Cambiemos la definición de equipo. La del diccionario ya no vale. Equipo no es tenderle la mano al compañero caído. Ni cubrirle el puesto. Ni vestir una camiseta de ánimo cuando se rompe la rodilla. Lo que define a un equipo no es el socorro, sino la solidaridad. Y todavía me quedo corto, mucho. Es la empatía. Es la capacidad para compartir sentimientos, para ponerse en el lugar del otro, para calzar sus botas, para proteger su debilidad. Equipo es Dinamarca.

Cuando Eriksen cayó el suelo sus compañeros tardaron muy poco en entender el problema y sus consecuencias. Su vida estaba en juego y su dignidad también. Con el nudo en la garganta y ordenados por Simon Kjaer y Thomas Delaney, los futbolistas rodearon al jugador abatido, conscientes de que los buitres estaban al acecho. No todos. En España hay un congreso extraordinario de buitres porque un malnacido ha matado a sus hijas y todo se considera susceptible de ser contado, carnaza para la audiencia, tan estúpida que no sabe cambiar de canal. Esta mañana una emisora de radio interrumpió su programación para dar noticia de que el barco que busca había vuelto a puerto por un problema técnico, pero que regresaría cuanto antes, quédense tranquilos porque el espectáculo continuará.

Así estamos y en Dinamarca deben estar parecido. O tal vez tengan una sensibilidad que a nosotros se nos extravió en algún momento. El caso es que el equipo rodeó a Eriksen, de espaldas al drama y de cara al mundo. No se me ocurre mejor manera de avergonzar a los fisgones y de espantar a los buitres. El mensaje era inequívoco. Aquí sucede algo que a ustedes no les concierne. Algo que no pertenece al juego, sino a la vida, a la intimidad de una persona y de su familia, de sus compañeros.

Me cuesta creer que alguien vaya a tomar nota de la lección. Creo, más bien, que cuando en los medios se elogie la actitud de los jugadores daneses, acto seguido, se dará paso a una conexión con Santa Cruz de Tenerife, últimas noticias sobre las niñas asesinadas por su padre y a las que nadie rodea para que los buitres dejen de mirar.

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