Es seguro. Lo va a conseguir. Si no es pasado mañana, en Nimes, será el viernes en Carcasona, o la semana próxima en Libourne, o el último día en París. Cavendish igualará los 34 triunfos de Merckx en el Tour de Francia y doy por hecho que, ya metido en faena, los superará en esta misma edición. Hay que aceptarlo con la misma naturalidad que asumimos que Daniel Day Lewis tiene más Oscar que Cary Grant (3-0, excluyo la triste consolación del Oscar honorífico) o que Karembeu tiene mejor palmarés que casi nadie en el mundo. Así funciona este invento. La vida no se ordena por méritos ni por medallas, de modo que la tienes que organizar tú.

Cavendish ha de ser reconocido como el mejor sprinter de la historia del Tour, aunque hasta eso pueda ponerse en cuestión. Habría que conocer la equivalencia actual de los 22 triunfos del francés André Darrigade en una época (1950-1966) en la que imperaba un ciclismo más salvaje, tan próximo a la muerte que Darrigade mató sin quererlo al jardinero del Parque del Príncipes al golpearlo durante el último sprint del Tour 1958.

Decimos que la nostalgia multiplica el tamaño de los recuerdos, pero tan cierto como eso es que el tiempo da ventaja a lo más reciente. Casi nadie se acuerda ya de las 38 victorias de etapa de Delio Rodríguez en la Vuelta o de los 30 minutos que le sacó a Berrendero en la general en la edición de 1945.

Cavendish quedará en la memoria hasta que llegue otro, porque siempre llega otro. Que le pregunten a Cipollini, ahora convertido en bicicleta, o a Petacchi, cuyo apellido se vuelve a confundir con el de la querida de Mussolini (Petacci). Supongo que nada caduca tan pronto como un velocista. Hay que quemarse cigarrillos en los brazos para que el recuerdo del gran Freire no se desvanezca en esta vorágine de nuevos campeones y aspirantes. Nos equivocamos cuando pensamos que la cantidad es el criterio para ordenar a los genios. La genialidad son gotas, no chaparrón. Por eso hay gente que prefiere a Perico antes que a Indurain, o al Chava antes que a ninguno.

Cavendish es imperio. Talento puro. También sacrificio. Pero no ha sido ni será hombre de gestas deportivas aisladas, de acciones apoteósicas. Superará a Merckx en el palmarés del Tour, pero en el recuerdo Cary Grant sigue siendo el más grande.

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