En esta temporada en la que los más grandes clubes de Europa han hecho público su desafío a la UEFA en forma de Superliga y han subido un escalón en el proceso de mercantilización del fútbol, ha llamado la atención el éxito de un club discreto que, sin salir del marco de la industria del fútbol, lleva más de una década en crecimiento y que aspira a consolidarse en la élite del fútbol español y a competir en Europa con todas las garantías. La Real Sociedad ha cerrado la temporada con el título de Copa y una quinta plaza en La Liga que le da un nuevo billete para la Europa League. Además, el filial ha logrado el ascenso a Segunda División y la Real Sociedad C el ascenso a la 2a RFEF, a lo que se suma el probable cuarto puesto de la Real Sociedad femenina en la Liga Iberdrola, la mejor clasificación de su historia. Unos resultados que respaldan el proyecto, basado en la cantera y en el arraigo en la sociedad guipuzcoana, iniciado por la actual directiva hace doce años.

El consejo de administración presidido por Jokin Aperribay asumió el mando de la Real Sociedad el 20 de diciembre de 2008, después de una junta de accionistas muy bronca en la que fueron increpados por un sector del público y necesitaron de la protección de la Ertzaintza para salir del recinto. Era el resultado del ambiente crispado tras varios años de una gestión desastrosa que habían dejado al club al borde de la desaparición. El anterior presidente, Iñaki Badiola, había tenido suficiente con un discurso simple, basado en la ruptura con todo lo anterior y en muchas promesas que nunca se concretaron, para ganarse la confianza de la mayoría de los accionistas. En ese contexto, la presentación de una moción de censura por parte del proyecto liderado por Aperribay fue vista por un sector de la afición como una vuelta atrás, una maniobra para recuperar el control del club por los mismos sectores de la sociedad guipuzcoana que lo habían llevado al desastre. La mayoría de los accionistas, por el contrario, dieron su apoyo a la moción, confiando en que la nueva directiva podría traer la estabilidad institucional que tanta falta hacía y recuperar unos valores que siempre habían dado resultados.

En ese momento la Real Sociedad disputaba su segunda temporada consecutiva en la división de plata, lastrado por una enorme deuda financiera e inmerso en un concurso de acreedores que obligaban a dejar el objetivo del ascenso a Primera en un segundo plano. “Toca hablar de economía”, fueron las palabras de Aperribay en su primera rueda de prensa como presidente.

Sin dinero para invertir en refuerzos y obligados a reducir la masa salarial de la plantilla, fue fundamental el compromiso de toda una generación de futbolistas salidos de Zubieta. Los Labaka, Ansotegi, Aranburu o Xabi Prieto renunciaron a ofertas más interesantes de clubes de Primera División por seguir defendiendo a la Real, en un momento en que ni siquiera sus salarios estaban garantizados. Al término de aquella segunda temporada, con el equipo lejos de los puestos de ascenso y la incertidumbre extendida entre la plantilla, Xabi Prieto aseguró al presidente que seguiría en el club la temporada siguiente y que cambiaría el dorsal 24 por el icónico número 10. Un gesto simbólico que demostraba su compromiso y que marcó el punto de inflexión después de unos años de mucha inestabilidad. Doce meses más tarde, esa generación de veteranos, junto a los jóvenes Carlos Martínez, Mikel González, Elustondo, Agirretxe, Zurutuza, Markel Bergara o la penúltima joya de Zubieta, Antoine Griezmann, unidos al compromiso de los foráneos Bravo, De la Bella, Rivas o Carlos Bueno, devolvieron a la Real a la Primera División y se quitaron la pesada carga del descenso.

Con el equipo en la máxima categoría, sorteado el riesgo de desaparición, la directiva demostró que la apuesta por la cantera era decidida. La dirección deportiva, en manos de Loren, siguió confiando en esa generación de canteranos y los buenos resultados deportivos ayudaron también a acelerar la recuperación económica. En la temporada 12-13 la Real logró clasificarse para la Champions League, lo que garantizaba importantes ingresos extraordinarios y aumentaba el valor de los jugadores. Ese mismo verano el Real Madrid pagó 32 millones por Asier Illarramendi, un año más tarde el Atlético de Madrid pagaba otros 30 millones por Griezmann y el Barcelona 12 por el portero Claudio Bravo. La Real Sociedad daba por cerrado el concurso de acreedores y se permitía pensar en proyectos más ambiciosos a medio y largo plazo.

