Hay condenas que parecen eternas. Nos lo explicó como nadie Juan José Campanella en esa obra maestra que es El secreto de sus ojos. Aquel “usted dijo perpetua” parecía una frase hecha a medida de Inglaterra cada vez que se cruzaba con Alemania en un terreno de juego. Era la condena que tenían que pagar los Pross por haber ganado ese Mundial en casa, aquel verano del 66, en un fútbol prehistórico, lejos de la tecnología que hoy nos rodea, con tres goles de Geoff Hurst, el último de ellos perfumado de polémica y fantasmas. ¿Entró o no entró? Desde entonces una y otra vez, los teutones les pasaron por encima. Así se fueron enhebrando la sentencia de Gary Lineker con las lágrimas de Gascoigne en Italia 90, hasta que la historia se dio la vuelta como un calcetín en Sudáfrica 2010 y aquel gol de Lampard, incomprensiblemente, no subió al marcador. Entre medias los bávaros habían profanado el corazón del imperio británico. Sucedió en la Eurocopa de 1996 cuando Alemania hizo descarrilar a los locales en semifinales. Aquel día Southgate falló el penalti definitivo. 25 años después se ha tomado cumplida venganza.

El hoy seleccionador inglés formó parte del once inicial aquel día, en un encuentro que resulto tan soso y anodino como el de hoy. Y eso que el partido amaneció goleador. A los 3 minutos Alan Shearer adelantó a los locales y poco después del cuarto de hora, Stefan Kuntz puso la igualada. El caso es que el duelo se terminó resolviendo en los penales tras una prórroga más intensa y entretenida de lo que había sido todo el encuentro. Llegado el momento de la verdad los lanzadores se mostraron infalibles anotando todos los lanzamientos hasta que Gareth Southgate inició su particular camino al cadalso. Tras fallar, Alemania lo tenía todo de cara para pasar a la final. Y la eficacia teutona volvió a salir a relucir en las botas de Andreas Möller que no erró la pena máxima. Southgate quedó señalado para siempre.

A buen seguro que el seleccionador habrá buceado en sus recuerdos antes de la contienda de hoy para exorcizar esos fantasmas y de paso acabar con un maleficio que no solo era cosa suya, sino de todo el país. Hoy como entonces, Inglaterra se consideraba capaz de eliminar al viejo enemigo, imbatible e imbatida en esta Eurocopa y liderada por una camada de jóvenes que en su mayoría no han sufrido en carne propia las decepciones y naufragios patrios. Todo lo contrario, ellos, los Sterling, Mason Mount, Sancho, Kane, Foden o Grealish, han crecido en la opulenta Premier League, cosechando triunfos de renombre en las categorías inferiores (como ese Campeonato del Mundo Sub-17), e incluso alguno de ellos lideran a los equipos que se han disputado las últimas Champions League.

Así que a nadie puede extrañar que pese a la igualdad del choque y el 0-0 durante más de 70 minutos, la contienda la terminaran decantando Grealish y Kane. Los Gascoigne y Shearer ingleses 25 años después. El Villano no fue de la partida y saltó al terreno de juego por un voluntarioso pero poco efectivo Buyako Saka. Cinco minutos necesitó Jack para agitar a todo el país. En la Selección no tiene todavía los galones que en su equipo, pero la empresa de hoy era para tipos atrevidos y talentosos, con cierta chulería como la que desprende el ‘7’ british. En cuanto merodeó por la corona del área abrió a la izquierda donde Shaw puso un centro medido para que Sterling abriera la lata.

El atacante del City es ya el máximo goleador de los Pross en este campeonato y sigue cumpliendo un sueño: el de golear en el estadio que vio reconstruir. El Raheem niño creció a apenas ocho kilómetros del vetusto Wembley, en su retina no hay imágenes de las dos míticas torres que coronaban el estadio, todas sus postales son con un arco surcando el cielo. Bajo ese arco ha gritado ya cuatro goles en otros tantos partidos.

Pero ante Alemania nada es suficiente. Había que rematar a un rival herido, que jadeaba e incluso sangraba por la herida, pero al que todavía le quedaba un arranque de orgullo. Fue el más alemán de cuantos jugadores reclutó Low para despedirse de la Mannschaft quien tuvo el empate en sus botas. Müller envió al limbo la ocasión más clara del partido cuando no supo encontrar la portería de Pickford.

Grealish, cual agente 007 al servicio de su Majestad no había terminado su trabajo. El mediapunta volvió a agitar su varita para acabar con otra sequía, la que hacía palidecer a Harry Kane. El 7 apareció por la banda izquierda tras una recuperación de Shaw y puso un centro al corazón del área que sonaba a Football’s coming home. El killer del Tottenham no desafinó para certificar la victoria inglesa. Con ese gol Kane empataba con Rooney como tercer goleador histórico en grandes torneos. Solo Shearer (9) y Lineker (10) aparecen por delante.

Mientras Alemania cerraba una etapa de 15 años, los supporters ingleses saboreaban la venganza y soñaban con volver a Wembley para jugar las semifinales. La final también la jugarían en la casa del fútbol y el cuadro les favorece. También los números. Al igual que en el 66 llegan a cuartos sin haber recibido un gol y con la pólvora a punto. La condena puede acabar antes de lo esperado.

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