JUEVES

Este dietario —y casi si me apuran también la propia Eurocopa— queda en segundo plano ante la irrupción de lo que García llamaba la rabiosa actualidad. El adiós del capitán del Real Madrid, no por esperado menos trascendental, se cuela con estrépito entre los partidos de la competición como un elefante en una cacharrería; un poco del mismo modo en el que Ramos solía aparecer en el área, derribando compañeros y enemigos antes de impulsar el balón a las mallas.

Cualquier panegírico se quedaría corto. De sus inicios encrespados y pasionales emergió, a fuerza de remontadas y de golpes que jamás hicieron flaquear su ánimo, un mito madridista de condición paternal: autoritario y amable con los suyos, terrible y odioso para los adversarios. Insolente y poderoso, con el paso del tiempo aprendió a dosificar su ímpetu y aprovechar, además de sus arrebatos, también su calidad. La cual conviene subrayar: su trato de la pelota y su jerarquía se hallaban incluso por encima de su furia. La afición lo adoraba en términos generales, aunque algunos no le perdonasen sus cruces de cable agresivos en alguna derrota dolorosa y, sobre todo, la indiscreta cofradía que aireaba con aire tremendista las negociaciones de cada renovación, buscando más argumentos en el martirio ante el público que en sus inconmensurables méritos. Minucias sin importancia que desaparecen al recordar, de entre todos sus logros, cierto gol suyo que salvó al club y hasta nuestras vidas.

¿Comentar el Holanda – Austria? ¡Por favor! Sergio Ramos. Como diría Camarón: arte y majestad.

SÁBADO

Las divertidas reflexiones acerca de los memes, la ironía y Foster Wallace del otro día adquieren un cariz terrorífico ante el nuevo empate de la Selección española. El momento culminante llega con el penalti errado en dos ocasiones por Gerard Moreno y Morata: llegados a este punto el ingenio colectivo niega cualquier ápice de compasión. Me pregunto qué sucederá cuando Morata se redima, si es que para entonces no ha muerto sepultado por los tuits. Se me ocurre que quizá Luis Enrique debiera acompañarlo de Babieca en punta. Total, no sería la alineación más rara que ha perpetrado. 

DOMINGO

Shaquiri celebra el gol que clasifica para octavos de final a Suiza y elimina a Turquía con un rictus confuso, más hijo de la rabia que de la alegría. Cualquier observador imparcial podría aventurar que el atacante suizo tiene algo personal contra la selección otomana. Hago zapping un instante y el azar y el mando a distancia me sitúan en Divinity, sin pretenderlo. De inmediato soy consciente de todo. Un héroe vengador, este Shaquiri.

MARTES

Modric marca un auténtico golazo a los escoceses, volviendo a hacer gala de su extraordinaria habilidad para el golpeo con el exterior de la bota. De inmediato, las redes sociales se burlan de Rafa Benítez, a cuenta de aquella supuesta recomendación que le hizo al croata mientras ambos compartieron periplo en el Madrid: “Intenta no jugar tanto con el exterior”. Como siempre, uno es esclavo de lo que dice y dueño de lo que se calla.

Resulta curioso, en cualquier caso, que al mismo entrenador al que —sin duda de forma injusta— minusvaloran en Madrid por una desacertada sugerencia puntual, lo endiosan en Liverpool en virtud de no sé sabe bien qué taumatúrgico discurso ofrecido en el descanso de la final de la Champions lograda por los reds en Estambul. Héroe o villano en función de un resultado, independientemente del valor intrínseco del consejo concreto. Huelga aclarar que ambas actitudes me parecen grandes excesos. Por otro lado, probablemente el verdadero sabio sea aquel que siempre revista sus sentencias de humildad, sabedor de que las certezas son escasas y la valía de las mismas reside en su capacidad de resistencia al escrutinio constante. Conviene recordar que, de entre las muchas vulnerabilidades mostradas por la pandemia, la más turbadora ha sido la de los llamados expertos, cuya prodigalidad en indicaciones rotundas y luego erradas ha resquebrajado demasiadas credibilidades. La fundamental búsqueda de la verdad y la evidencia requiere un talante respetuoso, mucho esfuerzo y mucho talento. Como los chuts de Luka Modric.        

MIÉRCOLES

España quita el tapón de la bañera de los goles y se apuntan a la fiesta Laporte, Ferrán Torres, Sarabia y hasta Propia Puerta, mítico anotador que nuestra mala suerte nos había arrebatado hasta ahora. En la vida a menudo hay puntos de inflexión inesperados a partir de los cuales el ánimo y el rumbo varían y la desgracia trueca en fortuna. El inconcebible remate de voleibol de Dúbravka en su propia portería podría, tal vez, constituir nuestro particular asesinato del archiduque.

El único nubarrón en La Cartuja es el que persigue a Morata hasta dentro del vestuario. No solo falla un penalti sino que su sustituto sobre el césped tarda escasos segundos en hacer un tanto. No obstante, su ceño fruncido no debe equivocarnos: quienes llevamos más de veinte años de fútbol en nuestras retinas somos conscientes de que el destino le reservará alguna opción decisiva en los próximos encuentros.

DOMINGO

Si la frustración por la eliminación de Gales provoca que Bale deje plantada a la prensa con malos modos, la derrota de Portugal inflama el sensible espíritu de Cristiano, al que las cámaras atrapan arrojando con vehemencia el brazalete de capitán. Estas escenas suelen ser recurrentes en estos campeonatos. Cuando la Eurocopa llega a los cruces se pierde la atmósfera festiva inicial, y cada duelo ya siempre es a muerte. Las eliminatorias constituyen la incorporación al mercado laboral de los felices adolescentes que hozaban en la fase de grupos.

LUNES

La mejor tarde de la competición hasta ahora. Una montaña rusa de emoción, tragedia y goles, a la que solo faltó que Morata —siempre confié— celebrase su golazo vanbasteniano recorriendo la banda del estadio regalando cortes de manga al respetable. Por otro lado, la eliminación de Francia añade facilidades inesperadas en el cuadro, y muchos de los que renegaban de la selección con distancia irónica ya hacen las cuentas de la lechera.  

Desde la egoísta óptica madridista todo sale también a pedir de boca: Modric y Benzema descansaditos a casa, que ya estaba bien la broma, y la cotización de Mbappé reducida varios millones, mientras que presumiblemente aumentan sus ganas de reivindicarse.

MARTES

La posibilidad de que Inglaterra gane la Eurocopa me da tanto repelús que empiezo a ver hasta simpático a Luis Enrique. Si evita el triunfo británico, juro por Tutatis que me compro su nevera para ir este verano a la playa.   

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