Tiempo de playoff, tiempo para disfrutar del mejor baloncesto del mundo. Que la NBA es el Disney del deporte es algo que muchos saben. Una competición que desde la época de Magic Johnson y Larry Bird se convirtió en un espectáculo de masas inigualable. Es curioso, pero en España se habla más en los medios de la NBA que de una competición nacional como es la ACB.

La NBA es sinónimo de máxima competición. El Hollywood del deporte. Una liga que sabe cómo captar la atención de sus seguidores y convertirlos en un motor perfectamente engrasado para hacer disfrutar a sus aficionados y, todo hay que decirlo, ganar dinero, mucho dinero. Pocos negocios en el mundo del deporte son tan rentables y tienen un impacto tan global. Un espejo en el que muchos se miran y pocos se reconocen. A nivel mediático y de marca no deja de crecer.

Es difícil saber dónde estará el truco, quizá en hacer sentir a todos partícipes del negocio. Los jugadores son su principal tesoro, cosa que a simple vista también pasa en otros deportes, pero la diferencia es que aquí se les reconoce la importancia: un 51% en los ingresos generados en la competición va para los baloncestistas que forman parte de la competición. Qué importante es la implicación de las personas en cualquier aspecto de la vida.

Pero volvamos al deporte. Estos días de playoff se junta el tsunami perfecto. El espectáculo sigue igual de engrasado, pero aparece una variable básica en el deporte: la máxima competitividad. Aquí es cuando se empieza ver baloncesto de máximo nivel, todos los partidos se convierten en una guerra donde los mejores del mundo saben que tienen su gran oportunidad de convertirse en campeones de la mejor competición del mundo.

En la NBA pasa algo curioso, cualquier equipo puede convertirse en campeón. La organización trabaja para que ocurra y probablemente gran parte de culpa lo tenga dos iniciativas importantes: el tope salarial y el draft. Hoy todos nos convertimos en aficionados de los Nets, Jazz, Bucks, 76ers, Suns, Mavs, Nuggets…

Disfrutemos. Dormir está sobrevalorado, o eso dicen los aficionados más extremos a la NBA. Su #DormirEsDeCobardes es su grito de guerra que Movistar+, capitaneado por Antoni Daimiel y Guille Giménez, han sabido convertir en seña de identidad de televisión de calidad. Entretenimiento elevado a la máxima potencia.

La única pena que nos queda es que LeBron James, la estrella de los Lakers, ya está eliminado. Siempre nos quedarán sus clases de salsa, porque hasta para bailar la NBA es diferente.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here