Si se muere el Madrid, habrá que gritar que lo han matado. De las mesiánicas declaraciones de Florentino Pérez en su presentación nocturna de la Superliga, la que más me llamó la atención fue la más catastrofista: “En el 2024 estamos todos muertos”. Abortado el gran proyecto salvador, hemos de suponer que algunos grandes van a firmar su certificado de defunción, especialmente el Real Madrid, según la expresión desesperada de su presidente.

Nuestro equipo de fútbol no es solo el protagonista de la historia de amor más duradera de nuestra vida, sino que es lo único que sobrevive de nuestra infancia. Los abuelos se van y algún día también lo harán los padres, y entonces nos veremos en el primer banco de la iglesia, miraremos atrás y todo lo pasado serán recuerdos, salvo nuestro club, al que le creemos garantizada la eternidad, con el que nos seguiremos dando la mano cada semana y al que no hará falta mirar en las fotos para recordar su cara porque va envejeciendo a nuestro lado.

Pero, ¿y si nos deja antes de tiempo? ¿Y si se va para siempre ese nexo de unión con nuestra niñez? Si el Madrid desaparece, me veo como las viudas de antes, enlutadas hasta el final de sus días, sin concederme la posibilidad de volver a ser feliz viendo fútbol. Pasaré a ser para siempre un espectador neutral, o lo que es lo mismo, un muerto en vida. Porque el fútbol exige siempre tomar partido, hasta en cualquier encuentro de benjamines, pero qué sentido tendrá querer que gane alguien si ya nunca ganará el que te provoca una sacudida, de mayor o menor intensidad pero siempre alguna, cuando escuchas las palabras mágicas por los siglos de los siglos: gol del Madrid.

Habrá que vestirse de hincha coraje y buscar una justicia que nunca llegará, porque el asesinato del Madrid no constituirá un delito, pues no lo es querer cobrar la integridad de tu contrato; si acaso, un pecado, capital eso sí, como es la avaricia. Si el mayor porcentaje de los gastos de cualquier equipo de élite es el pago de los salarios, no parece descabellado pensar que, si el Madrid desaparece, se deberá a que en esta crisis en la que nos encontramos los millonarios que defienden sus colores no aceptaron cobrar menos, o no lo suficiente, como para mantener con vida a la institución en estos momentos tan contradictorios donde los únicos ricos que sufren son los clubes de fútbol. Todas las burbujas se acaban rompiendo, incluso las reforzadas con petróleo también lo harán algún día. Habrá que ver si para entonces queda algo de cuando éramos niños.

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