El horario taurino, el “escaso público”, la media sombra en el terreno de juego, el calor y la (falta de) actitud con la que salió inicialmente el Barça parecían más propios de un Gamper de finales de agosto que de un partido cumbre por la Liga. Y es que, como en cada partido de esta temporada contra uno de “los grandes”, la sensación volvía a ser la misma: se jugaba a lo que quisiese el equipo rival.

Y en esta ocasión el Atleti salió a por el partido. Hasta con cierta vocación atacante, se podría decir, utilizando parámetros cholistas en partidos trascendentes. A ello se añadió una consigna clara que en su día llegó a sugerir todo un director de un prestigioso periódico cavernario: parar a Messi por lo civil o por lo criminal. Las continuas faltas sobre Messi cortocircuitaban cualquier atisbo de creación en el ataque culé y las cabalgadas de Carrasco y Llorente bastaban para abrir huecos y ocasiones en la semptiterna endeblez defensiva local. Suerte que el Atleti no anda tampoco sobrado de gol y Luis Suárez estuvo al mismo nivel que en sus últimos 30 partidos en el Camp Nou.  

La lesión de Busquets acabó de emborronar el horizonte blaugrana: cierto es que Sergio está a años luz del jugador que fue. Pero incluso así es superior a cualquiera de sus posible sustitutos, lo cual habla de la escasa profundidad de la plantilla. Y si la falta fútbol y la lesión de un pelotero se intenta solucionar con un jugador que aporta más músculo que ideas, el resultado es una caricatura de equipo con Ilaix y De Jong perdidos como mediocentros, un Pedri absolutamente fundido en este tramo final chocando con impotencia ante el muro rojiblanco y un Hombre Gris demostrando que sus recientes goles habían sido solo un espejismo: desaparecido desde un primer y último disparo infantil, volvía a naufragar en un partido de los de verdad. Se puede tener paciencia con Pedri, con De jong, o incluso con el hoy desastroso Dest. Pero es imposible tenerla con quien decía comer en no-se-qué-mesa y lleva dos años cobrando 10.000 veces el salario mínimo para apenas dejar 2 o 3 partidos dignos.

Un slalom de Messi a la antigua usanza fue lo más cerca que se estuvo de luchar verdaderamente por la Liga, pero su disparo chocó con los casi dos metros y medio de Oblak desde sus pies hasta la punta de sus dedos. Se llegaba al descanso y el Barça rozaba una sanción en la Liga por falta de competitividad. Las salidas de Sergi Tormento y Dembelé remataron el despiporre táctico. Todo indica que Q-Man transmitió desde la grada, y a través de su teléfono móvil, las instrucciones tácticas al francés: “Acaba todas las jugadas». Pero tras cuatro (4, quattro, four, vier, fjouwer, quatre, τέσσερα, négy, dörd, 四) está claro que Ousmané no acaba de entender ni el idioma ni el juego: interpretó la indicación del técnico holandés a su manera: “Acaba CON todas las jugadas”. Y eso fue exactamente lo que aportó al partido desde su salida. Tan desesperante como el francés era mirar al banquillo y ver a los posibles “revulsivos” al punto de plantearse si la lista de bajas en verano debe ser solo de 15 jugadores o mejor de 20.

El paso de los minutos y el 0-0 en el marcador llevaron a un punto surrealista: soñar con un gol… en cualquier portería. “Da igual quien marque, pero que marquen”, mascullaba el aficionado culé. La pérdida de fuelle físico del Atleti le hacía vender su alma al diablo merengue y confiar en que sus vecinos no ganarán los cuatro partidos que quedan. 

Una última falta en la frontal para Leo Wan Kenowi fue la última esperanza azulgrana que se desvanecía lamiendo la escuadra. Tampoco llegó el autogol salvador de Piqué que algunos intuían y que no habría sorprendido a nadie. Han sido 5 puntos de 18 contra el Top 4 de la Liga. O más doloroso aún: 1 de 12 contra los dos grandes rivales. Y haciendo partidos muy pobres en juego y ocasiones, además. La realidad volvía a ser tozuda: este Barça no está para pelear por algo serio. El verdadero triunfo ha sido llegar a pelear por esta Liga, con el lastre de la primera vuelta. El dolor será mayor si el campeonato se lo lleva finalmente un Real Madrid de entreguerras, algo ya vivido en el tardofranquismo. Pero si uno trata de ver el vaso medio lleno, se ha levantado un título (menor), se ha esquivado una amenazante Champions blanca y se ha visto a muchos nuevos jóvenes foguearse a primer nivel. Y la salida de una cancerígena Junta Directiva casi puede considerarse el título mayor de una temporada casi positiva.

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