La directiva tenía claro que debían aumentar el presupuesto anual hasta situarlo al nivel de los clubes del segundo escalafón en La Liga, esos que se sitúan por debajo de Real Madrid y Barcelona y pelean, temporada tras temporada, por entrar en Europa. Eso pasaba por aumentar los ingresos ordinarios del club sin necesitad de desprenderse de los mejores jugadores y, en el caso de la Real, la mejor opción era la remodelación del estadio de Anoeta; aumentar su capacidad hasta los 40.000 espectadores y cumplir un deseo extendido entre la afición: desprenderse de las pistas de atletismo y acercar el aliento del público al césped, para recuperar el espíritu del viejo Atotxa.

Las negociaciones con la Diputación, Ayuntamiento y Gobierno Vasco habían empezado años atrás, pero las prisas por sacar adelante el proyecto retrasaron el inicio de las obras hasta el verano de 2017. Dos años más tarde la Real Sociedad estrenaba el renovado Reale Arena, el octavo estadio con más capacidad de La Liga.

El otro pilar del club pasaba por reforzar las instalaciones de Zubieta y convertirlas en una de las mejores canteras de Europa. Un proceso que se había iniciado en 2004 cuando, siendo Roberto Olabe director deportivo, se modernizó la metodología de entrenamiento, se renovó el organigrama de entrenadores y se ampliaron a siete los campos disponibles. Con Loren al frente del área deportiva se mantuvo el criterio de priorizar las cualidades técnicas de los futbolistas, buscando un jugador con habilidad y buen toque de balón. Todo ese trabajo debía culminar en el primer equipo de la Real, para el que se abrían de par en par las puertas a los jugadores de la cantera. Así se entiende el progresivo salto de Illarramendi o Iñigo Martínez en 2011, Rubén Pardo en 2012, Aritz Elustondo en 2015, Mikel Oyarzabal un año después, Odriozola o Zubeldia en 2017, Barrenetxea en 2019 o Zubimendi en 2020.

Para el equipo femenino se siguieron los mismos criterios. La sección se había creado en 2004 y logró el ascenso a Primera dos años más tarde. Desde entonces no ha descendido y la apuesta por la cantera ha permitido el debut de jugadoras actualmente internacionales como Irene Paredes, Mariasun Quiñones, Nahikari Garcia o Nerea Eizagirre. En las últimas temporadas el equipo ha terminado siempre en la primera mitad de la tabla y en 2019 se consagró con el título de la Copa de la Reina, primer trofeo importante para el fútbol femenino guipuzcoano desde los años dorados del Añorga.

Esos mismos criterios han servido también para seleccionar a los entrenadores del primer equipo. Se prescindió de Martín Lasarte una vez que el equipo se había asentado en Primera División y se apostó por un entrenador con un estilo más ofensivo, el francés Montanier. Después, todos los entrenadores que se han sentado en el banquillo de Anoeta han seguido el mismo perfil. Jagoba Arrasate, el escocés David Moyes, Eusebio, Asier Garitano y el que ha liderado el definitivo salto de la Real, Imanol Alguacil.

Con la vuelta de Olabe a la dirección deportiva e Imanol al frente del primer equipo, la Real encontró la llave para dar un nuevo salto. Ahora el crecimiento del club pasa por tener la capacidad de retener a los mejores jugadores ofreciéndoles salarios competitivos y un proyecto deportivo lo suficientemente atractivo como para hacer posible esa frase de Xabi Prieto que resume el sentimiento de toda una provincia: “Desde pequeño mi sueño no era ser futbolista, era jugar en la Real. No hace falta irse fuera para tener todo lo que necesitas. Ojalá, en un futuro, la gente que sale de aquí apueste por quedarse en nuestro club y hacer una carrera como la mía”.

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