Decía Luis Buñuel, maestro de imágenes poderosas, que una vida sin memoria no sería vida, que nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Que sin ella no somos nada. Y es ese el único reducto infranqueable para la Esclerosis Lateral Amiotrófica, que deja en paz esa esquina del cerebro mientras agarrota músculos y tendones, mientras carcome las fuerzas y mina el ánimo. A ese rival despiadado se enfrenta desde hace más de un año Juan Carlos Unzué (Pamplona, 1967), cuando sus manos empezaron a fallar. La ELA nunca pierde pero ni siquiera eso atenaza al portero navarro que derrocha optimismo en esta charla: “He peleado por títulos y por evitar el descenso, he cometido errores y realizado grandes actuaciones, mi carrera ha sido una montaña rusa y el diagnóstico ha sido una caída más, pero me levanto cada día”. Con ese espíritu se zambulle en sus recuerdos, que van de la portería a la bici, y en su nueva realidad marcada por dar visibilidad a una “enfermedad invisible”. Con unas ganas rabiosas de vivir, la memoria de Unzué se mantiene intacta, como una portería imbatida.

—¿Cuáles son los primeros recuerdos con un balón? ¿Son ya bajo palos?

—A la portería llego como consecuencia de que soy el menor de seis hermanos y encima hay una gran diferencia de años con ellos. Al final, por querer jugar a su lado en el pueblo, en mi Orcoyen natal, no me quedó más remedio, por mi edad y por mi condición física, que jugar en la portería. En aquella época si eras el más pequeño o el más gordito te tocaba la portería. Pero estoy muy agradecido a mis hermanos. Tengo la sensación de que he podido hacer una carrera mucho más fructífera como portero de la que hubiera hecho como jugador.

—La calle moldeaba jugadores diferentes, ¿también influía en los porteros?

—Mi generación disfrutó mucho de jugar en la calle, y eso se multiplicaba además si vivías en un pueblo. No tengo la sensación de que soñase demasiado con el fútbol profesional cuando era un chaval. En realidad empecé a competir tarde. Creo que he sido un portero atípico. He sido una persona muy activa, y cuando era niño practicaba cross y atletismo. Eran pruebas de resistencia, no de explosividad. Siempre me han gustado los deportes de resistencia. Eso me alejaba un poco de las características o capacidades que se necesitan como portero. En mi primer partido oficial con un equipo tenía 13 años y con 15 años me firmó Osasuna directamente del equipo del colegio. Y a los 18 años estaba entrenando con el primer equipo. Casi no me dio tiempo de pensar o de soñar con ser futbolista o portero profesional.

—¿Como fueron esos primeros pasos en Tajonar?

—Tuve la suerte de estrenar Tajonar, creo que era el año 1982, el año del Mundial de España. Imagínate qué honor. En aquella época toda aquella estructura nos parecía espectacular, algo que nosotros nunca habíamos visto. Incluso habían creado un pequeño campo dedicado a los porteros, en el que trabajábamos específicamente. Empecé a trabajar con el preparador de porteros, Nemes Esparza, ex jugador de Osasuna. Fue la persona que se encargó de nuestra formación y le estoy muy agradecido.

«Cruyff era un transgresor, pero no solo por su idea de juego, sino por su forma de transmitirla»

—En su época, usted era uno de los porteros denominados modernos. De hecho, Cruyff lo ficha para su primer Barça nada más llegar.

—De forma inconsciente y por casualidades de la vida he podido vivir la evolución del portero, del estilo de los porteros. Me tocó de pleno en los inicios. Era un portero atípico ya entonces, porque al final yo había jugado hasta los 15 años como jugador, alternaba la portería y el terreno de juego hasta esa edad en el colegio. A mí me gustaba estar siempre relacionado con el juego. Eso que vemos ahora en los porteros que participan en el juego de forma natural, yo ya lo sentía en los ochenta, me gustaba ser uno más. Y creo que me benefició esa formación inicial en mi desarrollo. Al final esas características me ayudaron para que Johan Cruyff me firmara como portero. Cruyff me vio en una eliminatoria de selección sub-21, era un Holanda-España, y creo que me contrataron exclusivamente por mi juego de pies.

