El fútbol actual está lleno de presiones, especialmente en los clubes más grandes. A los objetivos deportivos se suman los artículos de los medios escritos y las múltiples reacciones que cada gol provoca en las redes sociales, sin que apenas haya un punto intermedio. Como el equilibrista que camina sobre un cable sin red, el entrenador sólo contempla dos posibilidades: llegar al otro lado intacto o precipitase al vacío. Entre el éxito y el fracaso hay un suspiro, un mal paso. Un resultado inesperado, un golazo del rival, una lesión a destiempo. Vaya usted a saber.

En España Koeman ha pasado de gran entrenador a un zote que ha dejado escapar el título en los partidos más sencillos. Simeone o Zidane tendrán legiones de detractores o partidarios según acabe la temporada, todos cargados de razones validadas o certificadas por, quizá, los últimos cinco minutos del curso, con un balón desviado caprichosamente hacia un poste o un penalti fallado. No debería ser esa la base del análisis, pero es inevitable. Blanco o negro, sin grises. Llegar al final de la línea o caerse al vacío.

En una situación similar se ve Tuchel en el Chelsea. Con dos victorias consecutivas frente al City y superior al Real Madrid en las semifinales de la Copa de Europa, se especulaba con el mismo doblete que Ancelotti hizo en el Madrid. La prensa ya señalaba al Chelsea como máximo rival del City para la temporada que viene, convertido el Liverpool en un juguete roto que cumplió su papel para los medios al acabar con 30 años de sequía.

Las cosas han cambiado un poco en el Chelsea, lo suficiente para ver a Tuchel tambalearse. El futuro no es tan rosa. Ayudado por un cabezazo en el ultimo suspiro de Alisson, su portero, el Liverpool ha vuelto a la carrera por entrar en la Champions y acompañar a City y United, ya confirmados. Si el Liverpool gana sus partidos será el tercer club inglés en la competición. La otra plaza se la juegan Leicester y Chelsea, y todo empieza hoy martes con la revancha de la final de Copa.

Detengámonos en aquel encuentro unos instantes. Resultó más cerrado de lo esperado; el Leicester defendió mejor y atacó peor que en su partido tipo. El Chelsea no dio facilidades para las contras ni encontró huecos por donde entrar. Sus pocas oportunidades las desbarató Schmeichel, un gran portero que ha sabido labrarse una más que digna carrera pese a lo largo de la sombra de su padre. Con 0-0 al descanso, parecía que un gol resolvería el partido y lo hizo el belga Tielemans con un disparo imparable desde fuera del área, un gol digno de ganar un trofeo. Además del goleador, elegido jugador de la final, cabe destacar el partidazo del defensa Fofana, recién llegado a la Premier y con pinta de tener mucho recorrido en la elite. Rodgers cayó en el romanticismo y cerca estuvo de costarle un disgusto cuando dio entrada a su capitán, Morgan, que llevaba seis meses sin jugar. Chilwell, ex del Leicester y abucheado por los aficionados presentes en el estadio (esto no ocurría con los hinchas “enlatados”) recibió el balón en el costado izquierdo y su jugada acabó en gol, quizá suyo quizá de Morgan en propia meta. Era el minuto 89, pero no hubo prórroga porque el VAR detectó un fuera de juego por escasos centímetros de Chilwell en el inicio de la jugada.

Días antes el Chelsea había perdido en casa ante el Arsenal (0-1) en un error de bulto de Jorginho, que dio un pase hacia Kepa entre palos cuando el portero le pedía el balón en la zona izquierda de su área. La fuerza a la que iba el balón forzó un paradón del portero vasco, que hubiera sido castigado con libre directo de no haber acabado en gol tras remate de Smith-Rowe. El Chelsea fue dueño absoluto del partido y de las ocasiones, pero no hizo gol. El análisis simple dice que Tuchel se equivoca con el equipo elegido y la forma de jugar porque pierde el partido; el análisis más justo pasa por decir que cualquier otro día ese mismo partido hubiera acabado 2-0.

Sea como fuere, la realidad matemática es que el Chelsea necesita ganar al Leicester. Un empate le podría condenar al quinto puesto y a jugar la Europa League, un paso atrás comparado con la temporada pasada al mando de Lampard aunque el Chelsea parezca hoy mejor equipo que entonces. Un error y un golazo han cambiado el optimismo ante un posible doblete Champions-FA Cup por la posibilidad de acabar sin trofeo alguno y en la Europa League. Y se habla de que Tuchel podría perder su puesto de trabajo. Basta un resbalón para precipitarse al vacío.

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