Fue dar Luis Enrique la lista de seleccionados para la Eurocopa y empezar la matraca de la prensa nacionalmadridista: que si no va Sergio Ramos, que si no va ningún jugador del Real Madrid… Poco ha analizado esa prensa las actuaciones de la Selección en su historia porque, de haberlo hecho, lejos de llevarse las manos a la cabeza, habrían dado saltos de alegría: ahora mismo, España está más cerca de levantar su cuarta Eurocopa. Los datos lo confirman: cuantos menos madridistas convocados hay, mejor le va a la Selección en las competiciones internacionales.

Y es que, repasando las actuaciones de España en sus participaciones en Mundiales y Eurocopas es fácil (por escasas) encontrar sus mejores actuaciones. Aparte del triplete Eurocopa-Mundial-Eurocopa entre 2008 y 2012, para encontrar momentos de gloria rojigualda había casi que remontarse a los medas: el Mundial de Brasil 50 y la victoria en el campeonato de Europa de 1964. Súmese la final europea de 1984 frente a la Francia de Platini, si se quiere. Apenas seis buenas actuaciones en casi 90 años de torneos. ¿Y qué tienen en común? Que la presencia del Real Madrid era minoritaria o, mejor aún, escasa.

Comencemos por el mítico Mundial de Brasil en 1950. El del famoso gol de Zarra a los ingleses. La base de la Selección es, por un lado, el FC Barcelona con cinco jugadores y, por otra, el Athletic de Bilbao con cuatro. La representación madridista se reduce a un Luis Molowny que ni siquiera es titular. El cuarto puesto final y la honrilla de poder presumir de no haber perdido con Uruguay (a la postre campeón) empieza a dar forma a la genial idea de que no contar con jugadores merengues siempre es una buena opción.

Hay que esperar catorce años para que los nuestros tengan otra actuación destacable. 1964. Eurocopa en casa frente a los “peligrosos comunistas” soviéticos. Se utiliza un combinado muy variado con mayoría de jugadores barcelonistas, hasta cuatro, seguidos por los tres del Zaragoza. El Real Madrid tan solo aporta dos. Resultado: campeones de Europa y Ferran Olivella (muy catalán y mucho catalán) es quien alza el primer título de la Selección.

Veinte años de travesía en el desierto para llegar a otra final, la de la Eurocopa 1984. De nuevo un combinado ecléctico, con cuatro jugadores del Barça, cuatro del Athletic de Bilbao (campeón de liga y copa ese año) y cuatro del Madrid, amén de jugadores de hasta otros siete equipos, para llegar hasta un subcampeonato europeo. Se puede decir que es la mejor actuación madridista en la Selección, si consideramos esa “mayoría” de jugadores blancos ex aequo.

Otra larga espera, de casi 24 años, hasta que El Sabio de Hortaleza, probablemente conocedor de esta estadística, apuesta por una convocatoria variada que incluya al menor número de madridistas posible: apenas dos, los indiscutibles (por entonces) Casillas y Sergio Ramos. Junto a ellos, tres del Barça, tres del Liverpool, tres del Villarreal, tres del Valencia… Y con poca representación merengue, oh sorpresa, se vuelve a levantar un nuevo trofeo.

Apenas dos años más tarde, aumenta la presencia madridista hasta cinco jugadores. Solo el pasado merengue de Del Bosque puede explicar la inclusión de Arbeloa en esa lista. Por suerte, el mejor Barça de la historia es la base de la Selección con hasta siete jugadores claves para alzar la primera y, probablemente, última bola dorada. Mantener la misma proporción en la Eurocopa 2012 tiene consecuencias similares: un nuevo título.

Puede parecer todo una casualidad y/o coincidencias del fútbol. Pero se le puede dar una nueva vuelta de tuerca a este análisis desde otra óptica: la historia del Real Madrid, plagada de títulos nacionales e internacionales puede resumirse, principalmente en cuatro etapas que llevan al Madrid a convertirse en la base de la Selección. Analicemos, pues, las actuaciones de La Roja en dichas épocas. 

1955-1960: la del Madrid de Di Stéfano y sus cinco entorchados europeos. España ni se clasifica para el Mundial 58 y se retira de la Eurocopa 1960 por motivos políticos.

1985-1990: la de La Quinta del Buitre con sus UEFAs y su eterna deuda con la Copa de Europa. La mayoría madridista en las convocatorias de los Mundiales de México 86 e Italia 90 así como para la Eurocopa de Alemania en 1988 tiene las consecuencias previstas: apenas unos “dignos” cuartos de final en 1986, seguidos de ridículos en las otras dos competiciones.

1998-2002: la de las tres inexplicables Champions de Karembeu, Salgado e Iván Campo. El algoritmo no falla: época de gloria madridista… fiascos de la Selección. Eliminados en la fase de grupos en Francia 98, en cuartos en la Eurocopa, y en cuartos en el Mundial, contra Corea. Con Fernando Hierro de titular. Más culpa tuvo el nacionalmadridismo en aquella eliminación que el propio Al Ghandour.

2014-2018. Las recientes cuatro Champions entre Ancelotti y Zidane coinciden en el tiempo con eliminaciones catastróficas en primera ronda (Brasil 2014), y los fiascos en octavos de la Eurocopa 2016 ante una Italia de Hacendado o la sonrojante derrota ante Rusia en el pasado Mundial.

Bonus: 1966. La maldición blanca se puede extender incluso a la capacidad de destruir un equipo campeón: tras alzarse España con el título europeo en 1964, el Madrid ye-yé gana la Copa de Europa de 1966. La Selección vuelve a vestirse de blanco. Mayoría madridista. No se podía saber: nefasta actuación en el Mundial de Inglaterra cogiendo el avión de vuelta a casa tras la primera fase.

Así que, ante unos datos tan evidentes, hay que ser optimista: la ausencia de jugadores del Madrid en la convocatoria nacional, sumada a las malas actuaciones blancas en el último trienio, nos indican que estamos a las puertas de jugar nuestra quinta final europea. Incluso de desempatar con Alemania como país con más entorchados.

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