Organizar una nueva competición contigo en la presidencia para quitarte a los rivales más débiles. Ese objetivo perseguía Florentino Pérez al poner en marcha la Superliga y coincidía con la hoja de ruta marcada por Isabel Díaz Ayuso al convocar elecciones en Madrid: su “libertad” era liberarse de Ciudadanos en el Gobierno y, de paso, eliminarlo políticamente.

El objetivo de la presidenta madrileña se hizo realidad el martes. Alimentada por los antiguos votos naranjas, ha logrado una incontestable victoria, obteniendo más del doble de escaños que hace apenas dos años, y protagonizando además un 2×1 a la hora de despedir a grandes oponentes, con el adiós de Pablo Iglesias: qué mal ha envejecido la “nueva política”.

Florentino Pérez, a la postre, quería un poco lo mismo: cansado de compañeros de viaje que en su día alcanzaron la gloria y que ahora están de capa caída, como el Benfica, buscaba iniciar una nueva etapa que trajera más poder para su equipo. Quería un Fondo de Recuperación Europeo como el aprobado por Bruselas para hacer frente a la crisis del Covid, pero se encontró con un Brexit que precipitó su fracaso.

En el caso de Isabel Díaz Ayuso, las fugas de sus anteriores socios jugaron a su favor. Dudo que el fichaje de Toni Cantó fuera clave, pero sí supuso un preludio de lo que pasaría después en las urnas: la Operación Trasvase había empezado, y nadie podía pararla… ni en “siete vidas”.

Y ahora que hago referencia a una serie, es el momento de mencionar a otro nombre propio de la jornada electoral: Fran Perea. Al actor de Los Serrano le tocó ser presidente de mesa y tiró de ironía en Twitter, recordando que él aseguraba en una canción aquello de “uno más uno son siete”, un antecedente poco fiable a la hora de hacer el recuento de votos.

Siempre he sido un poco moñas y tengo que reconocer que me gustaba esa canción, aunque mi favorita de Fran Perea era La vida al revés. Y creo que en estas elecciones se ha invertido bastante el orden vital de las cosas: la clásica movida madrileña provocaba divorcios, pero Ayuso, que quería acelerar su ruptura con Cs, ha provocado una gran movida en Madrid en la que hemos sido testigos de frases gruesas, amenazas, aspavientos y dimisiones… para que, al final, todo quede más o menos igual.

En el fondo, eso era la Superliga de Florentino. Y eso ha sido la particular Superliga de Ayuso, ya concluida con la ganadora esperada. La presidenta de la Comunidad, eso sí, ha conseguido algo que no logró el mandatario blanco: eclipsar totalmente la Champions.

A un día de que el Madrid se jugase su pase a una nueva final europea, la noticia en el equipo fue si Marcelo tenía que quedarse o no en una mesa electoral como a la que fue convocado Fran Perea. Y de 9 a 11 de la noche, las teles, radios y redes sociales se olvidaron totalmente de quién podría ser el rival de los merengues si consiguen eliminar al Chelsea, al coincidir el City-PSG con el escrutinio. Se puede decir que Ayuso también ganó en Twitter a Guardiola.

Hasta hace poco, no parecía fácil que la política consiguiera eclipsar al fútbol, considerado durante décadas el “opio del pueblo”, capaz de distraer a los ciudadanos hasta el punto de hacerles olvidar los pecados de sus gobernantes. Ahora, sin embargo, la política se ha convertido en un espectáculo más en el que, como en el fútbol, lo más importante son los resultados, sin importar cómo se consiguen. Una tendencia que, como la Superliga, no sé si nos conviene demasiado…

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