Dos hermanos de Manchester y su banda irrumpían en las listas de éxitos de medio mundo mientras su equipo de fútbol navegaba a la deriva. A mediados de los noventa Oasis representó el penúltimo fenómeno musical llegado desde las Islas Británicas, y los hermanos Gallagher se encargaron de perpetuar esa estirpe de músicos futboleros que tanto han cultivado en Inglaterra. Ellos eran del City cuando nadie era del City. Aunque la primera parada de Alf-Inge Haaland en la remozada Premier League no fue Manchester sino Nottingham, allí desembarcó en enero de 1994, ocho meses antes de que Oasis estrenara Definetly Maybe, su primer disco. El destino no llevaría a Haaland padre a la ciudad de los Gallagher hasta 2001, cuando se convirtió en un citizen más. Allí cavó su tumba deportiva o, mejor dicho, se la cavaron. Fue la venganza de Roy Keane rival ciudadano y carnicero con botas. Pero en ese breve período también tuvo tiempo para inocular la pasión por los colores skyblue a su hijo, Erling Braut Haaland, uno de los delanteros más deseados de Europa, el mismo que esta noche puede poner punto y final a una nueva aventura europea de los citizens.

Poco o nada tiene que ver este Manchester City actual con el equipo que captó la simpatías de los hermanos Gallagher. Los rescoldos de triunfos lejanos (Liga de 1968, FA Cup de 1969 y Recopa de 1970) alimentaron su identificación con el club en la niñez. Aunque cuando las guitarras ya lo ocupaban casi todo en su vida, el City era simplemente el otro club de Manchester, ni siquiera un vecino ruidoso, apenas un equipo mediocre que intentaba sobrevivir en la recién creada Premier League. Hay que rebuscar en wikipedia o en las bases de datos de cualquier futbolero para reconocer a las estrellas del conjunto citizen de entonces. Nombres como el centrocampista David Rocastle o el delantero alemán Uwe Rösler, hoy convertido en jugador de culto para los que acudían al vetusto Maine Road. Mitos de otro tiempo.

Uwe Rösler celebra un gol con el Manchester City. CordonPress.

Las noches más oscuras del City

Fue precisamente en la temporada 95/96 en la que los citizens certificaron su descenso a la First Division (segunda división inglesa) tras tres años evitándolo en las últimas jornadas. Pero la caída a los infiernos no se iba a detener ahí puesto que el City descendería en la temporada 97/98 a la Second Division, el tercer escalón del fútbol inglés. Fue en ese momento cuando el club tocó fondo y surgió la figura de un nuevo presidente. David Bernstein era un contable colegiado y dirigió al club entre 1998 y 2003: “Mi objetivo es lograr la unidad, estabilidad y profesionalismo del club en todos los niveles”, dijo cuando alcanzó la poltrona presidencial.

El entrenador encargado de la reconstrucción fue Joe Royle, un ex delantero del club de la época de los 70 con experiencia en los banquillos, que llegó al City en febrero de 1998. En su primera temporada no consiguió salvar al club del descenso a la Second Division, pero la nueva directiva apostó por él y certificó su continuidad en el cargo para la siguiente campaña. En la temporada 98/99 los citizen habitaron la parte alta de la clasificación y finalmente terminaron terceros por lo que tendrían que disputar un play-off para certificar su salto de categoría. El Gillingham no lo puso fácil y tras empatar a dos, la fortuna sonrió a los de Manchester desde el punto de penalti. El impulso de ese ascenso les valió para conseguir un nuevo salto, ahora a la máxima categoría del fútbol inglés, tras quedar segundo en la Fist division en la temporada 1999/2000. En apenas dos años Bernstein había devuelto a los skyblue al lugar que le correspondía, aunque la estabilidad iba a durar poco.

Haaland y su Manchester City

A las puertas del siglo XXI el Manchester City volvía a sentirse importante. Y David Bernstein iba a tirar de chequera para asentar a su equipo en el remozado escaparate de la Premier League. A principios del 2000, la liga inglesa ya había trazado su plan de expansión por todo el globo terráqueo y el fútbol de las Islas atraía cada vez más la atención de los espectadores y del talento extranjero. El ascenso del City llegaba solo un año después de que el United hubiera culminado su conquista de Europa con la Champions conquistada en Barcelona. Y volver a mirar de tú a tú a los Red Devils era uno de los mayores deseos de Bernstein y compañía.

