Yo no sería ni muy cruel ni muy autocomplaciente. España hizo más por ganar, pero se vio tan penalizada por el infortunio como por su falta de puntería. Es un hecho comprobado que no tenemos gol, tan cierto como que Morata es un delantero extraño, torpe en bastantes ocasiones y excelente a ratos. Con él sólo cabe tener paciencia y hay un sector de la afición que la ha perdido; igual que sucedió en el Metropolitano, se volvieron a escuchar pitos después de sus fallos, algunos gruesos. Gerard Moreno demostró luego estar en mejor disposición, aunque tampoco se le caen los goles de los bolsillos. Sólo así se puede explicar que la mezquina Suecia saliera intacta de La Cartuja. Su plan no fue otro que defenderse y esperar un milagro que estuvo a punto caernos encima como un piano.

Si hablamos de actitudes, a la Selección no se le puede hacer un solo reproche, especialmente en la primera parte. Sin embargo, no viene mal apuntar que España dominó a placer por dimisión de Suecia, que jamás tuvo esa ambición. A un equipo que entrega la pelota, que se encierra en su área y que economiza al máximo los contraataques, hay que hacerle más daño y más ocasiones. España sólo encontró profundidad por los laterales (Alba & Llorente), que van camino de ser lo mejor del equipo. Cuando sus centros no acabaron rematados con inocencia, fueron despejados por los centrales suecos o abortados en última instancia por Olsen, un portero en estado de gracia.

Suecia sólo se aproximó dos veces con verdadero peligro y con Isak como instigador. En la más clara, el remate del chico de la Real acabó en el palo. Que fuera sustituido en la segunda parte con mucho por jugar es un misterio insondable.

La sensación es que España terminó con mejor equipo el partido. Y no sólo porque acabara a toque de corneta, sino porque el juego mejoró con Gerard Moreno, Oyarzábal, Fabián o Sarabia. Admito que el análisis es un tanto ventajista, pero sería bueno cambiar algunas cartas para el próximo partido.

El resultado no es un desastre, es un aviso. Quizá sea positivo añadir un poco de angustia a nuestro fútbol académico. Tal vez no sea mala cosa que Morata odie al mundo, que le veamos las orejas al lobo, que entendamos que hay que mancharse de sangre, a ser posible del equipo contrario.

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