El Madrid empieza a dejarse gobernar por los recuerdos. En esa limpieza general que hay que hacer siempre que se va un inquilino, se ha sentado a organizar las fotos desperdigadas en los cajones y se ha encontrado la de aquella feliz noche primaveral de 2014: a esta hora conviene no descartar la vuelta de Zidane como segundo entrenador. Florentino busca volver al origen del ciclo ganador y niega el paso del tiempo: el suyo, el de Ancelotti, el de la plantilla… Da la sensación de que no busca entrenadores, sino escudos con los que protegerse. Trae a quien triunfó, como si eso le eximiera a él de un potencial fracaso; se guarda la baza de Raúl, pues la ilusión del nuevo banquillo pararía las miradas agitadas —presenciales o telemáticas— al palco. El estilo del Madrid es ganar; el de Florentino, sobrevivir.

Ahora tocará lo mismo que con Lopetegui: convencernos de que el italiano era la primera opción. Si sale mal, se dirá que lo cierto es que fue el sexto de la lista, igual que las parejas solo se dicen las verdades cuando lo dejan. Pero esa justificación dice más del contratante que del contratado, pues supone que hubo otros que dijeron que no. Y habrá que apuntar directamente al presidente y a su capacidad de seducción: las Copas de Europa atraen pero la gestión del presidente ahuyenta a quienes quieren libertad. O simplemente tiempo. Pero todos saben que no lo tendrán, pues si se dudó y se cuchicheó por detrás sobre Zidane, nadie está a salvo. El Madrid pide construir a largo plazo (su política de fichajes en el último lustro así lo afirma) con el requisito de ganar hoy. 

Seguramente Ancelotti no debió salir en 2015, como tampoco debería haber vuelto en 2021. Como Florentino apenas habla, casi todo lo que piensa nos llega conjugado en tercera persona. Así despidió al italiano después de ganar solo la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes, las ascuas de la Décima, expresando que hacía falta “un nuevo impulso”, aunque las verdaderas razones, las que no se atrevió a decir en público, se las confesó a sus periodistas de cabecera: no le gustaba la preparación física del equipo, al que Ancelotti no hacía trabajar lo suficiente; por eso se entendió que los pesos pesados defendieron la continuidad del técnico, y por eso mismo se contrató la mano dura de Benítez.

David Mata rescató ayer en Twitter un extracto del libro de Ancelotti: “En el Milan aprendí que ningún sistema es más importante que el presidente del club. Si Berlusconi quiere entrar en el vestuario para contar sus chistes, tengo que entender que es su vestuario. Incluso le permití entrar antes de enfrentarnos a la Juventus en la final de la Liga de Campeones 2003. Es el jefe, así que si le apetece, puede incluso escuchar las charlas de los jugadores”. Florentino ha elegido un entrenador que respeta las jerarquías, no la de los futbolistas —que también— sino especialmente la de los presidentes. Pérez no ha elegido el mejor entrenador para el Madrid, sino el mejor para él.

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