Ya tenemos campeón. Después de 38 jornadas apasionantes el Atlético de Madrid ha sido capaz, con sufrimiento incluido, de levantar un título que la familia colchonera deseaba hace tiempo. Su perseguidor más tenaz, el Real Madrid, hizo los deberes contra el Villarreal, pero no fue suficiente. El tercero en discordia, el Barcelona, había tirado la toalla dos jornadas antes.

¿Un campeonato merecido? Los campeonatos no se merecen, se ganan. Ahora los analistas (cada día proliferan más y algunos ni siquiera han jugado al fútbol) empezarán a desmenuzar las variantes que han llevado al Atlético a lo más alto del podio: liderazgo del entrenador, regularidad, fondo de armario, el fichaje de Luis Suárez, etc. Sin embargo, el factor que ha inclinado la balanza ha sido el magnífico nivel físico que han demostrado los jugadores del Atleti a lo largo de la temporada.

Ya lo he comentado en varias ocasiones: el fútbol actual (y el de la próxima década) está dominado por lo físico. La competición demanda esfuerzos brutales y las recuperaciones, insultantemente cortas (de 15 a 20 segundos), sólo están al alcance de auténticos atletas que han cambiado las zapatillas de clavos por las botas de fútbol.

Para afrontar esta realidad, la preparación física de los jugadores debe ser minuciosa, individualizada y ajustarse escrupulosamente a lo que nos marca el vademécum del fútbol. La fisiología del ejercicio nos dice insistentemente que para mejorar y desarrollar las capacidades condicionales fundamentales en el fútbol (capacidad y potencia aeróbica, fuerza explosiva y velocidad) hay que aplicar sistemas muy específicos para conseguir el estado físico óptimo. El Atlético de Madrid ha sido muy superior en este aspecto al Real Madrid y al Barcelona. Koke ha sido el Kanté español con distancias por partido superiores a los 12-13 kilómetros. Marcos Llorente, sin duda el jugador mas determinante de la Liga, fue capaz de hacer un sprint de 91 metros (velocidad punta de 35,9 km/h) en el minuto 80 de un partido y con diez kilómetros en sus piernas.

El cóctel victorioso salió de mezclar con sabiduría los elementos básicos de la sesiones de entrenamiento, con crecimiento paulatino de esfuerzo, volumen, intensidad, distribución de minutos de competición, recuperación post partido y analíticas periódicas que nos muestran el nivel de la CPK, la hormona que nos alerta de la fatiga muscular de los jugadores.

El Barcelona se entregó a su buque insignia Leo Messi para que solucionara todas las vicisitudes que conlleva una liga tan competitiva, pero su nivel físico se puso en evidencia en muchos partidos y, sobre todo, en la Champions League. Sus juegos de posición y sus rondos interminables son la base de sus entrenamientos. Les cuesta entregarse a sesiones físicas muy exigentes. En este sentido se les ha parado el reloj.

En cuanto al Real Madrid, llegó al mes de abril con la lengua fuera. No dio con la tecla para gestionar adecuadamente el volumen y la intensidad de los entrenamientos y las lesiones llegaron al número de sesenta, más que partidos disputados. La distribución de los minutos de competición entre los jugadores ha sido muy irregular y en los momentos clave de la temporada había hasta siete jugadores importantes con mas de 3.000 minutos acumulados. Hay estudios que demuestran que al superar ese umbral el riesgo de lesión aumenta exponencialmente.

Es el momento de hacer balance para no volver a cometer los mismos errores. Como dice mi amigo Zizou, en fútbol no existen los milagros.

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