Los dos se fueron contentos. El Madrid porque hubo un rato en que temió perder 0-3 y el Chelsea porque a partir del empate no se quitó el susto del cuerpo: ese equipo que parecía a su merced revivió con un gol inhóspito, demostración de que todo lo que se dice sobre el Madrid es cierto. En cierto modo, fue un pacto de agresión del que yo juraría que salió perdedor el Chelsea, porque tenía más. Entretanto, el viejo campeón llega al partido de vuelta casi intacto y con la moral en fase de cuarto creciente, con siete días para recuperar efectivos, con una semana para imaginarse en otra final, la última de una generación irrepetible que sobrevivió, incluso, al adiós de Cristiano.

No se puede analizar el encuentro sin recordar el avasallamiento inicial del Chelsea, la sensación de impotencia, la parada imposible de Courtois y la absoluta falta de respeto de los muchachos de azul. El gol de Pulisic fue la burla de un joven a un cuarentón. La defensa se descompuso antes de tener motivos y el chico marcó a placer. En ese punto, el drama parecía inevitable. Sin embargo, hay un futbolista que se rebela ante el destino tal y como lo hacía Ronaldo Nazario. Son muy pocos los jugadores capaces de cambiar el rumbo de un partido ellos solos y por puro empeño. Benzema lo hizo y hasta diría que se le notó en la cara. No estaba dispuesto a perder, al menos a perder así, tan lastimosamente, vencido por unos chavales a los que aún no se les cierra la barba.

Para añadir complicaciones, todo nació de lo que José María García denominaba un “gili córner”, un saque de esquina en corto que terminó en un balón recalentado a la olla, a ver qué pasa, nunca se sabe. Y pasó que Benzema ordenó el caos con dos toques prodigiosos, primero la cabeza y luego con el pie. Hizo todo cuanto cabe en una fracción de segundo, control y remate, excelente ambos, sublimes, rotundos, simbólicos. El Madrid no está muerto. Esa era la lectura y los ingleses lo entendieron perfectamente. La prueba es que dieron un paso atrás. O dos. Y llegaron entonces a la misma casilla que su glorioso enemigo. No es tan malo el empate. No es mala idea que todo resuelva en Londres. O tal vez sí. En ese precipicio el único que no se marea es el Real Madrid. A pesar de los años, del óxido y de las bajas. Cualquier que tenga memoria sabe que la historia va con los de blanco.

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