Para hablar con Laia Palau (Barcelona, 1979), capitana y referente del baloncesto femenino español, hay que marcar un número que te pasan minutos antes. Son las circunstancias que impone la pandemia mundial. Al otro lado te recibe una voz dicharachera y entusiasta que disfruta hablando de baloncesto y que no rehúye temas más sociales. Después de 300 partidos con España, un porrón de medallas y 27 años dirigiendo a sus equipos en el parquet, Laia es consciente de que encara sus últimos bailes sobre la cancha: «El baloncesto siempre va a estar presente en mi vida, lo que no sé todavía es desde qué posición». Acaba de iniciar su décimo Europeo y a la vuelta de la esquina están los Juegos Olímpicos de Tokio. Y ha renovado una temporada más en Girona. Laia tiene cuerda para rato.

A sus 41 años ha renovado un año más con su club, el Spar Girona, y está otro verano más con la Selección. Igual alguna piensa que no se libran de usted ni con agua caliente

—Espero que no tengan esa necesidad de quitarme de en medio (risas). Pero bueno, ahora hablando en serio, los cambios en la vida siempre cuesta aceptarlos y esa es una lección que tenemos pendiente como sociedad. Sé que lo que hago me gusta, me sigue valiendo. Llevo muchos años en la Selección y es algo que siento muy mío. No lo considero único, es algo de todos, pero mientras el entrenador y la federación cuenten conmigo, les valga lo que yo hago y a mí me apetezca… pues aquí sigo. Aunque entiendo que esto es ley de vida y que yo también me voy a ir, en breve, y que va a haber cambios. Nadie es imprescindible.

¿Cuál es su rol dentro de esta Selección?

—Creo que ejerzo más de puertas hacia fuera que de puertas hacia dentro. Tengo el discurso mejor estructurado de cara a los medios. No quiere decir que dentro de la Selección no cumpla con mi rol, pero soy poco de dar consejos y discursos, de dar la chapa. Hablo un montón y me encanta estar cerca de la gente. Más que consejos, lo que intento es mantener un intercambio de experiencias. Pero no voy diciendo a nadie haz esto porque es guay o porque a mí me ha funcionado. Otra cosa son las conductas o los valores que yo pueda considerar apropiados o importantes para este mundo, pero no soy nadie para imponer nada. Discursitos, poquitos. Prefiero predicar con el ejemplo: estar presente, estar con ganas e ilusión, tener 41 años y seguir así. Esa actitud ya te debe decir cosas.

¿Es más de contar batallitas?

—Sí, eso sí. Ultimamente me estoy dando cuenta de que sí. Y además con los años las voy adornando más. Pero creo que esto es algo muy humano, ¿no? Ahí están los cuentacuentos, los trovadores, así también se transmiten conocimientos. Yo soy de escoger las más picantonas y las aderezo un poco para que queden más emocionantes.

¿Tienes la sensación de que le estás ganando la partida al tiempo?

—Obviamente. Nunca en la vida hubiera pensado que a estas alturas estaría jugando. En realidad no pensaba nada, nunca he pensado mucho, no he tenido unas expectativas de futuro muy grandes. Yo iba haciendo mi camino y me iba encontrando las cosas. Esto acaba siendo el secreto diario para todo. A mí me ha funcionado así, ir casi entrenamiento a entrenamiento, pensando en el siguiente partido y ya. Luego habéis sido vosotros los periodistas los que me ponéis en el sitio, me decís las estadísticas, los récords, el número de partidos jugados. Yo me limito a vivir mi día a día. Sobre esa sensación de estar ganándole tiempo al tiempo lo que te puedo decir es que todos somos dueños de nuestro tiempo y podemos hacer con él lo que queramos. A mí me ha salido hacer esto, pero también pienso que se va a acabar. Lo que tengo claro es que no pasará nada ese día.

¿Todavía consigue imponer su música en el vestuario?

