Ante la posible marcha de Zidane este verano son varios los entrenadores que han salido a la palestra como sus posibles sustitutos. Raúl parece el mejor colocado por cercanía, aunque su recorrido como entrenador sea corto y nunca en la élite. Joachim Low también aparece como una posibilidad, aunque un modesto currículo en clubes de segunda línea y más de quince años como seleccionador no invitan a ser muy optimistas. El tercer nombre es el que más suena: Allegri.

¿Quién es Massimiliano Allegri? Lo primero es reseñar que no fue un gran jugador. Su posición era la de centrocampista y su trayectoria la de tantos futbolistas que cambian de equipo casi cada temporada. Vistió los colores de Livorno, Pavía, Pisa, Pescara, Cagliari, Perugia, Pádova o Nápoles. Era la representación del futbolista modesto al que le cuesta asentarse en la Serie A. Este dato no es baladí a la hora de entender al Allegri entrenador. Vivió a caballo entre la Serie A y la Serie B, y se retiró en el Aglianese en las series D y C2. Ese recorrido profesional nos habla de alguien que ha visto el fútbol y el juego desde muchísimas perspectivas, algunas muy alejadas del éxito, el triunfo y la consecución de títulos.

Si como jugador no pasó de modesto, como entrenador su recorrido tampoco fue fácil. No nos encontramos ante el exfutbolista top al que se le regala un banquillo de élite sin haber demostrado nada (todos tenemos en mente varios nombres). Allegri tuvo que fajarse desde abajo para llegar arriba. Antes de Milán y Juve, entrenó al Aglianese, al SPAL, al Grosseto y al Saussolo.

Dicen que quien marcó más su personalidad como entrenador fue Giovanni Galeone, con quien coincidió en el Pescara en las temporadas 1991-92 y 92-93. Galeone es un desconocido para el gran público —equivalente en cierto modo a Juanma Lillo—, pero es muy respetado dentro de la profesión. Sus ideas, casi siempre seguidas por otros entrenadores, tienen más impacto en el fútbol que reconocimiento individual. Galeone, partidario del fútbol atractivo y ofensivo, formó parte del Calcio Champagne y fue considerado junto a Arrigo Sacchi como uno de los profetas defensores de la defensa en zona, fiel seguidor del 4-3-3 como dibujo matriz. A partir de esta experiencia como futbolista junto a Galeone, que más tarde completaría como asistente suyo en el Udinese, Allegri comenzó a construir los cimientos de su filosofía como entrenador.

Tras su paso con éxito por equipos muy modestos, Sassuolo (ascenso a la Serie B) y Cagliari (dos permanencias y un 8º puesto), y tras el premio al mejor entrenador del año en la Serie A, Berlusconi le llevó al Milán. Allí se encontró a un equipo en declive y una generación en retirada: Pirlo (31), Gattuso (32), Jankulowski (33), Ambrosini (33), Nesta (34), Seedorf (34) e Inzaghi (37). Allegri renunció a su 4-3-3 y supo sufrir por la ausencia por lesión de Pirlo, jugador que daba sentido a su sistema. Con el centro del campo menos talentoso que ha utilizado en su carrera —Gattuso, Van Bommel y Mathieu Flamini—, Allegri creó un triángulo ofensivo con Robinho, Ibra y Pato con el que logró ser competitivo. Quizá su aportación más importante fue dotar de una identidad al equipo.

De Milán saltó a la Juve. Conte había abandonado el proyecto por la falta de fichajes. “No se puede cenar en un restaurante de 100 euros si vas con 10”. En Turín, y durante un tiempo, mantuvo un perfil continuista. Siguió con el 3-5-2 de Conte y respetó a sus tres centrales —Bonucci, Barzagli y Chiellini—, pero pronto se dio cuenta de que él debía sumar algo desde sus decisiones. La falta de talento diferencial en ataque le llevó a crear un modelo alejado de sus gustos futbolísticos. Su Juventus nunca destacó por su carácter ofensivo. Tampoco por ser un equipo que elaborase mucho las jugadas o atento a la posesión.

En esas condiciones, su primera aportación fue dotar de carácter competitivo al equipo. En lo táctico, consolidó una gran organización en campo propio (no confundirlo con un posicionamiento defensivo) para desde ahí dominar los partidos.

Esa idea de posicionar a su Juve en campo propio hizo que muchos analistas le vieran como el típico entrenador italiano, muy apegado a los sistemas defensivos y muy rígido en la pizarra. Sin embargo, no es así. Él mismo considera que un entrenador es “quien da a los jugadores una identidad y una organización, y quién decide cómo debe ser el el orden defensivo cuando el equipo está atacando«. Dentro del respeto al orden, algo en lo que Allegri no es dudoso (sus equipos crecen desde el orden), siempre se ha mostrado como un defensor de la libertad del futbolista: «Yo les enseño los límites, pero dentro de esos límites ellos tienen absoluta libertad para inventar”.

Hay una frase que Allegri repite continuamente cuando tiene que definir su idea de fútbol: “La simplicidad es la máxima sofisticación”.

El tiempo dirá si Allegri es el elegido. Si lo es, muchos se llevarán una sorpresa…

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here