España necesita ganar a Eslovaquia el próximo miércoles para pasar a octavos de final de la Eurocopa (hay otras opciones, pero son abracadabrantes). El hecho admite cualquier tipo de interpretación. Que lo tenemos crudo o que lo tenemos bien. Si atendemos a lo sucedido hasta el momento, dos empates ante selecciones modestitas, el desafío se complica. Si nos abstraemos de lo ocurrido (que es mucho abstraerse), la tarea parece asequible. No tenemos un equipo excelente, pero debería servirnos para vencer a Eslovaquia. Salvo que nos puedan los nervios. Salvo que nos disparemos a los pies, de nuevo. En ese caso tendremos merecida la nada que sacaremos del torneo.

Tal y como ocurrió ante Suecia, la Selección española hizo más por ganar. Hablo de actitud y de ambición. De ocasiones. Sin embargo, el equipo repitió los mismos errores, o tal vez habría que hablar de incapacidades. Nuestros goles son como unicornios, tal vez más infrecuentes. Y en defensa tampoco damos lecciones. Lewandowski se comió a Laporte en el empate polaco. Y eso, dentro del área, es como si una gacela se come a un león. Por mucho Lewandowski que sea y por muchas muescas que tenga en el revólver. ¿Qué si hizo falta? Es posible. Hay empujón, pero no es tan intenso como la inocencia del central nacionalizado.

Muy poco después de ese gol, Gerard Moreno falló un penalti que nos hundió en la miseria. Por el palo y por el posterior remate de Morata, horrible. A partir de entonces entramos en un estado depresivo del que espero que salgamos antes de jugar ante Eslovaquia. Los cambios no mejoraron nada, más bien todo lo contrario. El equipo había sido mejor con Gerard Moreno y Morata, al que no se puede reprochar demasiado: marcó un gol y peleó una barbaridad.

Los análisis individuales no deberían despistarnos de una realidad incuestionable: nos falta juego. No tenemos profundidad en el último tercio del campo, ni automatismos que nos aproximen al gol. Ni desborde. Y no vale poner como excusa que los rivales se cierran muy bien. Pues claro que se cierran bien. No tienen otra cosa. Somos nosotros los que debemos demostrar algo más. El miércoles, sin ir más lejos.

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