—No, ahí sí que ya no consigo imponer nada. Pero seamos claros, todas las cosas tienen una caducidad y lo que ha funcionando para un tiempo no tiene por qué funcionar siempre. Hay que buscar nuevas fórmulas para encontrar la complicidad y los sentimientos que se generan a través de los partidos. Muchas veces la música los potencia y ahí está la gracia. Tenemos unos debates de la leche para ver qué canción utilizamos, cuál cogemos como talismán. La diversidad de gustos no tiene tanto que ver con la juventud. Es cierto que los jóvenes vienen pegando muy fuerte con el reggeaton o el trap, pero también los hay que prefieren otras cosas. Hay alguna más descarriada que propone cada canción que solo nos sale abuchearla en el grupo de whatsapp. Al final te sorprenderías. Muchas de las canciones que salen son clásicos de toda la vida, lo que no quita para que alguna no sepa que Seguridad Social es un grupo de música.

«Se está trabajando por ese cambio social, en busca de la igualdad de la mujer y el deporte está poniendo su granito de arena»

Las mujeres en general y las deportistas en particular siempre aseguráis que todavía queda mucho por hacer para igualar las condiciones de hombres y mujeres en el deporte. ¿La siguiente generación logrará esa igualdad?

—¡Uff! Ojalá. Sí que estoy viendo que se está trabajando por ese cambio social. Veo un cierto empeño de todo el mundo, no solo del mundo del deporte. Es algo que concierne a toda la sociedad. Se trata de tener una mirada social diferente. Ojalá este impulso se mantenga en el tiempo. Lo noto en las entrevistas, cuando hablo con vosotros y queréis saber cosas por las que antes ni se preguntaba, por el papel de la mujer, por ser referentes para las futuras generaciones… Está bien que se aborden estos temas, por la información empieza todo. Siempre pienso que el deporte es un gran escaparate para enseñar referentes y mostrar valores y en ese sentido somos un poco abanderadas o portadoras de ese mensaje. En el caso de la Federación Española de Baloncesto, a nivel de trato, de premios, de promoción, de viajes… nos hemos igualado con los chicos. Y esto ya es mucho. También es cierto que a nivel de clubes la situación no está así ni por asomo, porque las estructuras son precarias en muchas cosas. Lo que sí hay es una voluntad de avanzar, eso sí lo he observado, un interés por limar esas diferencias. Yo siempre lo digo: no necesito estar en un hotel de cinco estrellas solo porque los chicos vayan a uno de cinco estrellas. No quiero meterme en otros charcos pero es un poco lo que ocurre en el fútbol femenino… La estructura del fútbol femenino no es la misma, tienen que crecer a su ritmo, necesitan otra misión, otro recorrido, un crecimiento más orgánico. ¿En serio vas a poner a estas chicas al nivel de Messi? Y no me estoy refiriendo a su nivel deportivo. Al final todo el mundo debe aceptar lo que tiene, dónde está y la dirección hacia dónde dirigirse. No tengo tan claro que lo que haya que hacer sea saltarse pasos porque al final estamos repitiendo patrones y quizá así sea más difícil conseguir ese cambio del que hablábamos antes. Si repetimos patrones, también repetiremos errores.

En el baloncesto se han hecho las cosas mejor, el crecimiento ha sido más natural

—Yo se lo digo a las más jóvenes, a las chicas de 20-22 años: no os penséis que esto ha sido siempre así, los hoteles de cinco estrellas, los viajes en aviones súper cómodos o la alimentación controlada hasta el milímetro que nos dan ahora no lo hemos tenido siempre. De hecho esto nunca ha sido así, creo que es el primer año de mi vida en el que me encuentro con tantas comodidades. Y lo agradezco, claro que lo agradezco, pero se lo hago saber para que entiendan lo que ha costado llegar hasta aquí. Es algo que me hace sentir orgullosa porque lo hemos ido construyendo durante todo este tiempo y también me hace sentir que soy una privilegiada, porque he conocido otras épocas.

¿Cree que los éxitos del baloncesto masculino también han ayudado al crecimiento del femenino?

