Desde aquí mi más profundo agradecimiento a Zidane, al que habría hacer dos estatuas. Una por todo lo que ha dado al Madrid como jugador y entrenador; otra por tragar tanto en sus dos andaduras como técnico merengue.

La primera de estas dos afirmaciones es clara y diáfana: Zizou fue un jugador que nos dio gloria en el campo y que ha sido, sin duda, el mejor entrenador del Real Madrid desde Muñoz. La segunda afirmación no es menos cierta: Zidane se comió el marrón de la salida de Benitez y lo convirtió en terciopelo. Ha sido el paraguas de todas las equivocaciones de una directiva que confundió el reforzar el equipo con traer críos y que entregó a Bale los galones que Cristiano se había ganado a base de goles. Zidane tuvo que volver para que el presidente no escuchase la sinfónica del pito en el palco del Bernabéu. Algo así como Harvey Keitel, pero en calvo guapo, aquel personaje que Tarantino imaginó para Pulp Fiction. Mr. Wolff mutó en Don Limpio.

Zidane se ha ido por no estar arropado, por sentirse más fuera que dentro en los duelos contra el Inter o el Borussia, o en el match ball de la Liga en noviembre.

Y reconozco que me siento apenado.

Me dolió que Florentino no diera la cara por él. Zidane fue el culpable mediático de las ventas de Reguilón, Achraf y Óscar, pero cuando al presidente le interesó promocionar la Superliga le contó a Pedrerol que no tuvo más remedio que vender a los canteranos porque había que tapar las pérdidas del balance. ¿Por qué no lo dijo seis meses antes?

También me sentó fatal que tuviese que arrogarse el fichaje de Jovic para defender lo indefendible, o las injustas acusaciones que recibió por la fuga de Odegaard, un niñato que no se da cuenta de que esto es el Madrid. Un recién llegado al club más grande del mundo debe tener más paciencia.

Con las mismas, mi más sinceras felicitaciones a Zidane por hacernos competir hasta el último momento con una plantilla sin gol y desborde, y con más lesiones que partidos jugados. Chapeau, Mr. Zidane.

Pero… ¿Y si todo esto respondiera al plan de cambiar la Cibeles por la Torre Eiffel?

En ese caso, la operación se habría gestado en los meses en los que nos jugábamos todo. Si el plan era poner la proa a Pochettino para que Zizou, conocedor de la maniobra, dejase el Madrid para fichar por el PSG, a mí se me caería mucha parte del mito. Estaría gracioso que muchos acertasen el pronóstico de que la próxima temporada Zidane entrenaría a Mbappé… pero en Francia. La paradoja de las paradojas.

Así que, queridos lectores, os dejo con el deseo de equivocarme firmemente. Hay días en los que uno no está para nada.

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