Pasar era un milagro, pero en el fútbol los milagros no son tan infrecuentes, de manera que era legítimo soñar, quién sabe, tantos partidos son posibles que por qué no imaginar uno extraordinario, uno con un poco de suerte (o con mucha), un partido inclinado por el viento o por la historia, que vienen a ser lo mismo, una de tantas rarezas que nos regala el juego. La primera parte alimentó esa esperanza aunque el marcador decía lo contrario, son espejismos, como si no lo supiéramos ya, como si la ausencia de gente en los bares, de bocinas y camisetas blancas no fuera una señal del descreimiento colectivo, es imposible, no insistas. Pero había que insistir. Y el Madrid insistió hasta más allá de lo razonable, minuto 85, segundo gol del Chelsea, fue bonito mientras duró.

Ahora es fácil repartir culpas, aunque sería recomendable evitarlo. El Madrid no perdió por la titularidad supersticiosa de Ramos, en evidente baja forma. Ni por Hazard, que hizo cuanto pudo, poco todavía. Ni por la posición de Vinicus, carrilero improvisado. No fue Zidane el responsable de la derrota. Debería pesar más su influencia en el éxito que significa llegar a semifinales medio desnudo, con un equipo maltrecho y pendiente de una renovación que no termina de producirse. Sin gol no hay paraíso. No es posible que Benzema remate las jugadas que él mismo inicia. No hay equipo que se sobreponga a un déficit tan importante, menos aún cuando los otros son más jóvenes y más rápidos, más modernos, en definitiva, porque el fútbol ha cambiado y seguimos sin subirnos al tren.

La realidad es tan tozuda que siquiera hay espacio para los lamentos. Es verdad que Benzema tuvo un par de ocasiones para marcar, pero ellos dispusieron de media docena. Ni así nos dimos por vencidos. Todo podía cambiar por un accidente, quizá una mano difusa, tal vez una expulsión rigurosa, pero nada ocurrió, sólo fútbol, una decantación progresiva, un callejón sin salida porque los años, cuando falta el aire, siempre juegan en contra.

No hay frustración, o no debería. Esto es lo que hay, la cera que arde. Y si todavía da para pelear la Liga, sólo cabe rendirse ante el entrenador que lo hace posible y ante la vieja guardia que resiste. El Madrid cabalga con el jinete medio inconsciente, con la inercia del caballo que conoce el camino a casa. No pidamos que además dispare a los indios que se encuentra por el camino.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here