—El baloncesto es el deporte con más licencias. Y la cantera española siempre arrasa y eso que en chicos hay mucha más competencia que en mujeres y no ganan tantas medallas como nosotras. Pero luego en categoría absoluta ellos tienen dos Mundiales y nosotras no. Aunque para mí ese no es el debate. A mí no me importa ganar a los chicos en número de medallas, no es para nada mi motivación. De hecho cuanto mejor vayan ellos, mejor irán ellas. Mira, por ejemplo, yo estoy harta de que me comparen con Pau Gasol. En plan Laia tiene más medallas que Pau. Y a mí qué, pienso. ¿Tú sabes qué trayectoria tiene Pau?, ¿sabes cuál es la mía? Cada uno ha ido haciendo su camino, ¡pero cómo te vas a comparar con un tipo que ha ganado dos anillos…! Al menos yo tengo una Euroliga y él no (ríe). ¿Sabes qué es lo importante de verdad? Que los dos nos hemos consagrado en cuerpo y alma al baloncesto.

Imagino que habrás sido la referente de alguna de tus compañeras en la Selección…

—Pues me estoy dando cuenta ahora, a través de las entrevistas que nos hace el departamento de prensa de la Selección. Cuando me han juntado con otras compañeras y les han preguntado por sus referentes varias que han dicho mi nombre. Te das cuenta entonces de que ellas han crecido viendo a la Selección jugar… y ganar, con lo que tiene eso de multiplicador. Te reconozco que no era consciente hasta ahora, no estoy en redes sociales ni nada y vivo bastante ajena de lo que le gusta a la gente, de lo que se habla, de lo que ven o dejan de ver. Al final yo voy a entrenar, hago mi trabajo y me vuelvo a casa. Es cuando coincido con ellas en concentraciones como esta donde me doy cuenta del trayecto que hemos recorrido.

—¿Y qué es lo primero que se te pasa por la cabeza, te ruborizan esos comentarios?

—Bastante, sí, sí. Me da cosa. De primeras pensaba, ‘pero chica si estamos aquí en el mismo barco, ¿qué me estas contando?’. Al principio me daba una vergüenza terrible, porque yo las veía de igual a igual y además yo he sido muy poco de idolatrar. A mí me inspira la gente, que quede claro, me gustan las grandes personalidades, y también me fijo en mis compañeras, pero no solo en aspectos baloncestísticos, también en su forma de ser, en gestos, en su forma de comportarse, en cómo hacen una cosa u otra, me fijo en esos pequeños detalles. Pero repito que nunca he sido super fan de nadie, yo de eso poquito.

«yo tenía un póster de Jordan en mi habitación pero tengo más recuerdos del joventut de los hermanos jofresa»

¿Entonces creciste sin referentes, sin nadie a quién querer parecerte?

—Pues supongo que sí. Es que cuando yo era una niña no había ni redes sociales, ni internet y el baloncesto femenino apenas tenía cabida en los medios. No había información de nada. Yo me he ido apasionado con el baloncesto mientras iba jugando. Y ha sido aquí en la Selección donde de repente me he dado cuenta de esto. Al final yo he ido admirando a las rivales con las que me iba enfrentando y nos mojaban la oreja. En mi habitación de niña había un póster de Michael Jordan pero no tengo claro que lo tuviera como referente, al final era lo que nos llegaba de Estados Unidos, pero no era porque yo me quedara a ver sus partidos por la noche ni nada de eso, es que yo no soñaba con ir a la NBA. Supongo que soy un caso un poco particular. Casi tengo más recuerdos de ver al Joventut de los hermanos Jofresa, porque era algo más cercano, más a mano.

¿Tras 27 años de carrera la pasión y el amor por el baloncesto siguen intactos o hay que ir renovando votos?

—Me replanteo las cosas cada día. Te podría decir que cada día renuevo mis votos con el baloncesto y con la vida en general. Te reconozco que este año ha sido el que más dudas he tenido. Renové cuando acabó la temporada, tarde, más tarde de lo normal, porque ha sido un año complicado para todos. El Covid-19 ha hecho que todo sea más difícil, los sentimientos han estado a flor de piel, hemos tenido que poner un extra cada día y al final terminas agotado anímicamente. Ha sido un asunto más anímico que físico y eso me hacía plantearme si estaba cansada del basket. Me obligó a tomar un poco de distancia, a descansar algo más de la cuenta. Me preguntaba si me podía volver a comprometer, si era consciente del verano que tenía por delante, si me atrevía con ello, si iba a tener fuerzas… Repito era algo más mental que físico, aunque con 41 años tampoco voy muy sobrada de lo segundo.