—Alguna habrías parado también

—Sí, sí. Pensarían que alguna pararía si estaba en la Selección española. Pero ellos vieron esa capacidad para jugar con el pie, para relacionarme con el juego. Si lo tienes interiorizado es mucho más sencillo que si lo tienes que aprender.

—¿Cuando uno entrenaba con Cruyff ya se daba cuenta de que iba a revolucionar el fútbol español?

—Sin duda, desde el primer momento tuve esa sensación. Y no fui el único de ese vestuario que lo pensaba. Él era para nosotros un transgresor, fue un transgresor en el aspecto futbolístico, en lo táctico, en la idea de juego. Traía una idea que era casi lo opuesto a lo que aquí estábamos acostumbrados a escuchar y a practicar. Pero sobre todo fue un transgresor en la forma de transmitir y no solo me refiero al jugador. Era la forma en la que transmitía al aficionado, a los medios de comunicación… Hay que recordar que en aquel momento el Barça estaba por detrás del Madrid, que venía arrasando en la Liga, siempre pendiente del Madrid y de sus Copas de Europa, de su capacidad de ganar. Él nos convenció a los jugadores que podíamos jugar de tú a tú al Madrid no solo en el Camp Nou, sino también en el Bernabéu. En esos dos años que yo estuve en el Barça no se ganó pero creo que allí ya se estaba sembrando lo que estaba por llegar. Luego tuve la suerte de ganar como entrenador y algunas de esas victorias fueron muy trascendentes.

—Más tarde, en su cargo de entrenador de porteros con Rijkaard, usted resulta fundamental para que Víctor Valdés se asiente como titular.

—Aquella pretemporada llegó Rustu como uno de los primeros fichajes de la Era Laporta. Rustu era un portero turco que tenía muy buenas cualidades y venía de hacer una gran Mundial. Al terminar aquella pretemporada tuve una conversación con Frank Rijkaard sobre los porteros. Le dije que si quería apostar por la experiencia la opción era Rustu, pero que si me preguntaba cuál tenía que jugar por capacidad de lectura de juego, de mejora y por ambición, había que poner a Víctor Valdés. Y Frank de inicio lo hizo, con todos los riesgos que tenía. Confió en él. Luego Víctor terminó confirmando todo eso. Pero esa sensación de gran portero, con unas cualidades increíbles y con la personalidad suficiente también para ser el portero del Barça, todo eso, Valdés ya lo tenía. En los años de Pep su participación fue fundamental para el estilo de juego y pieza clave del equipo, no sólo parando, también como el iniciador del juego.

—¿Dónde colocaría a Valdés en un ranking de porteros españoles? ¿Entre los 10 mejores de la historia? ¿Entre los cinco?

—No me gustan mucho las comparaciones. Lo que tengo claro es que Valdés demostró con claridad que estaba entre los tres mejores porteros de su época. Junto a Casillas y Buffon eran los referentes. Más allá de lo que ganara o no ganara. Habitualmente este tipo de rankings los hacemos en función del número de títulos que ganaron con su club y su selección. Con Valdés en todos los sentidos, títulos y rendimiento, estamos ante un portero trascendente. Es que muchos de los trofeos de ese Barça son gracias a Valdés. Estuvo entre los mejores de su época a pesar de la gran competencia que había entonces en la portería.

—¿Y qué le ocurre ahora a la portería de España?

—Creo que en los últimos 25-30 años ha habido un nivel de porteros muy alto. Han sido porteros muy completos, capaces de adaptarse de forma natural a la evolución del fútbol desde la posición del portero. Ahí hemos tenido unos referentes muy importantes que han sido respaldados por títulos tanto en sus clubes como con la selección. A chicos jóvenes como Unai, Kepa, De Gea, que ya tiene más recorrido, quizá lo que les falta es la fortuna de ganar, de levantar títulos. Eso les serviría para asentarse y ganar confianza. Considero que las condiciones las tienen, son porteros muy buenos, pero la diferencia para ser recordado para marcar la pauta, te lo da lo que hayas conseguido a nivel colectivo con tu equipo o con tu selección.

«Hay veces que me miro las manos y me pregunto: ‘¿Cómo puede ser?'»

La enfermedad

—Ya conocemos la crueldad de la ELA, en su caso además se empezó a manifestar por las manos.

