó en el Real Unión de Irún y con su camiseta ganó dos Copas del Rey, en 1924 y 1927. En la Selección dejó su impronta goleadora tras anotar seis goles en sus seis internacionalidades. También dejó huella por su modestia. Si tuvo fortuna en el balompié, su vida estuvo marcado por el infortunio: a los 21 años tuvo que dejar el fútbol por una tuberculosis y falleció a los 24 años por esta enfermedad.

Así lo despidió el ABC: «Fue un jugador extraordinario, del tipo de Patricio Arabolaza, de la fe y el tesón de los que restan poco. De los que acreditaron una furia española, que se enorgullecía de sus triunfos. Y de entre estos, ninguno tan sonado como el que consiguiera jugando contra Boca Juniors, el célebre combinado argentino, que en plena brillante excursión por España se acercó a la frontera para que el Irún le venciera por 4-0. Todos, obra de Errazquín. Con el vasco se va una de las figuras más valiosas del deporte popular en los últimos años. Que el muchacho franco y noble descanse en paz».

Siete de los diez jugadores que acompañaron a Errazquín podrían ser protagonistas de una novela. La portería la defendió el mítico Ricardo Zamora (1901-1978), durante años el deportista español más reconocido en el extranjero. Al comienzo de la Guerra Civil fue internado en la cárcel modelo de Madrid y Queipo de Llano llegó a decir en alguna de sus arengas radiofónicas que había sido fusilado. Finalmente, fue liberado y salió de España por Valencia.

En defensa fue titular Félix Quesada (1902-1959), que recibió un Balón de Oro en 1926 otorgado por la Asociación de la Prensa de España (como se ve, la idea no es original de France Football).

Quesada comenzó su carrera en 1922 en el Real Madrid y la terminó en el mismo club en 1936. Disputó su último partido en la Selección el 15 de mayo de 1929 frente a Inglaterra (4-3) en el estadio Metropolitano. Aquella derrota fue la primera de los ingleses como visitantes.

El centro del campo lo ocuparon Francisco Gamborena, Antonio Alcázar, José María Peña y Samitier. Gamborena (1901-1982) ingresó en el Real Unión de Irún con 14 años y allí se retiró con 33. Entre 1939 y 1950 entrenó a varios equipos: Hércules, Alavés, Zaragoza, Oviedo y Jaén. Luego se desvinculó del fútbol y trabajó en la aduana de Irún. En 1964 recibió la medalla de oro de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF).

José María Peña (1895-1988) jugó once temporadas en el Arenas de Guetxo y fue integrante del equipo que ganó la Copa del Rey en 1919. El Madrid lo fichó en 1926 y se convirtió en el primer jugador madridista en tener contrato profesional. Peña se marchó al Celta seis años después de llegar a la capital y en Vigo fue entrenador y jugador. Fue convocado para los Juegos Olímpicos de 1924.

Samitier (1902-1972) llegó al Barcelona con 17 años a cambio de un trabajo en la empresa del presidente Graells y un reloj con esfera luminosa. Se convirtió rápidamente en un ídolo para los culés hasta su fichaje por el Real Madrid en 1933. El Barça atravesaba un mal momento deportivo y económico y le dio de baja 24 horas antes del Clásico. La buena amistad que mantuvo con Bernabéu, secretario general en aquel momento, fue clave para que vistiera de blanco. Entrenó al Atleti en 1936 y se marchó exiliado tras el inicio de la Guerra Civil.

En ataque jugaron Antonio Alcázar y Eduardo Cubells. Alcázar (1902-1966) fue el primer murciano en jugar en la Selección. Su carrera transcurrió íntegramente en el Club Esportiu Europa, actualmente en el grupo V de Tercera División. El conjunto catalán fue subcampeón de Copa en 1923 tras perder frente al Athletic (1-0).

Cubells (1900-1964) fue el primer jugador del Valencia en vestir la camiseta de la Selección. Fue uno de los primeros ídolos de los valencianistas junto a Arturo Montesinos. Ambos mantuvieron una gran amistad, a pesar de que dividieron a la afición en cubellistas y montistas.

Así reflejó el El Mundo Deportivo la victoria ante Suiza: “Con este triunfo, España es, tal vez, el país que ha mostrado más regularidad en sus contiendas internacionales postolímpicas. Tres encuentros jugados, de ellos dos en terreno extranjero, y tres triunfos. Siete tantos a favor y uno en contra. Austria, Suiza y Portugal, tres valores de calidad muy distinta, han sucumbido ante España”.

El ministro español organizó una recepción en honor de ambos equipos tras el encuentro en el hotel Bellevue, el alojamiento oficial del Gobierno suizo. Allí reinó la cordialidad entre los asistentes.

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