El oro fue de Carapaz, pero la carrera perteneció a Van Aert. Pocas veces un ciclista habrá sido tan protagonista, tan dominador, tan vigilado, tan responsable y, en última instancia, tan generoso. Consciente de que otros se beneficiarían de su trabajo, Van Aert optó por seguir trabajando. Comiendo viento, gastando fuerzas, arrastrando tras de sí a una fila de chuparruedas como la cola de un dinosaurio. La alternativa hubiera sido maldecir al grupo y renunciar a la persecución de Carapaz y McNulty. Pelear por el bronce. Estamos hartos de ver cosas así. Las miserias tácticas del ciclismo: mejor perder todos a que gane otro. Pero esta vez no había pinganillos. Ni referencias. Ni directores de conciencias.

Carapaz venció porque el instinto igualaba a las fuerzas. Siempre hay un tren que conduce al éxito. Un ataque que provoca dudas atrás. Lo complicado es saber cuál es y llegar con la energía suficiente para subirse en marcha. Antes lo había provocado Evenepoel, pero equivocó el momento. También Woods y, como estaba previsto, Pogacar. El niño prodigio había marcado el lugar marcado con tiza, las rampas más duras del recorrido. Pero no tenía las piernas del Tour. Eran otras. El coraje el mismo. Y la clase. Pero las piernas otras.

Richard Carapaz estalló de alegría al cruzar la meta. CORDON PRESS

Entre jadeo y jadeo, se escaparon Carapaz y McNulty. Lo hicieron en un momento de desconcierto y de agotamiento general, favorecidos por su condición de favoritos de segunda o tercera línea. Ya los cazará Van Aert, pensaron atrás. La ventaja alcanzó el medio minuto y se redujo a los 14 segundos cuando Carapaz demarró hacia el oro. Se habla poco de la fabulosa competitividad de este ciclista, quizá porque tenemos muchos sitios a dónde mirar. Tal vez ahora corrijamos el agravio (Movistar ya no puede). Además de otras muchas virtudes que tienen que ver con la resistencia y la ferocidad, Carapaz es un corredor que sabe ganar. Muy pocos pueden decir lo mismo.

McNulty fue devorado y un grupo de once ciclistas se disputó la plata y el bronce. Hubo justicia, cosa poco frecuente. Van Aert superó por un tubular a Pogacar y fue plata. Un podio esplendoroso.

¿Y los españoles? A la espera de Ayuso. Valverde fue el primero en quedarse (aunque volvió al pelotón antes de ceder definitivamente) y de los demás hubo pocas noticias. Ya no somos, aunque estamos. Se llama resaca. Y es consecuencia de una fiesta de varios años, así que es normal la jaqueca.

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