Yo no tragaba a Mark Cavendish. No tanto por él como por el concepto. Sprinter que devora etapas y que, poco a poco, supera en victorias parciales a ciclistas históricos del Tour. Siempre me ha parecido una injusticia flagrante que un velocista tenga más oportunidades de triunfo que un escalador. Me irrita que se equiparen las victorias de unos y otros. Me dolió que Cavendish superara los 28 triunfos de Hinault y me aterra que se encuentre a solo tres etapas de las 34 que ganó Eddy Merckx porque su trascendencia en la carrera (y en el ciclismo) no tiene comparación. Existe una diferencia fundamental ente los ciclistas de leyenda y los ciclistas de récord, y Cavendish no tenía más relato que el éxito repetido, lo que no es poco, pero no lo es todo. Hasta ahora.

Para mi desgracia (es latosísimo cambiar de convicciones), Cavendish ya tiene una historia y es formidable. La del ciclista acabado que volvió para ganar y que lo hizo además en la ciudad (Fougéres) donde venció en 2015. La del tipo que sufrió una depresión, que salió del pozo y que tuvo premio. Alrededor, como siempre, se han dado una serie de benditas casualidades. El apoyo de Lefevere, patrón de Deceuninck, en contra de toda lógica (“Mi corazón decía sí y mi cerebro decía no”). Cavendish llevaba casi tres años sin ganar y tuvo que convencer a un mecenas que pagara su último contrato. La ausencia de Sam Bennett fue la carambola definitiva. El equipo se quedó sin velocista en vísperas del Tour y recurrió al viejo Cavendish (36). en el peor de los casos era una buena operación de marketing.

De modo que se hace imposible renegar del pequeño sprinter, nacido como los Bee Gees en la Isla de Man, querido por los compañeros (recibió un aluvión de felicitaciones) y renacido para el ciclismo cuando lo normal es que se hubiera descolgado para siempre.   

El último párrafo está dedicado a Brent Van Moer, cazado a 200 metros de la meta después de una exhibición de fe y constancia. Se propuso llevar la contraria a los GPS del mundo y estuvo a punto de ganar. Cuentan que le derrotó el empuje del pelotón, pero le venció una historia gigantesca que hoy cerraba un círculo. Y no hay quien luche contra eso.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here