—Pues sí, por las manos y las piernas. Suelo decir que mi vida ha sido un poco una montaña rusa, porque en ciertos momentos, estando en activo y como profesional he sido titular y suplente, he peleado por títulos y también por evitar el descenso. La vida está compuesta de momentos así y cuando a mí me diagnosticaron mi enfermedad fue la última gran bajada de mi vida. De pronto sientes que tu cuerpo, que te lo ha dado absolutamente todo, ha agotado la energía y ves como poco a poco te va limitando la movilidad. Hay veces que me miro las manos y me pregunto: “¿Cómo puede ser?”. Hacer cosas tan simples como coger una herramienta o cortar un trozo de carne te resultan imposibles.

—Ahora forma parte de un equipo de 4.000 personas y no dudó en ponerse en primera línea desde el principio.

—Una vez me confirmaron el diagnóstico mi objetivo claro era hacerlo público. Fue lo primero que pensé, porque sentía que esta era una enfermedad invisible. Para el primero que era invisible era para mí porque no la conocía. Lo que me ayudó a tomar la decisión de hacerlo público es que me sentía fuerte mentalmente. No quería enviar un mensaje de pena, es lo último que quiero transmitir cuando hago entrevistas, no quiero que la gente sienta eso. Quiero justamente lo contrario, lanzar un mensaje de esperanza y que la gente perciba que incluso en situaciones complicadas que nos aparecen en la vida, la vida merece la pena, merece la pena disfrutarla y vivirla, aquí y ahora.

—¿Ese mensaje esperanzador es el que transmitió a su familia cuando se lo comunicó en las Navidades del 2019?

—Si comuniqué mi enfermedad a mi familia en aquellas Navidades fue en gran medida porque mi madre aún vive, tiene 94 años, y me preocupaba cómo se lo íbamos a decir. Qué día, en qué momento, cuándo era mejor para dar una noticia tan impactante. El día de Navidad nos reunimos toda la familia, todos los hermanos, con los nietos y demás. Es el día en que mi madre siente a la familia unida tal y como ellos nos han educado. Unos quince días antes de esas Navidades se lo comuniqué a mis hijos y pocos días antes de Navidad al resto de mis hermanos. A partir de ahí decidimos de qué forma se lo íbamos a contar a mi madre. Ellos me propusieron que no se lo dijera el día de Navidad, ese día tan especial para ella. Por eso fue unos días después cuando le expuse cuál era la situación. Ahí me di cuenta de la sabiduría y la capacidad de observación que tiene la gente mayor. Ella era muy consciente de que algo me pasaba, no sabía lo que tenía, pero sabía que algo grave estaba ocurriendo.

—¿Qué ha sido lo peor desde entonces?

—A medida que vas pasando fases de la enfermedad las consecuencias son complicadas. Tú eres muy consciente de tu deterioro, de cómo se va reduciendo la movilidad de forma progresiva. También eres consciente cognitivamente de todo lo que le va ocurriendo a tu cuerpo.

—¿Qué te ha enseñado esta enfermedad?

—Yo me agarro a las partes positivas. Me da la posibilidad de dejarlo todo más ordenado, me está dando la posibilidad de disfrutar del trayecto y creo que si estuviera al 100% de mi vitalidad no lo iba a disfrutar igual. Ahora las satisfacciones se disfrutan más, me refiero a cosas esenciales, a pequeños detalles como juntar a la familia y pasar un rato juntos, hablo de lo que se agradece una visita de un amigo a tu casa, de cualquier mensaje que te llega al móvil, del contacto con alguien con quien coincidiste hace 30 años y no habías vuelto a saber. Esos pequeños apoyos que también se generan a raíz de esta enfermedad los valoro ahora más y me aferro a esos momentos.

—Más allá del avance de la propia enfermedad, hay otras dificultades que se encuentran los enfermos de ELA…

—Antes decía que era una enfermedad invisible, lo era para mí y lo sigue siendo para los políticos, que no se terminan de enterar de lo que implica la ELA. Desgraciadamente es una enfermedad que tiene muy pocas ayudas para los propios pacientes. Es una enfermedad muy cara por los cuidados que se necesitan. Por eso lo que estamos pidiendo es tener una vida digna. Creo que nosotros como ciudadanos hemos cumplido con nuestras obligaciones a través de los impuestos. Ahora que nos vemos afectados por la enfermedad deberíamos tener también un acceso a cuidados y posibles tratamientos. Es un derecho que nos asiste como ciudadanos, pero vemos que con una enfermedad de este tipo no encontramos respaldo en el estado de bienestar.