¿El confinamiento te afectó mucho? ¿Echaste de menos el baloncesto?

—No, no, no. No llevé mal el confinamiento. Todo lo contrario. Afortunadamente yo no tuve problemas de salud, ni nadie de mi entorno cercano los padeció. Tampoco he tenido problemas económicos derivados de la pandemia, que creo que ha sido lo que más ha barrido la cabeza de la gente. Casi te diría que fue un regalo para mí, en el sentido de que yo no había parado tanto tiempo quieta en 25 años de carrera. Nunca había tenido la paz mental que alcancé en esos meses, seguía entrenando el físico en casa, pero esa sensación de no estrés y de no competir me vino bien. Lo aproveché para leer, me gusta mucho dibujar y eso hice, no tuve la sensación de aburrirme en ningún momento.

«Es que ha sido una mierda. Jugar en pabellones vacíos es muy triste»

¿Qué ha sido lo peor de esta temporada?

—Lo peor de estos meses ha sido ver a amigos, a conocidos, o al panadero o al frutero de tu barrio pasándolo mal, con esa incertidumbre, incluso con miedo de lo que iba a pasar. Eso nos ha afectado a todos, ha ido calando en todos nosotros. Espero que no nos acostumbremos a vivir con esta pesadumbre, que poco a poco vayamos recuperando nuestra vida. No esta vida sin abrazos, sin celebraciones, sin encuentros… al final uno termina encerrándose en uno mismo. Es que eso es tristísimo, es que hemos perdido hasta la sonrisa con las mascarillas, es que llevamos meses sin ver a la gente sonreír. Nosotras hemos sido unas privilegiadas, hemos podido seguir compitiendo, nos hemos hecho un montón de PCR, pero luego competíamos sin mascarillas, estábamos haciendo deporte. Eso comparado con la gente que ha estado encerrada o teletrabajando no tiene parangón. Pero todo eso también ha cambiado nuestra forma de relacionarnos.

No querías retirarte del baloncesto en una cancha vacía

—Es que ha sido una mierda. Si yo me he estado replanteando el hecho de seguir o no ha sido también por el público. El hecho de jugar sin público hace que todo sea más triste. Nosotras no esperábamos aforos de 10.000 personas porque no ha sido nunca el caso del baloncesto femenino, pero sí es necesario el público. En Girona, en los últimos años, sí que hemos conseguido arrastrar a una buena afición, tener un seguimiento social amplio. Es un público muy familiar y eso mola. Jugar sin todo eso se nota. Yo sigo haciendo mi trabajo, pero al final lo que ocurre redunda en tu ánimo e incluso en tu rendimiento. Es más triste y más difícil, porque un día en el que estás poco acertada el público te reanima y esas emociones se transmiten de la grada al parqué. También te digo que hemos ganado una Copa de la Reina en Valencia en un pabellón vacío. Si hubiera habido gente hubiera sido mucho más complicado con el público en contra. En los cuartos de Euroliga en Salamanca ellas pudieron meter espectadores y estábamos como descolocadas al volver a oír al público y encima público rival. Ha sido un año de adaptación a un sinfín de cosas.

«Cuando pospusieron los juegos me dije ‘bueno chica pues si no vas no pasa nada, ya has tenido la suerte de estar en varios»‘

¿Qué pensaste cuando se cancelaron los Juegos Olímpicos el verano pasado?

—De todo. Siempre me he tomado la Selección como un premio al final del año. Siempre he renovado mis votos con mi club pensando en que esos ocho meses de la temporada son los que me van a permitir jugar en verano, volver con la Selección. Es lo que permite estar en forma, al nivel, mantener ese ardor competitivo. Me dolió el aplazamiento de los Juegos, porque son algo muy particular, muy especial y diferente, pero he tenido la fortuna de estar en varios. Luego llegó esta temporada y una vez que estás en el baile, pues quieres bailar.

