Los jugadores del Chelsea sonrientes, orgullosos, levantan la copa que les proclama campeones de la Champions League. Muy cerca de allí un hombre cabizbajo acaba de recibir la medalla de subcampeón; la mira y acto seguido la besa respetuosamente. Es el entrenador del equipo perdedor, Pep Guardiola. Un gesto que le honra y demuestra que ama el fútbol por encima de todo.

Lástima que después de ese gesto tan aplaudido hiciera unas declaraciones un tanto “enigmáticas”. «Me podéis matar porque he jugado sin medio defensivo». Eureka, Pep. Has mandado un mensaje a los entrenadores de la próxima final de la Champions para que hagan lo contrario de lo que tú hiciste. Te recuerdo que Tuchel, el entrenador del equipo campeón, sí jugó con un medio defensivo, Kanté, según Makelele el mejor del mundo en ese puesto. Y lo demostró ampliamente.

Pep, eres un magnífico entrenador y una persona muy inteligente, y por eso no puedes insultar la inteligencia del mundo del fútbol con una “simpleza táctica” de ese calibre. Perdiste la final porque te “arrolló” un equipo que puso en práctica un fútbol muy físico que se caracteriza por la alta intensidad en todas las acciones. Un fútbol que ha venido para quedarse. Jugadores muy veloces que “vuelan” en las contras; futbolistas muy resistentes que te cerraron los espacios por dentro y en los costados, capaces de recorrer distancias de entre 12 y 14 km. Un fútbol en el que tú no crees. Sigues anclado en el fútbol control, en posesiones eternas y posicionamientos muy rígidos. Muchas de las veces que tus jugadores encuentran espacio en el balcón del área, los contrarios (cada vez más veloces y más potentes) abortan esas oportunidades. Pep, debes afrontar lo ocurrido y adaptarte a esta realidad física del fútbol. De otro modo, me temo que no será la última medalla de subcampeón que colgará de tu cuello. Renovarse o morir.

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