El primer número de la revista científica Nature se publicó en Londres el 4 de noviembre de 1869, seis años después de que el fútbol estableciera en la Freemason’s Tavern las reglas que lo distinguían del rugby. En principio, ciencia y fútbol siguieron caminos diferentes, en ocasiones vidas paralelas. En 1953, Nature publicó el descubrimiento de la estructura del ADN en doble hélice. Ese mismo año el fútbol asistió a otro hecho no menos asombroso: la Hungría de Puskas ganó en Wembley por 3-6 frente a la todopoderossa Inglaterra. En 1995, Nature publicó el descubrimiento del primer planeta extrasolar (51 Pegasi B) y el fútbol se vio sacudido por otro fenómeno sideral: la sentencia Bosman.

Las trayectorias de fútbol y ciencia convergen por fin en el último número de Nature. La revista, galardonada en 2007 con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, se ha propuesto demostrar que los ingleses no son los peores futbolistas del mundo a la hora de tirar penaltis, una percepción muy consolidada. Antes de eliminar a Colombia en el pasado Mundial de Rusia, la selección inglesa había perdido siete de las ocho últimas tandas mundialistas, lo que parecía confirmar su maldición en los penaltis…

Expertos de la Universidad de Deporte de Colonia han analizado el desempeño de una gran muestra de tandas durante todos los campeonatos mundiales y europeos (696 penaltis) y en algunas de las ligas europeas más importantes durante un período de diez años (4,708 penaltis). Los resultados no revelan diferencias significativas entre las tasas de éxito (promedio entre 71-79%, dependiendo del tipo de penalti y del tipo de competición) de los lanzadores de diferentes naciones, si exceptuamos el caso extraordinario de los futbolistas alemanes. Salvo la demostrada eficacia teutona, «no se puede concluir que los jugadores ingleses tengan peor desempeño que los futbolistas de otros países».

Por lo que se refiere a Mundiales y Campeonatos de Europa no se registran diferencias significativas en el estudio. Solo Alemania (85’29% de acierto) se eleva sobre la media general de la muestra del 71’97 por ciento. Ninguna de las otras naciones top en el panorama internacional se alejó significativamente de la media general: Inglaterra (61’32%), España (67’83%), Italia (69’00%), Países Bajos (67’39%) o Brasil (68’75%). La media del resto de países es del 73’14%.

El estudio sí confirmó que a los ingleses le tiemblan las piernas en las tandas de penaltis: su rendimiento baja casi un 30% en relación con los penaltis que tiran durante el juego. Los alemanes, en contraste, son un 10% mejores.

La UEFA introdujo las tandas de penaltis en sus torneos en 1976, mientras que la FIFA lo hizo dos años después, como mecanismo para deshacer en eliminatorias o finales el empate entre dos equipos al final del tiempo reglamentario. Desde entonces, los temidos penaltis han decidido 18 eliminatorias en Eurocopas y el campeón continental en 1976, así como 30 eliminatorias en Mundiales y dos títulos (1994 y 2006).

No obstante, y aunque la ciencia es testaruda, hay algo de verdad en la maldición inglesa. Desde 1978, el equipo nacional masculino sólo ha ganado tres de las nueve tantas en las que participó (derrotas en los Mundiales de 1990, 1998 y 2006, y en las Eurocopas de 1996, 2004 y 2012). El hecho ha provocado el interés de los científicos desde hace años. Hace una década el psicólogo deportivo noruego Geir Jordet demostró que múltiples variables influyen en el éxito o no de un lanzamiento de penalti, incluidos factores psicológicos, fisilógicos, de habilidad y de oportunidad.

Jordet argumentó que los jugadores que disfrutan de una alta estima internacional (por premios internacionales o por prestigio mediático), se desenvuelven peor que los jugadores con niveles más bajos de estatus público. El hecho de que los jugadores de Inglaterra tuvieran este reconocimiento podría explicar un rendimiento negativo en los lanzamientos. De tal manera que no es la nacionalidad lo que influye si no la presión que sufren los jugadores más mediáticos.

«Esta investigación sugiere que la simple introducción de un estereotipo negativo sobre un grupo social puede dar lugar a una disminución del rendimiento de los miembros de ese grupo; un hallazgo que ha sido etiquetado como amenaza de estereotipo. Varios estudios en el ámbito deportivo han encontrado evidencias de efectos perjudiciales de los estereotipos en el deporte. Así, un estudio reciente mostró que los estereotipos también podrían tener efectos debilitantes en el aprendizaje de las habilidades motoras, por ejemplo, debido a que no se esfuerzan tanto. Por lo tanto, consideramos que es teóricamente factible que la persistencia del estereotipo negativo de que ‘los jugadores de fútbol ingleses son malos en los penaltis’ podría actuar como una especie de profecía autocumplida y contribuir a que los jugadores ingleses realmente los tiren peor».

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