Gracias Dubravka por unificar a las dos Españas con el autogol más bobo jamás visto en el fútbol de élite. Gracias porque antes nos habías vuelto a levantar peligrosamente en armas deteniendo un penalti al desafortunado Morata. A partir de ese manotazo tonto hacia la red que abrió el cava, la Roja empezó a creer y luego fue todo un lento aplastamiento de los ingenuos eslovacos. Pero bien está lo que bien acabó. Luis Enrique escuchó al pueblo metiendo a Azpilicueta en el sitio de Marcos Llorente, aunque para no aparentar debilidad tuvo la osadía de dejarlo en la grada. Metió a Busquets como máquina implacable de crear juego y puso su guindita en la tarta con Sarabia, que para algo LE es quien manda y no los periodistas. Faltaría más.

Más que en el `5’ del marcador, conviene quedarse con el aparente espabile de España. No es una goleada para volverse locos porque en buena ley cabe decir que Eslovaquia se fue de cañas a partir del segundo. Y no digamos con el tercero. Pero no desinflemos el globo: muchas cosas se hicieron mejor que antes, con sentido y orden, con presión y trenzando, con brío y mucha calidad en los últimos metros. Hay indicios de que con este once y después con algunas sustituciones equilibradas se renueva la ilusión, “aunque sin presumir”, que decía el Sabio Luis Aragonés.

Hoy toca mascar la felicidad del pase a octavos porque antes de jugar teníamos carita de susto. España ha dado la campanada con la energía de Koke, la fuerza de Laporte, el bullir de Pedri, la pelea de Gerard, el genio de Alba… y la batuta magistral de Busquets. Para relamernos y machacar a Eslovaquia nos ha sobrado, dejando al enemigo como una caricatura. A Luis Enrique le dio tiempo a mover la nevera incluso para sacar a Adama, reclamado en cánticos por La Cartuja. “¿Lo queréis? Aquí lo tenéis y gracias por todo, afición”, debió decir LE para sellar un paso por Sevilla no del todo idílico.

Ahora estamos ante Croacia, que es de otra ganadería con más pitones, y además en Copenhague, lejitos de casa. Hay horas y días suficientes para reflexionar sobre el armamento real de España para esta batalla. El entusiasmo obliga a apostar por la rendición de Modric. Aunque mejor vayamos partido a partido.

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