En los años ochenta casi cualquier chaval con una Motoretta o similar se sentía con posibilidades de ganar el Giro de Italia, tal era el aluvión de desprecios que se dedicaban a la carrera. Se decía que los recorridos estaban preparados para los campeones italianos del momento, gente de poco subir (Saronni, Moser), y se contaba que los ciclistas no comenzaban a dar pedales hasta que la televisión no emitía en directo. Harto de tantas murmuraciones (y harto de que fueran ciertas) el patrón Torriani cayó en la tentación del homicidio en primer grado. En el Giro de 1988 (retirado Moser) estuvo a punto de matar por congelación a un centenar de ciclistas en la subida al Gavia (Delgado perdió 7:08 y llegó casi crionizado).

Desde entonces, el Giro dejó de ser una carrera moña y recuperó su esencia salvaje. En 1990 se estrenó la terrible ascensión al Mortirolo, lo que nos recordó que la singularidad del Giro no sólo se haya en sus fabulosas montañas (tan o más temibles que las del Tour por la climatología), sino en sus nombres. Decir “Válico de Santa Cristina”, “Campitello Matese”, “Prato Nevoso” o mentar a las Tres Cimas del Lavaredo es como recitar a Petrarca. Añadan las actuales y constantes menciones al “sterrato” en las que tanto se recrean los comentaristas sin que se les pueda culpar. Hay algo erótico en la lengua italiana y no pienso extenderme en el asunto.

Desde hace algún tiempo se comenta, aunque sin ganas de armar jaleo, que el Giro de Italia ya es mejor carrera que el Tour de Francia, en el sentido de que pasan más cosas y lo imprevisible está a la orden del día. No hay más que recordar —si se atreven— el nombre del último campeón: Teo Geoghegan Hart (antes fue Carapaz y antes Froome con hazaña poco valorada).

La etapa recién terminada en Montalcino ha sido la última demostración de la espectacularidad del Giro. El sterrato ha dejado malherido al niño Evenepoel y ya son muchas las voces que lo descartan para el triunfo final. Los argumentos son impecables. El chico apenas ha corrido en el último año víctima de una caída que casi le rompe el espinazo. Debuta en el Giro y además tiene 21 años. Lo lógico sería que a partir de ahora se fuera apagando como una vela. Sin embargo, este chaval no se rige por los parámetros de la lógica. Si como parece es el nuevo Merckx (o su nieto) hay que esperarlo todo de él. Hablo de una reacción furiosa y probablemente suicida. Un ataque insensato que podrían ser dos porque la desgracia del flamante Egan Bernal (24) es que a su espalda ha brotado la más maravillosa generación de ciclistas que han visto los siglos. Dicho de otra manera. Desde este mismo instante, perderse el Giro es pecatto mortale. Un errore imperdonabile. Un drammatico fallimento. Un caerse en el sterrato.

Espero que haya quedado claro.

1 Comentario

  1. Si, por fin ha empezado. Hasta ahora era un poco Tour, etapas sin historia salvo las causas de algunos favoritos.

    Bernal hoy se ha salido y ha dado una exhibición. Evenepoel es joven pero pinta muy bien. Ellos y Pogacar van a dar una época muy entretenida junto con van der Poel, van Aert o Alaphilippe. Nos falta uno nuestro; creo que Soler puede ganar etapas muy bonitas pero no grandes vueltas. Veo con más regularidad a Mas, pero tampoco ganando carreras. A ver si el tiempo me quita la razón.

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