El Atleti es escribirlo siempre con mayúscula. Es vivir dentro de una letra de Robe o tararear una canción de Rosendo, de las suyas, sin estribillo. Es Ad augusta per angusta.

El Atleti es ver los partidos de pie, pateando taburetes o sentirlos en un parking imaginando goles y paradas imposibles para luego inmortalizar en la Deporteca.

El Atleti es un quite por chicuelinas de José Tomás, descalzo bajo la lluvia. Emocionante, profundo, eterno, verdadero, que se disfruta y sufre al tiempo.

Es mantener vivas las mariposas en el estómago de tu padre. Esas que nacieron cuando pisó por primera vez el estadio Metropolitano y que te transmitió llevándote al Calderón de la mano. Es perpetuar ese sentimiento con tus hijos de nuevo, y que descubran esa atmósfera indeleble pese a las mudanzas. El Atleti es mantener el orgullo y la pertenencia hasta la siguiente generación. Mariposas infinitas, frente a los también inmortales capullos, con su condescendencia indecente.

El Atleti es empatía con el débil y batalla cruenta con el poderoso, es luchar contra lo establecido. El Atleti son los callos, los minutejos, el Madrid del Rastro, de tomar siempre la penúltima y de honrar al forastero.

El Atleti es un banco de peces de ciudad resistiendo en un río que mengua, pero que no muere.  Es un acorde de Varona, una definición de Sosa, una reflexión de Ennio o un exabrupto de Cantelar. Es un contubernio inexplicable de almas únicas y variopintas, es un césped de cien años. Es Jero lanzando un crochet de sueños y realidad, con la narración de Lera.

El Atleti es un color, el rojiblanco. Lo bautizó el que era sólo el padre de Lolo y que desde entonces pasó a ser el de todos.

El Atleti es un corazón de gomaespuma; tierno, solidario y divertido. Es una esquina de flores sin recalificar. Es ganar una liga a mordiscos con el puntín.

El Atleti es ir de frente, es ganar en Twitter el oro por equipos en Hidratación Sincronizada, junto a los desconocidos que mejor conocemos. Es aplastar con ironía y talento.

Es acabar exhausto tras un partido sin moverse del sofá, es sucumbir a las supersticiones más absurdas y encima razonarlas. Es no consumir el pienso del rebaño.

Este equipo es todo eso, pero por encima hay algo que no se puede olvidar y que siempre nos ha hecho únicos: el Atleti somos nosotros y por uno de los nuestros morimos. Me da igual que sean jugadores, entrenadores, delegados, trabajadores del club, pilotos del ejército, niños en Mali o cedidos sin minutos.

Hay personas que pasan por el club, a veces incluso muchos años, pero el club no pasa por ellos. Los del Atleti sabemos a quienes se les queda clavado el escudo en el corazón, sin importar el tiempo que hayan tardado en inocular ese veneno maravilloso.

Simplemente sabemos quién es uno di noi y también que lo será siempre. Siga en el equipo o esté en cualquier torre, villa, costa, ría o pirámide; viva en Chequia, Portugal, Argentina, Uruguay o perviva en el tercer anfiteatro.

Todos ganamos y todos perdemos. Y al que se le ocurra tocar a alguno, que se prepare.

Ojalá que muchos no me entiendan, sería buena señal.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here