—Es poco conocido que la ELA es una enfermedad que se detectó por primera vez hace 150 años, ¿qué explicación tiene que su tratamiento haya evolucionado tan poco en este tiempo?

—Hay una parte que no podemos obviar y es que las enfermedades mentales o las enfermedades degenerativas son más complicadas a la hora de encontrar una solución. Pero también está claro que todo está relacionado con la inversión y el tiempo que le dedicamos a cada enfermedad. Porque hay gente muy capaz en el mundo que necesita de recursos económicos para poder investigar. Si no le aportamos esos recursos para buscar posibles soluciones todo resulta mucho más complicado por no decir imposible. Por eso da la sensación de que con la ELA no se ha evolucionado mucho en todo este tiempo. Si al final todo lo que se investiga es a nivel privado, a través de recursos que lleguen por diferentes fundaciones, de las propias farmacéuticas o empresas que puedan estar metidas en este ámbito, resulta insuficiente. La administración y el estado español se deberían preocupar por nosotros y destinar una partida para esta enfermedad. Sé que hay muchas enfermedades que solucionar, pero me gustaría que también pensaran en nosotros. Parece que no somos demasiados, pero eso es porque es una enfermedad muy letal, y cada día son diagnosticados tres nuevos casos en nuestro país, cada día perdemos a tres nuevos compañeros. Mientras no se demuestre lo contrario, esta es una enfermedad que puede contraer cualquier persona.

«Esta pandemia ha demostrado que si se invierte dinero y tiempo y se apuesta por la investigación los plazos se acortan»

—Y una pandemia mundial como la que estamos viviendo no ayuda a este tipo de enfermedades.

—Eso tiene dos lecturas. Sin duda, les va a dar a los políticos un argumento más para posponer nuestra causa, pero a la vez, lo que nos ha demostrado esta pandemia es que cuando realmente se invierte dinero, se invierte tiempo y se apuesta por la investigación, lo que se consigue es acortar los plazos drásticamente. Lo hemos visto con la vacuna frente al Covid 19. Se hablaba de que se necesitaban dos años o año y medio para desarrollar la vacuna y al final en menos de un año la hemos tenido lista. ¿Qué ha cambiado? Que realmente se ha agilizado todo. Es un buen ejemplo de que, si nos ponemos todos en marcha por algo, todo se puede conseguir.

—Hace unos meses, a finales de 2020, se aprobó la Ley de la eutanasia, reclamada por algunos pacientes de ELA. ¿Qué sintió cuando se aprobó? ¿Alivio? ¿Indiferencia? ¿Satisfacción?

—Yo estoy de acuerdo con esa Ley. Me gusta que tengamos esa posibilidad y que quien lo desee pueda utilizar la eutanasia. Es un derecho del que ahora se puede beneficiar cualquiera y no solo los pacientes de ELA. Creo que es un derecho que, dependiendo de las situaciones, un ser humano debe tener. Pero es evidente que entre esos 4.000 compañeros no todos pensamos de la misma manera. A mí, personalmente, me agrada que podamos tener esa muerte digna, por así decirlo. Lo que ocurre es que el recurso de la eutanasia es el último paso de esta cadena, la última estación a la que te lleva esta enfermedad. Por eso nosotros reclamamos tener una vida digna, esa es nuestra prioridad. Dentro de esa situación, disponer del derecho de la eutanasia es para estar agradecido, pero ahora se debe avanzar en los pasos previos antes de llegar hasta ahí.

—La ELA no tiene cura pero sí se están desarrollando muchos tratamientos experimentales. ¿Forma parte de alguno?

—Sí, estoy involucrado en uno de ellos. De hecho, en la rueda de prensa que di al hacer pública mi enfermedad ya dije que si podía poner mi cuerpo al servicio de la ciencia así lo iba a hacer. En agosto me propusieron en el hospital de Bellvitge un ensayo clínico puesto que cumplía los requisitos necesarios y desde entonces formo parte de este tratamiento experimental. Hasta el mes de octubre o noviembre me seguirán haciendo pruebas y ensayos para ver si realmente un medicamento podría ralentizar la progresión de la enfermedad.