A pesar del año de retraso, Laia Palau estará en los Juegos.

—Sinceramente, y con todo lo que tenemos por delante en este verano, los Juegos todavía no los visionamos mucho. Están ahí, pero ahora en lo que estamos pensando es en el Europeo, intentar mejorar las cosas que estamos haciendo y seguir alcanzando el punto óptimo de forma. Cuando llegue el momento focalizaremos ese objetivo. Si para entonces estoy bien, me encuentro con ganas y puedo ayudar al equipo, pues allí estaré y lo gozaré. Tengo una mentalidad que me ha ido muy bien en los últimos años y es pensar que yo ya estoy de regalo aquí, que todo esto es un extra.

Hablemos del Europeo, que también se suma a la moda de las multisedes y en el que la Selección jugará la primera fase en Valencia.

—Este es el principal objetivo que tenemos ahora mismo. Toda nuestra preparación está encaminada a eso. Esta vez tenemos la experiencia del Mundial pasado en el que ya fuimos anfitrionas y eso nos servirá para saber gestionar la presión, saber lo que significa estar en casa. Es un plus de ilusión y un plus de presión. Tenemos mucho trabajo por delante y no solo en la pista. Esto también supone estar muy visible, hacer mucha promoción, actos con patrocinadores, etc. Ya sabemos de qué va todo eso también. La Federación se ha volcado en este Europeo y es algo increíble que en apenas tres años haya organizado un Mundial (2018) y un Europeo. Yo le digo a Jorge (Garbajosa) que si no se cansa de hacer cosas. Pero ahora en serio, lo que nos hemos encontrado en Valencia nada más llegar ha sido una ciudad espectacular y unas instalaciones muy buenas. Es una gran promoción para el baloncesto, para el deporte de este país y para la ciudad. Además, a mí Valencia me encanta, es como mi segunda ciudad.

El ciclo ganador de esta Selección sería digno de estudio…

—Estamos muy centradas y sabemos que jugamos en casa, que venimos de ganar los últimos Europeos. Se nos van exigir cosas, pero entiendo que somos un equipo sensato, quiero pensar que sabemos lo que es ir poco a poco. Somos muy conscientes del milagro que ocurre cada verano, no sé si la gente se da cuenta, pero nosotras sí sabemos lo que cuesta todo lo que conseguimos.

¿Cuál es ese milagro?

—Pues que salen las cosas y que ganamos. Ese es el milagro. Tú miras los rankings de favoritas y nunca estamos ahí arriba entre los primeros puestos. Este año nos han puesto cuartas, por ejemplo. Nadie nos da como favoritas y al final siempre mojamos, siempre nos colgamos una chapa. Alguna cosa hacemos bien, pero lo de los favoritismos a mí me da un poco igual. Yo no me daría tampoco como favorita, para mí las favoritísimas son las francesas, lo que pasa es que luego Francia siempre se caga. Tienen un equipazo impresionante. En la fase de preparación nos hemos enfrentado a ellas y nos han barrido. Nosotras lo hemos hablado en la concentración: siete de cada diez veces Francia nos va a ganar. Es así, sabemos la realidad y a partir de ahí jugamos nuestras cartas. Cuando nos enfrentamos a ellas en las fases finales y las ganamos se tienen que quedar desconcertadas. No creo que puedan explicarse esas derrotas, porque a veces no las entendemos ni nosotras.

Suena a cuestión de mentalidad.

—Total. Es que en realidad tienen mejor equipo y nosotras somos conscientes de ello, pero entonces activamos nuestro modo de supervivencia, salimos a la cancha con el culo apretao diciendo “¡ay Dios mío! ¡Ay Dios mío!” y empezamos a meter canastas. Y esa mentalidad, ese miedo que te activa frente a rivales superiores, te hace estar alerta en todo momento. Es una de nuestras claves. Al final salimos al 300%, pero hacemos lo mismo frente a Bulgaria o frente a Francia.

En baloncesto siempre se ha dicho que gana el mejor equipo, lo que no ocurre como en otros deportes, como por ejemplo el fútbol.