El City se reforzó en todas las líneas del campo pero fueron los fichajes del delantero costarricense Paulo Wanchope (5,6 millones de euros) y del central procedente del Everton Richard Dunne (4,5 millones de euros) los más elevados. Sin embargo, la novedad que más ilusionó a la grada del vetusto Maine Road fue la de George Weah. El delantero liberiano, a sus 33 años, venía de una decepcionante temporada en el Chelsea en la que solo había marcado tres goles en once partidos y llegó gratis a la ribera azul de Manchester. Mucho menos ruido hicieron los dos jugadores que el City fichó del Leeds United, en aquel momento uno de los gallitos de la Premier. Por el extremo derecho Darren Huckerby y por el pivote defensivo Alf-Inge Haaland desembolsaron alrededor de 8 millones de euros. Haaland se convertiría en un fijo para el entrenador Royle, perdiéndose solo tres encuentros de aquella Premier League.

Los citizens arrancaron con fuerza en su regreso a la Premier y durante el primer tercio de temporada se mantuvieron en mitad de la tabla. Pero a la huida de Weah a Marsella en octubre le sucedió una racha negativa de resultados que los hundió en la clasificación. Los skyblue estaban peleando por eludir el descenso cuando en la jornada 35 disputaron el derbi de Manchester frente al United. Los de Alex Ferguson ya eran campeones pero en aquel partido había alguna que otra cuenta pendiente. Con empate a uno en el marcador, gracias a los tantos de Sheringham y Howey, a Roy Keane se le fue largo un control cuando se cumplía el minuto 85.

«Había esperado mucho tiempo. Le golpeé jodidamente duro. El balón estaba allí, creo: ‘Toma esta, bastardo. Y no vuelvas a mirarme burlándote de falsas lesiones’ (…) Incluso en el vestuario después, yo no tenía remordimientos. Mi actitud fue, ‘a la mierda con él’. Lo que va, vuelve. Él me pegó a mí una y mi actitud es ojo por ojo» “Yo no tenía remordimientos. Mi actitud fue, ‘a la mierda con él. Lo que va, vuelve”, confesó Roy Keane en su biografía sobre esta jugada.

Lo que sucedió es que Haaland, cerca de Keane, se anticipó al centrocampista y le robó el balón. Con el esférico perdido, el red devil se fijó en su rodilla derecha y le clavó los tacos con saña. El árbitro del encuentro, David Elleray, no dudó en mostrar la tarjeta roja al capitán del United. De esa forma, el internacional irlandés se cobró su particular venganza ante el noruego. Para comprender el rencor que anidaba en el 16 del United hay que retroceder hasta septiembre del 97 cuando en una entrada de Alf-Inge sobre Keane, en un Leeds – Manchester United, el centrocampista mancuniano cayó lesionado. Haaland entonces se acercó y le dijo que no fingiera, que no le había hecho nada. El Leeds ganó ese partido 1-0 y Keane no volvió a jugar esa temporada por una lesión en la rodilla.

A pesar de lo que se ha asegurado, Alf-Inge Haaland jugó dos partidos más esa temporada. Uno con el City a la semana siguiente de la acción de Keane, frente al West Ham y otro con la selección de Noruega. Pese a poner en riesgo su físico, Haaland no pudo evitar que el City descendiera esa temporada a la segunda división inglesa. Fue precisamente en ese verano, el de 2001, cuando el noruego decidió pasar por el quirófano para intervenir la rodilla dañada. Con el City convertido en un equipo ascensor, Alf-Inge intentó recuperarse de la lesión mientras sus compañeros devolvían al equipo a la Premier. Pero el defensor no pudo disputar partido alguno ni en la temporada 2001/2002 ni en la 2002/2003. Su rodilla había dicho basta y con apenas 30 años se veía obligado a colgar las botas. Ese lance terminó marcando su carrera y lo convirtió en uno de los mitos del City previo a la llegada de los jeques.

Erling, un fan de los citizen

Earling Braut Haaland no tiene recuerdos, más allá de las fotos, de aquellos años en Manchester. El actual delantero del Borussia Dortmund nació en los últimos días de su padre en Leeds (julio de 2000), aunque el primer estadio que pisó, con apenas meses, fue Maine Road. Aquellos primeros sonidos, aquellos primeros aromas con la esencia del fútbol británico se quedaron impregnados en la epidermis de aquel bebé. También las primeras fotos vestido de futbolista están teñidas de azul cielo. Tanto Erling como su hermano mayor, Astor, han publicado imágenes en sus redes sociales con la zamarra del City cuando eran pequeños. Tampoco cuesta mucho imaginar a sus dos retoños preguntando a Alf-Inge las causas y los motivos de su retirada o por qué papá ya no jugaba en el City y conocida la historia el deseo por seguir los pasos de su padre se vieran reforzado.

