En partidos como el del empate con Suecia recuerdas más que nunca que ningún futbolista español es un fuera de serie. Entiéndanme: en La Roja faltó un Messi, un Cristiano, un Mbappé, hasta un Benzema si bajamos un peldaño. ¿Quién rompe una defensa espectacular como la sueca? ¿Quién es el punto diferencial que mete el crochet en el área? Si Morata no ve red y a Gerard Moreno se la paran a tres metros, pues lo más normal es empatar a cero. Esto, cuidadito, si Isak y compañía tienen a bien fallar en boca de gol las dos que se les presentaron. Pero, vayamos al núcleo de la cuestión: España derrochó bravura, hambre, compromiso, presión… Todos los adjetivos que rondan la testosterona se pusieron en La Cartuja. Otra cosa es que si no entra el balón por bemoles, habrá que buscar soluciones más creativas, y aquí tenemos que hablarlo.

Creo que necesitamos más pausa. Exactamente la que pusieron Pedri y luego Thiago en el tramo final. Triangular, ir de lado a lado, buscar el pase interior, menos correr y más pensar. España saltó a la Eurocopa como toro desbocado, lo que es muy vistoso, se aplaude y acelera el pulso. Pero el buen fútbol tiene una velocidad en cada momento y en cada jugada. Es ahí donde nos falta un genio, ese futbolista de aplomo que da partidos. Y si no existe, habrá que inventarlo en la pizarra, o sacarlo de la nevera de Luis Enrique. El seleccionador puede estar feliz por la sudada de sus muchachos, pero hace falta un poquito de arte, de inteligencia, ese pellizco de gracia que en otro tiempo daban nuestros internacionales campeones que ahora no toca mencionar.

Suecia hizo poquito, casi nada, se lleva un punto y nos da un disgusto. Conviene no cegarse con el derroche de España y buscar razones tácticas y técnicas de este 0-0 tan injusto como mosqueante. Saquemos el catálogo para buscar algo que sea diferente a presionar, correr, volvernos locos y ponerla por arriba a ver si remata Morata. En la lista de La Roja hay material para moverla con fantasía, para buscar el uno contra uno, la pared en la frontal y esas pequeñas cosas que vemos en jugadores de equipos grandes y que nos levantan de los asientos. Hay tiempo para reflexionar después de este pequeño chasco.

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