—¿Cuánto crees que te ha ayudado el haber sido deportista de élite para afrontar una enfermedad así?

—Tengo la sensación de que me ha ayudado mucho. Mi forma de ser viene condicionada por el tipo de vida que yo he tenido. Es cierto que los aficionados nos ven o nos tienen como si fuéramos superhéroes, como si todo en nuestras vidas fuera perfecto, como si estuviéramos por encima del bien y del mal. Nada más lejos de la realidad. Nosotros no dejamos de ser personas con nuestros problemas y con nuestras dificultades, con momentos buenos y malos. El deporte te da la posibilidad de crecer más rápido que quizá otras profesiones, de madurar antes, porque desde muy joven tienes que tomar decisiones y superar situaciones complicadas. A otras profesiones llegas siendo un adulto o una persona hecha y derecha.

—¿Qué ha aprendido de personas como Jordi Sabaté, Jorge Murillo o Carlos Matallanas?

—Sin duda son auténticos referentes. Desde una visión personal, e incluso egoísta, gente como Jordi, Carlos, José Robles, Jorge Murillo han sido compañeros que desde la distancia me han inspirado. A algunos como Carlos Matallanas no tuve la suerte de conocerlo personalmente pero siempre he dicho lo mismo: si ellos, estando ya en una fase muy avanzada de la enfermedad mantenían ese espíritu, con esa fuerza y siempre con una sonrisa en la boca, yo también lo voy a conseguir. El caso de Jordi Sabaté lo conozco bien, tengo mucho trato con él, he estado varias veces en su casa y hemos compartido horas juntos. Cuando salgo de esas visitas y conversaciones con Jordi lo hago totalmente reforzado, con la sensación de que estoy un poquito más fuerte y de que soy un poco más capaz. Siento satisfacción en esos momentos, la satisfacción de dar y ayudar sin esperar nada a cambio; todo eso lo recibes luego de forma multiplicada. Es una de las reflexiones que más he pensado estos últimos meses.

—Creo que la figura de Pau Donés ha sido otro de los ejemplos que más le ha marcado en los últimos meses.

—A Pau no lo conocí personalmente, su ejemplo lo seguí desde la distancia. Pau ha sido un ejemplo de cómo llevar una enfermedad, de cómo convivir con ella y con qué actitud enfrentarse a la vida hasta el último día. Ese reflejo lo captó muy bien Jordi Évole en su entrevista con él pocos días antes de morir. Al ver a Pau, al escucharlo, al leer su libro, lo que intentas es replicar la actitud que tuvo hasta el último día. Me sirve de ejemplo y de referencia, sin duda.

«A nuestra sociedad le falta tiempo para reflexionar. no somos capaces de disfrutar de lo que hacemos»

—¿Qué es lo que más echas de menos?

—Soy más de pensar en las cosas que puedo hacer que en las que no puedo hacer. Siempre me he dicho: ‘¿Qué puedo hacer? Esto. Pues adelante, hay que tirarse a la piscina’. Quizá en los últimos meses he intentado sacar tiempo para poder reflexionar, para tener tiempo para mí, pararme y evadirme del día a día. Creo que es algo que le vendría bien a todo el mundo. Preguntarnos por lo que estamos haciendo, y si estamos dando el máximo rendimiento o lo podemos mejorar. Al final hemos generado una sociedad que va tan rápida que no somos capaces de disfrutar de lo que estamos haciendo. A mí es al primero al que me ha pasado. Yo también he estado metido en esa dinámica y al final no miras las cosas con un poco de perspectiva. Y no me refiero a llegar al final del día y tumbarte en la cama y pensar en lo que has hecho a lo largo del día, hay que ir un poco más allá. A veces hasta descansamos pensando en lo que vamos a hacer, estamos descansando físicamente pero la cabeza ya está pensando en lo que está por venir, en todo lo que vas a hacer. No somos capaces de reflexionar lo necesario, eso es lo que he percibido yo en estos meses.

La bicicleta

—A la bici no la echas de menos porque sigues montando en ella, aunque sea en la bici estática.