Astor, el hermano mayor de Erling publicó esta foto en sus redes sociales.

Haaland padre rescindió su contrato con los skyblue en julio de 2003 y Erling volvió a Noruega. Pero el amor por los citizens no se marchitó. De repente aquel equipo del montón en el que su padre se había retirado fue comprado el 1 de septiembre de 2008 por el jeque Mansour bin Zayed Al-Nahyan y la historia de los de la ribera azul de Manchester cambió para siempre. Su objetivo no era otro que convertir al club en una superpotencia primero en Inglaterra y luego en Europa. Robinho fue su primera gran inversión (43 millones de euros) y desde entonces cantidades ingentes de dinero (más de 1.500 millones de euros solo en fichajes en estos 13 años) no ha parado de alimentar un club que hoy ya es una superpotencia.

Los nombres de Dzeko, Yayá Touré, Balotelli, David Silva, Kun Agüero, Otamendi, Sterling, Gundogan o Kevin de Bruyne fueron elevando las aspiraciones y las exigencias del club. Los títulos comenzaron a llenar unas vitrinas famélicas durante más de tres décadas y el “vecino ruidoso”, como lo definió en su día Sir Alex Ferguson, tiñó Manchester de azul. Fue ese equipo moderno, eléctrico y vencedor el que fascinó a Haaland en su preadolescencia y le conectó con los últimos días de futbolista de su padre. Erling creció con la Liga del gol de Agüero y las primeras escaramuzas europeas, aficionado a la omnipresente Premier League desde pequeño, saboreó la Premier de Pellegrini en plena pubertad y se ilusionó como un citizen más ante la llegada de Guardiola a Manchester. Para entonces Erling ya quemaba etapas a pasos agigantados y siendo apenas un juvenil, en el verano del 2016, el Molde ya le había echado el ojo. Su padre guiaba sus pasos en la sombra, desde la alimentación hasta la preparación física.

Pero Haaland era entonces un auténtico desconocido y un ferviente seguidor de la Premier. Así que como un adolescente más se unió a un grupo de Facebook de aficionados del Manchester City en Noruega. Sam Lee, periodista de The Athletic en Manchester lo confirmaba recientemente en el podcast “Why Always Us”: “Estaba en un club de aficionados del City en Facebook en Noruega, creo que hasta hace aproximadamente un año, porque la gente no paraba de preguntarle cuándo iba a fichar por el City, así que se fue”. Fue precisamente en ese rincón recóndito de Facebook al que Haaland subió de manera inocente una foto suya en la que ya muestra la mirada desafiante del killer en el que se ha convertido después. Y en la que además aparece ataviado con la zamarra del City, la correspondiente a la 2008/09, aunque Erling aparenta más edad en esa foto.

Un jovencito Erling Haaland posaba desafiante con la camiseta de su equipo en la Premier.

Los vínculos sanguíneos y los lazos emocionales con el City dispararon los rumores antes incluso del emparejamiento de cuartos de final entre el Dortmund y los ingleses. Hasta Guardiola tuvo que salir a desmentir que fueran a hacer una oferta por Haaland: “Con estos precios no vamos a comprar a ningún delantero. Es imposible, no lo podemos pagar”, afirmó Guardiola antes del partido de ida. Casi a la par, Erling Haaland pisaba por primera vez el Etihad Stadium, el estadio en el que no llegó a jugar su padre, pero que ha sido escenario de las hazañas citizens que él veía por televisión. Y el noruego no podía esconder su admiración: “Hermoso, ¿eh?”, le dijo a su compañero Jude Bellingham al salir por el túnel de vestuarios. Quizá superado por las emociones, el fan Haaland no brilló en la ida y su equipo perdió 2-1, pero esta noche tiene una nueva oportunidad para dejar en la cuneta al enésimo intento del jeque, Mansour bin Zayed, de conquistar Europa.

Solo uno de los dos cantará What’s the story morning glory de Oasis a la mañana siguiente.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here