Enigma resuelto: Bale saca lo mejor de sí mismo cuando hace un Bale. A saber: Bale fue la estrella de Gales ante Turquía porque jugó donde le vino en gana, se movió por donde mejor le pareció, hizo con el balón cuanto le apeteció y acabó con dos revoleras saliendo del córner por la línea de fondo que pasarán a la historia de la Euro. La segunda, además, para dejar el segundo gol a pies de Roberts. Estuvo de crack Bale, a su aire, en su anarquía pelotera, participativo y comprometido, líder como pocas veces le hemos visto. Si promete volar a Madrid con esta energía positiva, le recibirá Ancelotti con copita de cava y cesta de frutas.

No vamos a afear esta resurrección de Bale con ese penalti que se preveía iba a fallar. Lo lanzó sin superar la presión de los millones de ojos que le escrutaban. Se pasó de fino, cuando lo suyo es romperla. Buscó la escuadra y encontró la bandera del tejado. Al galés lo que le va es imponer ese físico tremendo sin ataduras, tal cual le permitió su seleccionador en el segundo partido de la Euro. En el primero ante Suiza su naufragio fue producto de la dictadura de la pizarra, al verse obligado a jugar nadie sabe dónde. Y, si lo trasladamos, un poquito de esto le vino pasando en el Madrid, apocado por la figura de Cristiano, también por Benzema, presionado por buscar un estrecho pasillo de juego y moverse en el espeso e incómodo terreno de las dudas.

Bale se desató en Bakú con dos asistencias y un rendimiento brillante. Se vino arriba ejerciendo de líder en una arenga final con todos sus compañeros en corro escuchando a su capitán. Asombrosa actitud que provoca cierto entusiasmo en el núcleo duro del madridismo, con la esperanza de que tras la Euro regrese a Madrid un nuevo Bale, abierto y sociable, feliz y con ganas de reventarla. Sólo falta que se marque una rueda de prensa en castellano el día de su reincorporación. 

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