—A día de hoy todavía me puedo montar en ella. Hago spinning casi todos los días, habitualmente me subo una hora en ella, me pongo música e intento disfrutar y a veces consigo evadirme de la situación actual y hasta soñar o recordar rutas que he hecho con la bici, puertos que he subido. Es curiosa esta enfermedad porque cuando le digo a la gente que hago una hora de spinning lo que más les sorprende es que aguante. Pero en realidad no es un problema aeróbico lo que te provoca esta enfermedad, el principal problema es que cada vez vas teniendo menos fuerza en tus músculos. De hecho, para movilizarme fuera de casa necesito una silla de ruedas. Ha sido mi última adquisición, hace dos o tres semanas. Y claro eso les choca más, porque no puedo andar y sin embargo me subo una hora encima de la bici.

«Volvería a subir los Dolomitas si pudiera montarme en una bicicleta»

—¿Qué puerto de los míticos del ciclismo te gustaría volver a subir?

—(Resopla) He sido muy friki, como la mayoría de los globeros que estamos por este mundo. Al final hemos acabado sintiendo más satisfacción cuanto más duro era el puerto, cuanto más sufrimiento tenías o cuánto más fuerte era el desnivel. Me cuesta quedarme con uno solo, pero te diré que si pudiera volver a subir algún puerto sería en la zona de los Dolomitas italianos. Esa zona me enamoró desde el primer día que la vi. He estado un par de veces allí, he subido unos cuantos puertos durísimos, y es una zona fantástica.

—¿Por televisión sigues el ciclismo con el mismo entusiasmo de siempre?

—Lo seguía y lo sigo. Yo he sido de los que sudaba en la hora de la siesta. Desde los años de Perico Delgado, Miguel Indurain y tantos otros. No solo por vínculo familiar, sino también porque me ha gustado desde siempre la bicicleta. Pero claro, que mi hermano Eusebio fuera el director de uno de los principales equipos ciclistas de este país me hizo engancharme mucho más. Se podría decir que era poco objetivo pero creo que es normal, sentía los triunfos y las derrotas muy cercanas. Y como te decía lo he disfrutado y lo sigo disfrutando. Porque tengo la sensación de que estamos viviendo una evolución en la forma de correr con esta nueva generación que ha llegado y ha irrumpido con un impacto brutal. Son muy jóvenes, tienen el descaro propio de la juventud y están siendo capaces de ganar con una forma muy atrevida, valiente, como si estuviéramos volviendo un poco a los orígenes de ese ciclismo de ataques lejanos, con menos miedo y con muchas ganas de trascender. En el fondo da la sensación de que corren para dar espectáculo y, por supuesto, para intentar ganar. Y es una tendencia que se viene produciendo no solo en el ciclismo masculino sino también en el femenino. Yo estoy enganchado y ahora con las clásicas es una delicia.

Juan Carlos Unzué junto a su hermano Eusebio y el campeón del mundo Alejando Valverde en la pasada Volta a Catalunya. @Movistar_Team

El fútbol

—Volviendo al fútbol… la noticia que ha sacudido el balompié en las últimas semanas ha sido la presentación y casi defunción instantánea de la Superliga. ¿Qué opinión le merece?

—Lo que más me ha sorprendido han sido las formas y el resultado final. Es que todo ha ocurrido en 48 horas. Me ha sorprendido que gente con tanta experiencia gestionando grandes clubes no tuviese en cuenta esta posibilidad, las reacciones que se han producido, y más aún si propones un formato de liga prácticamente cerrado. Está claro que todo evoluciona y todos los clubes tienen una dificultad económica importante, y no solo los clubes grandes, también los pequeños. Pero esas dificultades económicas las ha generado el propio fútbol, los propios equipos pagando unos traspasos cada vez mayores. Como llegaba cada vez más dinero al fútbol se generaba una burbuja cada vez mayor. Y para solucionar esto han intentado montar una Superliga en la que solo se beneficiaba una parte, un grupo pequeño de equipos. La otra posible solución es que el mundo del fútbol encuentre soluciones económicas en busca de un equilibrio. En ese escenario los futbolistas tendrán que ser conscientes de que no pueden ganar lo mismo que ganaban antes, que tiene que haber rebajas, que los clubes no van a ingresar tanto dinero y se va a repartir más equitativamente, y que eso sirva para restructurar el aspecto financiero del fútbol. Creo que lo que ha quedado más claro estos días es que el fútbol no deja de ser un espectáculo y al espectáculo van los aficionados, por lo que no se pueden tomar decisiones sin pensar en ellos, sin contar con ellos. La sensación que ha quedado es que no vale todo en el fútbol. Con esta Superliga se ha querido matar el espíritu deportivo y de superación.

