El Madrid es esto. Este Madrid, digo. No hay mejor descripción que su último partido de Liga. Los buenos sin aire, los jóvenes sin valor y el equipo sin gol. Siempre ha sido así. Al menos desde el inicio del pasado campeonato, y no me refiero al actual, sino al anterior, al curso pandémico, cuando el torneo se interrumpió y el Madrid tomó aire para optimizar luego sus recursos en un sprint asombroso. Desde entonces, año y medio ya, el equipo pelea con un brazo amputado y las piernas emplomadas, ser viejo es hacerse cada vez más lento. Me veo incapaz de explicar cómo venció al Villarreal, de la misma manera que todavía se me escapa cómo pudo hacerse con la pasada Liga, o cómo ha podido pelear en la actual hasta el último suspiro. Hay algo positivo en esta temporada sin títulos que debe achacarse a los veteranos conocidos y, por supuesto, a Zidane. Hablo del orgullo y de la resistencia al abandono. Hablo de la capacidad de sacrificio y de su traslación física en los pómulos de Modric, tan marcados como los de un ciclista cuando termina el Tour.

Sospecho, sin embargo, que mucho de lo positivo volará en la reconstrucción. En primer lugar, Zidane. Quien quiera pensar que es un tipo ciclotímico que se cansa de entrenar está en su derecho; yo creo que hace las maletas cuando siente que pierde el control. Sin negar los muertos que guarda en su armario (Jovic, Marcos Llorente…), Zidane se debería haber ganado el derecho a equivocarse. Suyo debería ser el privilegio de renovar la plantilla y de asumir el mando en la política de fichajes vista la impericia demostrada por la sección brasileña de la dirección deportiva. Da envidia la fidelidad de los atléticos hacia Simeone.

Soy consciente de las limitaciones tácticas de Zidane, pero me importan poco: el virtuosismo táctico no es la primera condición que debe tener un entrenador del Real Madrid. Es más relevante saber motivar y sabe; saber convencer y sabe, saber encarnar lo que significa el club o debería significar.

El problema del Madrid no es el entrenador. Es la nefasta inversión en fichajes llevada a cabo desde la salida de Cristiano Ronaldo. El fracaso de aquella reconstrucción es lo que obliga a empezar de nuevo ahora. Que nadie se engañe. Ni Raúl ni Allegri mejorarán al equipo si tienen que contar con Vinicius, Rodrygo, Asensio, Marcelo, Isco y Mariano. Ninguno triunfará si no hay más goleador que Benzema, más cerebro que Modric, más tapón que Casemiro y más piernas que Valverde.

Todo se pudo comprobar contra el Villarreal. ¿Que faltó plan? Yo diría que faltó aire. Y jóvenes con talento y ambición. Y sobró, dicho sea de paso, un adversario tan sólido como el Villarreal, imponente durante muchos minutos, crecido ante el pánico en aumento del Madrid.

No obstante, no hago reproches a nadie. Al fin de cuentas, el Madrid hizo lo que tenía que hacer, ganar su partido, colgado como siempre de las viejas glorias, agónico y orgulloso. No es un mal final. O no lo sería si alguien aceptara que es buen momento para construir un relato que sirva de manta para las noches de frío. Y hablando de relatos, felicidades, Atlético. Esta vez ganaste sin necesidad de perder.

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