La sonrisa es la expresión máxima de felicidad y esta película es probablemente su mejor aliada. Quizá sean las ganas de reír, quizá recordar algunas risas, quizá las ganas de tomarte la vida con humor o quizá el desmitificar la religión, no sé, pero no encuentro mejor momento para escribir sobre La vida de Brian, película que algunos consideran la mejor comedia de todos los tiempos.

Los británicos Monty Python (John Cleese, Terry Gilliam, Terry Jones, Michael Palin, Graham Chapman y Eric Idle) fueron sus creadores. Y eso es decir mucho, pocos han sabido entender el humor como ellos. Unos genios irreverentes, ingeniosos, surrealistas que desde finales de los años 60 hacían reír a través de la televisión a millones de británicos y que han demostrado que el humor no es humor sin creatividad, libertad y algo de mala leche.

La película es una obra maestra de gags inolvidables. Se estrenó el 17 de agosto de 1979 después de muchos problemas. No fue nada fácil. En el último momento se quedaron sin financiación, la gente de la productora EMI les dejó tirados a punto de comenzar a rodar. El miedo no es un buen compañero de viaje. Es curioso cómo en esos momentos aparece gente inesperada. En este caso apareció un fan, un tal George Harrison. Sí, no se equivocan, un ex Beatle. Harrison se empeñó en reunir los cuatro millones necesarios para que se hiciera la película: el precio más alto que ha pagado nunca nadie por una entrada de cine, según Eric Idle. Aunque, todo hay que decirlo, con el paso del tiempo esa entrada se convirtió en una de las mejores inversiones de su vida. Un taquillazo mundial y un pequeño papel en la película que seguro que le valió la pena.

La vida de Brian es una película sobre el fanatismo religioso y la estupidez humana. Una película sobre Jesús, pero sin Jesús. Brian es un tipo aparentemente normal que nace en Belén el mismo día que Jesús y que con el paso del tiempo es confundido por el pueblo con un mesías. A partir de ahí, toda una sucesión de hechos desbordantes de creatividad, libertad y un poco de mala leche.  Las continuas contradicciones del ser humano reflejadas todas ellas a través del Frente popular de Judea (no confundir nunca con Frente Judaico Popular o el Frente Popular del Pueblo Judaico).

La película no fue bien recibida por mucha gente y fue prohibida en varias localidades de Reino Unido y en países como Irlanda y Noruega hubo quien la tachó de “blasfema, asquerosa y gravemente insultante”. Supongo que el poco humor de muchos se convirtió en una de las mejores campañas de marketing de la historia.

La película es una carcajada constante donde aparecen alienígenas cuando menos te lo esperas, romanos que nos recuerdan las clases de latín del colegio o un patricio llamado Pijus Magnificus. El rotacismo de Poncio Pilato, incapaz de pronunciar la erre», se convierte en uno de los mejores gags de la historia del cine. Una curiosidad sobre esto último: no se avisó a los extras de lo que iba a pasar durante el rodaje y se les pidió máxima seriedad. Y claro, pasó lo inevitable, no consiguieron aguantarse la risa.

Véanla estos días, es divertida, alocada y extravagante. Recibirán un chute en vena de positividad, les ayudará a estar en forma después de tanta torrija (reírte diez minutos ayuda a quemar las mismas calorías que media hora de ejercicio físico) y acabarán cantando y silbando Always look on the bright side of life. Si no fuera así, lapídenme… ¿Quién ha tirado la piedra?

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