«Yo sí estoy ilusionado con la españa de Luis enrique. Me recuerda a la de aragonés de 2008, justo antes de ganar»

—Y la España de su buen amigo Luis Enrique, ¿qué sensaciones le transmite?

—Yo sí estoy ilusionado. Conozco a Luis y su manera de hacer y te aseguro que dentro de ese grupo de trabajo hay una ilusión tremenda. Al final ha creado un ambiente en el que cualquier jugador que esté dando su mejor nivel durante la temporada sabe que puede ir a la Selección. Ese es el estilo de Luis Enrique, y no lo ha hecho únicamente en la Selección, también en los clubes se comportaba así, Luis no miraba la edad o la experiencia. Creo que estamos ante una Eurocopa fantástica porque hay muy buenas selecciones y va a ser muy difícil ganar. Esta España me recuerda a la del 2008 con Luis Aragonés, a la etapa anterior a ganar, en la que se estaba creando un equipo con jugadores que eran muy importantes en sus clubes pero que todavía no habían convencido o ganado algo con la Selección. Creo que hay una base de tres o cuatro jugadores como Busi, Sergio Ramos, Jordi Alba que han ganado y que pueden aportar esa experiencia a los jóvenes, a los que están a punto de dar ese paso definitivo.

—¿No es partidario de crear un bloque e ir añadiendo dos o tres jugadores según el momento de forma?

—Bueno, Luis Enrique ha apostado por abrir el abanico, es su estilo, y al final creo que el beneficiado es el fútbol español, los jugadores tienen más incentivos. Es cierto que venimos de una generación muy ganadora y muchos de esos jugadores se han mantenido con el paso del tiempo. Esos futbolistas se habían ganado ese estatus… Ahora estamos en una fase nueva, diferente. Nadie puede dudar del nivel del jugador español y el abanico es muy importante en todas las grandes ligas europeas.

«El fútbol español tiene que evolucionar y tener la humildad de mirar y aprender lo que se está haciendo en otros países»

—Y para esa transición, ¿cree que Luis Enrique es el más adecuado?

—Considero que España tenía que evolucionar y tener la humildad de mirar y aprender de lo que se está haciendo en otros países. El peor error que podría cometer el fútbol español en general es creerse el ombligo del mundo. Y eso que ha habido unos años que por el nivel de nuestros clubes y selecciones ha podido haber dado esa impresión. Para mantenerte en la élite tienes que evolucionar y no nos olvidemos que nosotros lo hemos conseguido todo, y estoy hablando de hace 30 años, a partir de traer entrenadores y jugadores de otros países que han ido dando matices a nuestro juego y nuestro estilo, hasta encontrar nuestro propio camino. Nos han aportado culturas diferentes en el juego, en el estilo, de ahí ha salido nuestra capacidad para ganar y para ser referencia mundial. No perdamos esa humildad, estemos atentos a la evolución del fútbol.

—¿Hacia dónde va esa evolución del fútbol?

—Hay una evolución individual de las capacidades técnico-tácticas de los jugadores. Y me explico, el fútbol para mí es espacio y tiempo. A día de hoy con esa mejora en la capacidad individual de muchos jugadores vemos un fútbol más atrevido, con menos miedo a apretar más arriba en muchos momentos. Lo que acaba produciéndose es un tipo de partido, sobre todo en Alemania e Inglaterra, con mucha transición, con momentos también de intentar controlar el juego, pero con muchas transiciones rápidas para contrarrestar esas presiones tan altas que hace 10 o 15 años no se hacían. Todo va evolucionando y a mí personalmente una de las cosas que me llaman la atención es que veo jugadores con una envergadura mayor que han mejorado mucho en sus capacidades técnicas. Esto viene como consecuencia de que en el mundo del fútbol a nivel de metodología, de entrenamiento, cambió totalmente hace 25 años y ahora mismo el futbolista entrena mucho más en relación al juego de lo que se hacía hace 30 años. Le recuerdo a la gente joven que en nuestra época casi nos pasábamos la mitad del entrenamiento corriendo y así no mejoras tus capacidades ni técnicas ni tácticas. Los frutos de esa evolución constante los estamos viendo ahora en un fútbol que no es más físico, si acaso es más rápido.

