Está siendo una temporada muy complicada. Insuficiente descanso estival, pretemporada muy corta, calendario muy exigente con partidos cada tres días y, por si todo esto no fuera suficiente, la amenaza del Covid 19. Los contagios apartan de entrenamientos y partidos a los jugadores contagiados con consecuencias aun si determinar en su estado físico, aparte de la inactividad, que ya de por sí es un hándicap para el jugador de elite.

En este entorno, los aficionados madridistas han visto cómo su equipo se ha plantado en las semifinales de la Champions y está en lucha por el campeonato de Liga. Al mismo tiempo, han comprobado a través de la televisión el tremendo esfuerzo que han soportado los jugadores, lo que ha dejado su caudal físico bajo mínimos. ¿Serán capaces de superar este inconveniente? ¿Hay soluciones? Para contestar a estas preguntas debemos acudir al vademécum del fútbol, la Fisiología del ejercicio, que nos dirá las soluciones para aliviar estos síntomas que tiene en vilo a la familia madridista.

En primer lugar los entrenamientos deben sufrir modificaciones importantes. Ya no vale entrenar más fuerte o más suave. Los entrenamientos deben ser inteligentes. En estas alturas de la temporada es fácil adivinar que el periodo en que el equipo ha estado en la máxima forma física (performance) ha quedado atrás. La capacidad funcional del jugador en su máximo nivel dura entre 4-6 semanas, tramo que ha coincidido entre finales de febrero y el mes de marzo, cuando llegaron los mejores resultados. A partir de ese momento el equipo ha ido perdiendo paulatinamente frescura física. Desde entonces, cada esfuerzo necesita mas tiempo de recuperación, de modo que la duración y la intensidad de las sesiones de entrenamiento deben ajustarse al estado de cada jugador.

El tiempo real del entrenamiento en ningún caso debe superar los 60 minutos. El trabajo con balón pasa a ser prioritario, en distancias cortas con partidillos en espacios reducidos en cuadrados de 30×30 metros, con esfuerzos de tres minutos de carga y tres minutos de recuperación. Este protocolo repetido varias veces a lo largo de la sesión atenuará la pérdida del Volumen de 0xígeno Máximo, que se mejora con la repetición de distancias largas, descartadas a estas alturas de la temporada. Sin embargo el espacio reducido mantendrá la potencia aeróbica y la velocidad aeróbica máxima, lo que conseguirá que el estrés oxidativo no aumente la acidosis muscular.

En cuanto al entrenamiento de la Fuerza hay que matizar. Nada de sobrecargas que no sean las del propio peso corporal (calistenia). En cuanto a la velocidad y la potencia, con cuentagotas. Son muy exigentes a nivel muscular y a estas alturas de la temporada abusar de su entrenamiento puede ser contraproducente. Son capacidades con una dependencia grande desde el punto de vista genético y se mejoran muy poco. Para qué arriesgar. Los jugadores potentes y veloces lo seguirán siendo. Y disfrutaremos de ellos en cada partido. Además, en fútbol es tan importante la velocidad pura como la resistencia a la velocidad. Tan importante es hacer gol al minuto de juego, cuando la velocidad haya protagonizado la jugada, como en el minuto 89, cuando el jugador haya sido capaz en una distancia de mas de 60 metros de resistir a la velocidad adquirida y llegar con la necesaria frescura física para hacer gol. La potencia aeróbica y la velocidad máxima aeróbica antes apuntadas lograrán el propósito.

Las medidas de recuperación cobran gran relevancia. Después de los entrenamientos, la hidratación, la crioterapia, masaje de descarga, seguirán siendo fundamentales para el jugador, pero hay que añadir la recuperación después de los partidos. Hay que acelerarla. Nada mas terminar los partidos los jugadores, después de hidratarse, deben volver al campo y con carreras suaves y, con frecuencias cardiacas que no superen las 120 pulsaciones por minuto y con pausas caminando para hacer estiramientos sin sobrepasar los 20-30 minutos, lograrán que todos los productos de desecho que se acumulan en la musculatura fatigada desaparezcan mas rápidamente.

Es obvio que la muy calculada distribución de los minutos en competición adquiere en estos momentos un protagonismo ineludible para que los jugadores sean capaces de soportar los esfuerzos con las garantías de que la fatiga aparecerá más tarde. El umbral de los 3.000 minutos (actualmente hay seis jugadores que han sobrepasado esa cifra) marcará la distribución de los minutos en entrenamientos y partidos. No hay fórmulas mágicas (y en fútbol mucho menos) para garantizar el rendimiento físico óptimo para equipos y jugadores cuando la temporada agoniza. Sin olvidar el aspecto psicológico, que cobra también un gran protagonismo en el rendimiento del jugador. Como dice el maestro Jorge Valdano: el futbol es un estado de ánimo. Aunque una ayudita de la Fisiología del ejercicio nunca está de más.

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