El aficionado al ciclismo no espera una hazaña en cada gran etapa de montaña, no somos tan ingenuos; lo que espera es que la posibilidad exista. Si nos gusta Mikel Landa es porque hace un esfuerzo por dar vida a esa posibilidad, casi siempre remota. Que la mayoría de sus intentos sean frustrados importa poco en comparación con la ilusión que despiertan. Y de eso vivimos quienes nos sentamos delante de la televisión para ver la etapa desde la salida neutralizada. De las ilusiones. Lo que nos motiva es la trama antes que el desenlace. Cualquier seguidor da por buena la tarde si en la televisión aparece el rótulo de virtual maillot jaune. En ese cartel está la esperanza que mendigamos.

Que una etapa con Tourmalet y Luz Ardiden se resuelva con la victoria del líder es un hecho reseñable, sin duda. Confirma el carácter canibalesco del nuevo campeón. A tres días del final del Tour, Pogacar es propietario del maillot amarillo, del maillot blanco y maillot de la montaña. Nos encontramos ante un nuevo emperador, tiránico si no lo impiden Bernal y Evenepoel.

Sin embargo, el reconocimiento de su grandeza no nos libra de una cierta decepción por lo ocurrido en la etapa. O para ser más exactos, por lo no ocurrido. El Tourmalet se saldó sin mayor noticia que el desfallecimiento de Rigoberto Urán. Luz Ardiden fue una partida de póker con el ganador designado. Lo único inesperado fue el ataque de Enric Mas, un demarraje del máximo mérito porque lo hizo sin fuerzas, sólo con orgullo. Tomó unos metros de ventaja y llegamos a creer que el milagro sería posible. Hasta que el líder zanjó la cuestión. Tengo para mí que Enric se rebeló ante su creciente fama de ciclista conservador, chuparruedas, gris hasta lo anodino. Que haya tenido un arrebato de furia es un resquicio para la esperanza. Ahora sólo falta que entienda que el intento vale tanto como el resultado. Enric Mas tiene que correr para que la posibilidad exista, aunque eso implique cambiar un honorable sexto puesto por un digno décimo. 

Lo último es una nota luctuosa. Antes de iniciarse la etapa se supo que la policía francesa ha abierto una investigación preliminar sobre posibles acusaciones de dopaje en el equipo Bahrein. La diligencia se activó el 3 de julio ante la posible «adquisición, transporte, posesión e importación de sustancias o métodos prohibidos»; el hotel del equipo fue registrado el miércoles por la policía. Si el delito se confirma será el momento de demandar a los ciclistas por asesinar con premeditación y alevosía el deporte que nos apasiona. Aún.

     

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