—Otro que ha evolucionado muy rápido es el Barça de Koeman. ¿Le ha sorprendido la progresión del equipo?

—Como hay hemeroteca y he podido trasladar mi opinión hace unos meses de lo que me parecía este Barça no me puedo olvidar de ello. En ese momento decía que la afición culé tenía que tener paciencia con este equipo, porque estaba en un momento de reestructuración. Solo hay que ver cómo empezó La Liga, yo no tenía la sensación de que podían pelear por el título, también por la gran primera vuelta que hizo el Atleti. Estoy muy gratamente sorprendido del rendimiento del equipo, de la buena racha de victorias que han tenido a partir de la segunda vuelta. Y ahora están ante la posibilidad de hacer otro doblete histórico. Habrá quien piense que esto es habitual y que un doblete Liga y Copa tampoco es para tanto, pero si miramos hacia atrás vemos que no es tan habitual y sobre todo en una temporada tan difícil como esta. Independientemente de que ganen o no la Liga, la temporada que ha hecho Ronald Koeman con este equipo en cuanto a gestión y a idea de juego me parece que hay que valorarla. Hay que recordar que Cruyff estuvo a punto de salir en el año 90 si no se ganaba la Copa del Rey que jugamos en Valencia con el Real Madrid. Siempre recuerdo aquello y digo ‘¿os podéis imaginar lo que nos habríamos perdido si echan a Johan?’. Allí ya se estaba sembrando algo y esa misma sensación tengo con este equipo ahora.

—¿La apuesta que ha hecho por los jóvenes es un sello más de la escuela holandesa?

—Hay que puntualizar una cosa sobre los jóvenes, y con esto no quiero restar mérito a Koeman, pero no nos podemos olvidar de que este tipo de jugadores tienen más opciones en estos tiempos que corren, cuando el equipo está en una transición o reconstrucción. Es verdad que han tenido que competir con otros jugadores con más experiencia, y hablo de Pjanic, Umtiti y otros, y Ronald ha apostado por los jóvenes. A mí una de las cosas que más me ha gustado de Ronald, y por desgracia ha pasado en más ocasiones en este club, es que no solo se ha tenido que ocupar de gestionar al equipo, sino también de gestionar casi el club. Ha sido el portavoz del club durante unos cuantos meses en los que no había ni presidente. Esa gestión me ha parecido fantástica, porque sé de la dificultad que conlleva. También ha tenido la capacidad para variar el sistema, adaptarse e intentar buscar respuestas a las dudas que generaba el equipo y les ha convencido en muy poco tiempo a los jugadores de que se podía ganar, de que se podía ganar este año. No que se estaban haciendo bien las cosas para el futuro, sino que se estaban haciendo bien para ganar ya. Y todo eso también con derrotas dolorosas como la de la Supercopa o los partidos frente al Madrid. Y eso tiene mucho más mérito que el terminar ganando o no la liga. Creo que los que dirigen ahora el club lo deberían valorar.

—Los que dirigen el club están a ver si convencen a Leo Messi.

—Pues eso va a marcar el futuro del club, pero no va a ser decisión de Ronald Koeman, ni de Laporta… ellos pueden ayudar y seguro que en ello están. Aunque yo creo que si algo se ha ganado Leo Messi es decidir qué es lo mejor para él. De lo que estoy convencido conociendo a Leo es que su decisión será lo mejor para el club. Si él cree que puede aportar y sumar, se quedará; si no se siente convencido pensará que es mejor marcharse. Ojalá estos últimos meses le ayuden a quedarse y que lo podamos disfrutar unos años más. Con el paso del tiempo valoraremos lo que ha hecho Leo durante toda su carrera. Para mí tendría un valor extra si toda su carrera la hiciera en el mismo club. En estos tiempos de impaciencia, de instantaneidad y de consumo rápido que un jugador como él hiciera toda su carrera en el mismo club también marcaría la diferencia.

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