Es posible que la Portugal campeona de Europa, el equipo reclutado por Fernando Santos en 2016, no hiciera un partido tan ofensivo ni tan determinante cuando se coronó como rey del viejo continente. Entonces no tenía ni tanto arsenal, ni tantas alternativas ofensivas y defensivas. Hoy si acaso, se echó de menos un plan. Algo más que ocupar las bandas y tirar centros laterales, algo más que fiarlo todo a la inspiración de tus mediapuntas, esos que flotan entre líneas, con Ronaldo apostado en la corona del área para dar el tiro de gracia. Un plan es lo que tiene la Bélgica de Roberto Martínez, entrenador de libreto que se ha afanado por dotar a la mejor generación belga de la historia de un manual para situaciones incómodas. Hoy tuvieron que aplicarlas todas, pero las musas ya habían decidido bando. Terminaron con los diablos rojos, que hicieron de la supervivencia un arte. Cholismo con acento de Bruselas.

La primera la tuvo Diogo Jota tras un robo rápido del centro del campo portugués. En dos toques se plantaron en el área. Renato Sanches proyectó al jugador del Liverpool con un pase tan vertical como venenoso. La precipitación de Jota que disparó de primeras, evitó males mayores para los belgas. Fernando Santos, viejo zorro de los banquillos había emborronado el centro del campo con la presencia del veterano Moutinho, la revelación Palhinha y sobre todo Renato Sanches. El jugador del Lille otorgaba vigor en el choque y capacidad para recorrer metros en las transiciones. Así que a los pupilos de Roberto Martínez les costaba encontrar a sus jugadores más talentosos. De Bruyne y Hazard se arrimaban a Lukaku, con las espaldas cubiertas por Tielemans y Witsel. Pero Bélgica no conseguía sumar entre líneas y solo en los carriles exteriores encontraban espacio para profundizar.

El sufrimiento iba en aumento para los belgas, como si el calor de La Cartuja, agotara sus ideas. Cada uno de los duelos Ronaldo-Vermaelen o Jota-Vertonghen hacían tiritar a los pupilos de Bob Martínez. Los fantasmas revolotearon en la cabeza de Courtois a los 25 minutos de partido. En ese momento cruzó su mirada con Cristiano en una falta escorada desde la derecha. El delantero y el portero recordaron viejos duelos y aupado en aquellos recuerdos, el luso puso en aprietos al belga. La comba de su disparo llevaba cicuta por eso Courtois se desembarazó de él de un manotazo, como el que aleja los malos espíritus. Los lusos se sentían como en casa en Sevilla.

Fue poco después cuando Lukaku, enjaulado durante toda esta primera parte entre Pepe y Rubén Días, rindió homenaje a Jumanji para recorrer 50 metros y generar la primera contra de su equipo. Todo se originó en un córner mal ejecutado de Portugal. Y aquello despertó a los belgas. Lo siguiente fue que Meunier quisiera disfrazarse de Modric. Su tiro con el exterior del pie fue el siguiente señuelo. La próxima no sería con pistola de agua.

Si Florentino estaba viendo el partido, no sería descartable que a esta hora de la noche Thorgan Hazard tenga una oferta encima de la mesa. La sublimación de los galácticos sería formar una dinastía familiar en el equipo. El pequeño de los Hazard demostró que su golpeo no tiene nada que envidiar al de Eden y con su zambombazo reafirmó la buena Eurocopa que está completando. Pese a la potencia y la trayectoria irregular, en la foto aparece retratado Rui Patricio. Bélgica por fin respiraba e incluso corría al espacio. Lukaku empezaba a ganar duelos y hasta De Bruyne parecía Tintín iluminando el juego belga hasta que lo cazaron en el centro del campo.

Su tobillo no se recuperó en el descanso y una nueva entrada de Palhinha le remató al inicio de la segunda parte. Sin su Tintín particular los hombres de Roberto Martínez perdieron la luz de su juego. Santos intuyó la incertidumbre en el rival y echó más madera a la caldera. Bruno Fernandes y Joao Félix al campo. Portugal soltó marras en el centro del campo y acercó a Cristiano al área. Porque tanto el centrocampista del United como el mediapunta del Atleti comenzaron a amasar balón y generar juego. Aunque era Renato Sanches quien percutía y rompía líneas con sus conducciones. Una jugada suya terminó en un cabezazo de Joao Félix que obligó a Courtois a estirarse.

Jota, desafortunado hoy de cara a portería, dejó su lugar a André Silva. As Armas era esto. El vigente campeón sacaba los tanques al campo. Mientras, Bélgica intentaba contemporizar la avalancha a través de los Hazard que se buscaban y se asociaban por la izquierda como si La Cartuja fuera el jardín de su casa. En una de ellas Pepe se jugó un castigo mayor después de una dura entrada frente a Thorgan. La temperatura y los decibelios subían en el partido. Cada pugna era un combate de pesos pesados. Y ahí empezó a pesar la figura de Courtois, uno de los mejores porteros del mundo. Es cierto que el remate de Rubén Días iba centrado, pero hubiera fusilado a cualquiera. Portugal seguía tocando a arrebato. Hasta Guerreiro se sumó con un disparo que se estrelló en el palo. No había abanicos suficientes en toda Sevilla para sofocar el arreón luso. Los sudores fríos de los belgas se reflejaban en la calva de Roberto Martínez.

El ritmo trepidante de esos últimos minutos se llevó por delante a Hazard que terminó tocado. Carrasco ocupó su lugar porque había que correr y defender. Y Yannick entiende de eso. Portugal insistía en su juego directo. En sus centros buscando la cabeza de Cristiano o Andre Silva, un rechace o un susurro de las musas. Los belgas mientras tanto lo fiaban todo a una arrancada de Lukaku, capaz de ir contra todo y contra todos. Los errores y las imprecisiones se sucedían y en el último parpadeo Joao Félix acarició el empate con un disparo mordido al que el lamentable césped de La Cartuja no ayudó precisamente. Cristiano se fue rumiando su mala dicha en el mejor partido de su selección en toda la Eurocopa, mientras una sensación de alivio inundaba a los belgas. Hasta el rabo todo es toro, dicen en Sevilla. Bien lo saben los diablos rojos que hoy salvaron el suyo.

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