El vencedor con más edad de una etapa del Tour es el belga Pino Cerami, que ganó en 1963 con 41 años y 64 días. Valverde, 41 años y 77 días, estuvo cerca de batir ese récord. Se quedó a 23 segundos. Eso le faltó para capturar a Sepp Kuss, que le dejó de rueda en las rampas más duras de Beixalís. Hubiera sido una fantástica despedida del Tour, a donde no se espera que vuelva. Le quedan los Juegos y la Vuelta para inventar un adiós a la altura de su enorme carrera. Aún así, duele. A pesar de sus cuatro etapas y de su maillot amarillo en 2008, Valverde no ha terminado de expresarse en el Tour como el campeón que es. Cuando no falló él, le falló el equipo. O el coro que le decía que esa carrera no era la suya (les recuerdo que esa carrera la han ganado Evans, Sastre y Pereiro), que él tenía que concentrarse en las clásicas, como si fuera imposible acometer ambos desafíos.

La trayectoria de Valverde habría merecido dejar en el Tour un récord eterno (o casi), pero también lo hubiera merecido su etapa, primero el esfuerzo por incluirse en la fuga y luego la capacidad de dominarlo todo hasta la subida final. Al Bala no le faltó nada, sólo le sobró Kuss, sus malditos 26 años, sus piernas de escalador y esas rampas para reventar cuarentones. Movistar, por cierto, vuelve a quedarse con la miel en los labios después del segundo puesto de Erviti.

Casi toda la etapa fue un redoble, un anuncio de algo grande, aunque no ocurrió nada digno de mayor mención que el tiro al palo de Valverde. Me corrijo. La debacle de Guillaume Martin también fue de consideración. Partió como segundo en la general y ahora es noveno a 7:58. Se dejó casi cuatro minutos en relación con los mejores después de perder unos metros en la cima de Envalira. Fue bonito mientras duró, aunque fuera breve. No descartemos, no obstante, que el filósofo vuelva a escaparse en alguna de las etapas de montaña que restan. Y que pierda tiempo al día siguiente.

Por lo que se refiere al líder no sufrió o no lo pareció, que viene a ser lo mismo. Le atacó Carapaz con más corazón que piernas y luego lo probó Vingegaard en similares términos. Se confirma que Mozart no sufre con el calor. Es otra cosa lo que le hace daño. O quizá sólo sea el Ventoux. Se agradece que nadie se rinda, pero sólo una hecatombe imprevista impedirá el segundo triunfo de Pogacar. El orden del podio será nuestra emoción para la semana que viene. Y el jersey de la montaña. Salvo que Valverde todavía sea más grande de lo que imaginamos.

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