Salida en tromba con 7/7 en los primeros tiros, dieciocho puntos de ventaja al descanso, control absoluto del rebote —único flotador del Madrid en el primer encuentro—, contundencia en defensa impidiendo cualquier atisbo de lanzamiento cómodo, impotencia merengue, Pau Gasol saludando a la grada, Mirotic engordando estadísticas por una vez no solo desde la línea de personal, Calathes dando la enésima clase de baloncesto… Desde el inicio, el partido parecía propicio para sustituir a la fábula de Sant Jordi y el dragón como la historia predilecta para contar en los colegios de Cataluña. En el primer tiempo muerto que Laso atinó a pedir en un vano intento de detener semejante vendaval, sus palabras resultaron elocuentes: “¿Hemos venido a asistir a este show?”. La pregunta, que buscaba una reacción orgullosa por parte de sus agotados muchachos, quedó suspendida en el aire, convertida en retórica.

La impotencia del Madrid frente a la manifiesta superioridad del Barcelona convirtió el encuentro en una sucesión de minutos de la basura: la serie había terminado con el asalto culé al Palacio. Mirotic destacó a base de lanzadas al cadáver enemigo, ansioso por obtener al fin protagonismo y optar al galardón de MVP en algún evento realmente especial. La contundencia con la que se golpeaba el pecho tras cada canasta constituía un mensaje más grande que su actuación y que el propio partido en sí, carente de demasiada historia. Se trataba de una reivindicación, de un gritarse a sí mismo “No soy Tomic” pese al fiasco de la temporada anterior y la dolorosa oportunidad perdida en la Final Four. Es posible que esta final ACB suponga un punto de inflexión, aunque el destierro de la fragilidad mental suele necesitar más recorrido. De cualquier modo, es un cambio de rumbo esperanzador para el montenegrino.

Por su parte el Madrid, errático y fundido, aguantó cariacontecido hasta el sonido de la bocina. Se avecina un verano largo, porque el indiscutible mérito de haber competido a pesar de tanto infortunio no evita el mal sabor de boca que provoca la ausencia de títulos mayores. En esta ocasión se espera que el pillaje norteamericano —¿Garuba?— se haga con orden y concierto; esto es, en julio antes que en noviembre o abril. De este modo, la plantilla blanca podría construirse con antelación y no habría que andar improvisando roles ni cambiar varias veces de caballo al cruzar el río. Sea como fuere, Laso tiene ante sí una papeleta complicada: mucho veterano de sueldo alto puede hipotecar un presupuesto que, tras las incorporaciones previstas de Heurtel y Williams-Goss, difícilmente se permitirá más lujos. Justo ahora que Micic le habría dicho a su agente que escuche ofertas de Europa por si su salida a Oklahoma no termina de convencer…

Hay años en que es mejor no levantarse de la cama. A ver el próximo. Mientras tanto, felicidades al campeón.

Sarunas Jasikevicius y su familia con la Copa de campeones de la Liga ACB. CORDON PRESS

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here