Sepan las generaciones futuras, terrestres o marcianas, que el Real Madrid que estiró la pelea hasta el último suspiro de la Liga 20-21 era un equipo tieso desde hace meses, quizá ya lo estaba antes incluso de comenzar el campeonato, tal vez antes de ganar el título de la temporada anterior. Sin embargo, a golpe de coraje y fe, el equipo se sobrepuso a problemas que parecían irresolubles. El último era la longitud de la temporada. Paso a paso, hasta esa dificultad fue superada. En la resistencia radica el inmenso valor de lo hecho por el Madrid. No es normal que un equipo de entreguerras dispute en condiciones de ganar cada guerra que se declara. Y en este punto se encuentra todavía. Con la victoria en Granada, el equipo de Zidane (si es suyo para lo malo también debe serlo para lo bueno) traslada la emoción hasta la penúltima jornada, con todo en contra (incluyo la derrota del Valladolid), pero inasequible al desaliento.

Cito a Zidane, pero temo que una cita no sea suficiente. El entrenador es responsable de la permanente reanimación del equipo en íntima colaboración con un grupo de gloriosos veteranos con cuya cara ya se podrían acuñar monedas. Modric, Casemiro y Benzema (Kroos descansó) volvieron a ser ejemplares. Y no sólo en el esfuerzo y en el talento, también en la paciencia. Tanta han tenido, que por fin aparecen jóvenes de refuerzo, aunque no sean los esperados. Marvin y Miguel Gutiérrez refrescaron maravillosamente los laterales, asistencias incluidas. Valverde, también titular, se confirma como el talento más cierto de los menores de 23. El gol de Rodrygo, convertido con una facilidad asombrosa, no despeja las dudas sobre su carácter aunque condena definitivamente a Vinicius.

La energía de los jóvenes (cinco sub-23 en el once titular) fue clave durante la primera mitad. Mejor no se pregunten qué hubiera ocurrido en Londres de haber apostado por los chicos… El caso es que el Madrid se desplegó como debe un hacerlo quien se juega la Liga y se marchó al descanso con 0-2. Fiarse del marcador fue el primer pecado vista la actividad sísmica del campeonato. El Granada se vino arriba y Molina marcó en el 70’. El gol sembró el pánico… durante cuatro minutos. Odriozola hizo el tercero con la zurda (los buenos muchachos siempre van al cielo) y Benzema firmó su segundo gol de la noche al aprovechar un error de Rui Silva. Aunque la expresión es viejuna, diremos que el portero portugués fue “a por uvas”.

El suspense se mantiene gracias al Madrid. Y la sensación es que el equipo ya no se caerá porque no se ha caído todavía. Pero no le bastará con ganar lo que queda. Necesitará que el Atlético se incomode, que sienta que se le ha pegado algo en la suela del zapato, y que al levantar el pie vea que no es un chicle, sino un oso.

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