Ahora es fácil hacer demagogia: que si deberían ir los chicos a la Eurocopa, que no nos perdemos nada, que la ilusión también cuenta, que este seleccionador viste como debe. Lo que no es fácil es golear a la selección absoluta de Lituania recién llegados de vacaciones, por mucho que los lituanos anden perdidos en el ranking FIFA (puesto 134, por detrás de Togo y por delante de San Cristóbal y Nieves). Tampoco es sencillo arrancar como si te fuera la vida en ello, asumir desde el primer segundo lo que tenía el partido de rareza histórica. No es cosa normal mantener la cabeza centrada cuando se tienen 20 años y se vuelve de Ibiza, o de Mikonos, con el verano por delante y cuando el futuro todavía no ha enseñado las garras.

Doy por hecho que el seleccionador Luis de la Fuente se explicó bien. Debió hacer hincapié en que hoy todos eran internacionales absolutos, representantes de un país y de una selección en cuarentena, salvadores de la Federación y látigo de quienes se resisten a vacunar a los futbolistas que juegan por España. Vamos, que a los tres minutos marcó Hugo Guillamón.

Desde ese mismo momento dejamos de considerar la edad como un factor de riesgo y disfrutamos del juego de una selección que se divierte a partir el orden. Es inevitable hacer comparaciones con el equipo A, demasiado serio, muy rígido, tan tensionado como lo estaría cualquier que tuviera a Luis Enrique como jefe. Es muy probable que los mayores también hubieran goleado a Lituania, tan castigada por la energía de los chavales como por el calor pirolítico que hacía en Leganés. Nunca lo sabremos. Lo importante es que si la selección sub-21 tuviera que representarnos en el torneo que viene seríamos igual de felices y probablemente más. Tanta es la necesidad que tenemos de ilusionarnos, de liberarnos del ruido y de los prejuicios. No hay nada más maravilloso que contar con un equipo que no dispara contra ti. Brahim hizo el segundo gol como si fuera fácil, como si las porterías fueran gigantes. Abel Ruiz falló un penalti que no volverá a fallar nunca y el equipo prosiguió como si tal cosa, feliz, confiado y seguramente orgulloso. Miranda marcó de falta y Puado con el sello de la casa, de la suya.

En resumen, no pasa nada si pasa todo.  

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here