—Solo con mentalidad no es suficiente. Este año va a ser complicado porque estamos en plena reconstrucción. Creo que tenemos piezas de calidad y gente muy buena pero hay que saber dónde estamos. Cada año hay que reinventarse y somos muy conscientes de que en algún momento el ciclo va a acabar. No se puede estar siempre arriba, arriba, arriba. ¿Cuántos equipos se han mantenido tanto tiempo? Casi ninguno. En algún momento sabemos que habrá una caída, pero esperemos que no sea este año. Por eso vamos a pelear.

Estáis vacunadas como deportistas olímpicas para los próximos Juegos de Tokio. Pero eso también ha generado cierta polémica, entendiendo que era un privilegio con respecto al resto de la sociedad

—A ver, hay que tener en cuenta que si vas a montar un evento de esta envergadura, algunas medidas de prevención tienes que tomar. Lo que no se puede hacer es estar haciendo PCR cada dos por tres, que también nos los haremos, y controlando continuamente a 10.000 personas que van a estar viviendo en el mismo espacio, comiendo en el mismo comedor y moviéndose libremente por las instalaciones. No te puedes permitir que te entre un brote de Covid-19 en la villa y que los Juegos se puedan ir a tomar por saco, o que las pruebas se desvirtúen o que de repente en el atletismo no salgan cuatro en la carrera de 100 metros o que en el basket un equipo se quede sin cambios. Una de dos, o lo hacemos así con vacunas, o no lo hacemos. También entendería perfectamente que Japón dijera que no se hacen los Juegos, pero en una situación así hay que tomar decisiones y no pueden gustar a todos.

De alguna manera el deporte y Tokio 2021 se presentan como el gran examen para la sociedad ante el reto de volver a una cierta normalidad.

—Pues sí, ahí también tenemos que dar ejemplo, pero la presión para Japón tiene que ser terrible. Todos vamos a tener las miradas ahí puestas. Por eso entiendo las dudas por todos los lados. Hace tiempo que decidí que no iba a juzgar a nadie por cómo se tomara el tema del Covid-19, porque cada uno reacciona de una manera y no es algo fácil para nadie. Si unos Juegos Olímpicos ya son complicados de organizar imagínate en tiempos de pandemia.

Vayamos más allá. ¿Cómo imaginas el día después de la retirada?

—Pienso en esto todos los días. Tengo gente a mi lado que me ayuda profesionalmente para gestionar esas emociones, para entender cómo será ese día después de la retirada. Llevo tiempo ganado en ese sentido porque comencé con ese trabajo cuando pensaba que me iba a retirar por primera vez, aunque luego no lo hice. La ayuda profesional no me sirvió de mucho (ríe). Pero claro que lo pienso, con 41 años es lo normal, pero de momento tengo mis salidas, voy probando cosas, abriendo caminos en casa, en Girona, y por ahora me he dado un año más de margen.

¿Seguirá habiendo baloncesto ese día después?

—Pues no lo sé. Seguramente el basket siga formando parte de mi vida, voy a seguir vinculada pero no sé en qué posición o en qué lugar. Al final es mi mundo, es lo que yo conozco y es donde pienso que puedo aportar. Me gustaría poner mi bagaje y mi experiencia al servicio de la gente, poder compartirlo y con esa intención poder mejorar las cosas en el basket. Lo que no tengo claro es el formato, no sé si como entrenadora, como directora deportiva. No descarto probar un poco de todo porque soy muy inquieta, muy curiosa. Aunque también te reconozco que tengo días que pienso, nada de baloncesto, al menos durante un tiempo.

Y pasarte a este lado de la barrera, trabajar o colaborar en los medios, ¿te gustaría?

—Pues es un sector que me gusta muchísimo, me encanta. He hecho mis pinitos, he escrito algún artículo, alguna aparición en radio, cositas pequeñas. Comentar partidos y aportar a los espectadores lo que estoy viendo sobre la cancha también me gustaría. Aunque me parece que es un mundo muy particular y que tendría que conocerlo mejor.

*La entrevista se realizó antes de que se produjeran los casos de positivos en la concentración de la selección española. Ese es el motivo por el que no hay preguntas al respecto.

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