Ruido.

Dos hombres que chocan, unas palabras que se cruzan.

Ruido.

Un hombre que se siente humillado, un hombre que se enfada, un hombre fuera de sí.

Ruido.

Empujones, agarrones, ojos fuera de sus órbitas.

Ruido, mucho ruido.

En este fútbol del silencio, el ruido se adueñó del Carranza durante unos minutos y ya no dejó escuchar nada más.

El Valencia abandonó el campo escoltando a Diakhaby, el hombre humillado, enfadado, fuera de sí.

El Cádiz, desconcertado, rodeaba a Cala, el presunto culpable (sin presunto ya para muchos, no falta la habitual puya en Wikipedia, los rutinarios insultos en las redes).

En este fútbol de las mil cámaras, ni una imagen que confirme o desmienta. Dónde están los realizadores curiosos cuando se les necesita.

El Valencia volvió al campo, ya sin Diakhaby. El Cádiz volvió al campo, con Cala. Algunos ponen el foco en el Valencia. Mejor mártir que cómplice, dicen.

Más ruido y versiones cruzadas. Él me dijo, yo no dije.

Cervera y Gracia ponen cordura: creemos a nuestro jugador, todos contra el racismo. El míster cadista dejó caer unas palabras importantes: Cala dijo algo, sí, pero no fue un insulto. Estaría bien que el protagonista nos aclarase.

El Cádiz ganó un partido que nadie olvidará y una sombra ominosa y oscura se quedó sobrevolando el estadio. Veremos cuánto tiempo dura la lluvia.

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