¿Es procedente preguntar a Aymeric Laporte, nacionalizado de urgencia, si se siente español? Lo es. Lo sorprendente no es la pregunta, sino que el futbolista no tuviera preparada la respuesta. Yo le hubiera sugerido esta: “Prefiero hablar de compromisos que de sentimientos, y te garantizo (siempre funciona lo de tutear al periodista) que me siento tan comprometido con la Selección como cualquier otro jugador del equipo”. Aquí se habría zanjado la cuestión. O quizá no…

Hay quien se tomó la pregunta como una violación de la intimidad del futbolista, como si se le hubiera preguntado por sus inclinaciones sexuales o por sus convicciones políticas. Hubo quien habló, incluso, de acto de “violencia”… ¿Acaso no se puede preguntar a un futbolista por sus sentimientos hacia el país que representa? Otra cosa es que sea incómodo, dado que Laporte es francés y estaba en las prelistas de Francia para la Eurocopa.

La pregunta, formulada por Fernando Burgos, no pone en duda la integridad del futbolista sino del sistema. No tiene ningún sentido nacionalizar a un futbolista francés a pocas semanas del campeonato. No se entiende que lo pida el seleccionador, que lo apruebe la Federación y que lo ratifique el gobierno. ¿No hay centrales en España? ¿Tan poca imaginación tiene Luis Enrique que ante la ausencia de Íñigo Martínez sólo se le ocurre nacionalizar a Laporte? El desprecio es mayúsculo hacia todos los jugadores que hubieran podido ser seleccionables en ese puesto, como lo fue en su día la nacionalización de Diego Costa (por no entrar en las nacionalizaciones políticas de hace 60 años). No se trata de poner barreras a los extranjeros, sino de evitar reclutamientos urgentes y patéticos, trampas legales que van en contra del espíritu de la competición. Lo que se discute aquí, y habría que discutirlo más, no es la legalidad sino la moralidad, y desde la moralidad se llega a los sentimientos.

Y si no renegamos de los sentimientos en el fútbol de clubes, no veo porque debemos hacerlo en el fútbol de selecciones. No era una pregunta malvada la de Fernando Burgos. Es, en esencia, la misma que le hizo Iñaki Gabilondo a Xabi Alonso cuando jugaba en el Madrid. Ante la pregunta de si se sentía madridista, Xabi no se ofendió, ni vio violada su intimidad: “Soy de la Real, sigo siendo socio igual que toda mi familia. Pero el madridismo te capta, en engancha, tengo orgullo de club. No soy madridista de cuna, soy adoptado”. No hace falta más.  

Si lo que hay son ganas de escandalizarse, propongo que nos indignemos por la crispación que genera Luis Enrique, o por la ausencia de Iñaki Williams, o por la sumisión general ante el Mundial de Qatar (6.500 fallecidos desde que comenzaron las obras)… Pero indignarse por una simple pregunta es poner el listón demasiado bajo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here