Carlo Ancelotti vuelve al Real Madrid con un contrato de tres años que no cumplirá. La razón, mil veces comprobada, es que el presidente se cansa de los entrenadores, especialmente de aquellos con mano izquierda, siempre le parece que los futbolistas terminan por chulearlos. Este es el origen de las filtraciones a las que aludía Zidane en su carta de despedida. Digamos, por expresarlo amablemente, que en cuanto el presidente se cansa —con Lopetegui sucedió a los tres meses—, comparte sus inquietudes de forma expansiva y nada prudente.

La desconfianza del presidente hacia los entrenadores es la misma que tendría un científico con un tarotista. No olvidemos que el presidente es ingeniero de caminos, y es fácil suponer que su mente matemática no asimila los saberes difusos de los entrenadores, mucho más cerca de los alquimistas que de los ingenieros. Estoy convencido de que si Florentino pudiera prescindir de los entrenadores lo haría con gusto, y me atrevo a fabular con que haya convocado alguna reunión de ingenieros al respecto. Diseñen una máquina que componga alineaciones en función de los datos fisiológicos, biométricos, de las características del rival y de los gustos del presidente. Es posible que ya exista el prototipo.

Lo cierto es que al presidente también le cansan los periodistas, diría que incluso los afines. También los tiene por un gremio prescindible, algo estúpido, incapaz de entender qué es lo que le conviene. Para muestra, aquel programa de Real Madrid Televisión que tenía como único objetivo ser el látigo de los periodistas críticos y, de paso, soliviantar a los aficionados contra ellos.

Es posible, quién sabe, que Florentino Pérez también esté cansado de los aficionados y como los reyes absolutistas haya tomado la decisión de hacerlo todo para el pueblo pero sin el pueblo. La prueba es que a los socios no se les preguntó por la Superliga, una cuestión fundamental en el devenir del club. Aunque es muy posible que de haberse hecho la pregunta no hubiera habido voces disonantes, porque ya no existen las voces disonantes, ni los sectores críticos. No hay quien canalice una opinión contraria. La ley electoral, diseñada a la imagen y semejanza del presidente, ha laminado la oposición, tal y como demuestra la ausencia de candidaturas en los últimos años. Se marcha Zidane y la afición calla, como calló antes cuando se fueron Cristiano, Casillas o Raúl.

Ojalá tenga suerte Ancelotti. Es un entrenador de éxito que representa la elegancia que se le supone al Real Madrid, la misma que adornó el trabajo de Zidane, sobre todo en sus comparecencias públicas. La historia del Madrid demuestra que son los entrenadores con mano izquierda los que ganan las Champions. Sin embargo, cuesta creer que lo que condenó a Ancelotti (ser demasiado blando), no le vuelva a condenar en breve plazo, en cuanto el presidente sienta que se ha cansado otra vez, que Raúl ya está listo y Pochettino disponible.

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