Durante la semana de nacimiento y aparente muerte de la Superliga europea de fútbol se ha aludido en varias ocasiones a la Euroliga de baloncesto como formato de éxito y, llegado el caso, como modelo a seguir. Incluso Florentino Pérez, chairman de la extinta Superliga, tomó como ejemplo la máxima competición del baloncesto continental. El desarrollo de la Euroliga desde su nacimiento en el año 2000 ayuda a entender cuáles son los parecidos y las diferencias con respecto a la idea fundacional de la Superliga y nos indica cuál podría ser su evolución. Allá vamos.

Como bien se ha recordado durante los últimos días, la Euroliga nace del enfrentamiento entre la Unión de Ligas Europeas de Baloncesto (ULEB) y la FIBA. La voluntad de varios de los grandes clubes y de las ligas europeas de gestionar su propia competición fue el germen del nacimiento de la Euroliga. Aquí aparece la primera gran diferencia: las ligas nacionales sí apoyaron el nuevo formato. Los miembros de la ULEB pudieron utilizar Euroleague como nombre del torneo porque la FIBA no había registrado la marca a pesar de utilizarla durante años. La siguiente diferencia, y no es menor, es que los gigantes del basket europeo estaban divididos. Panathinaikos, Maccabi, CSKA o Efes Pilsen se posicionaron con la FIBA para crear la Suproliga. Olympiacos, Benneton, Kinder Bolonia, FC Barcelona, TAU Cerámica y Real Madrid apostaron por la Euroliga. La fractura se hizo patente en la temporada 2000-2001, cuando se proclamaron dos campeones de Europa: Maccabi y Kinder Bolonia.

La primera Euroliga premiaba la clasificación liguera: otorgaba cuatro plazas a la liga española, italiana y griega y una plaza a los campeones de países como Suiza, Bélgica, Croacia, Eslovenia, Portugal, etc. Veinticuatro equipos participaron en la primera edición. Las mejores cifras de audiencia y la popularidad de la Euroliga colocaron a la nueva competición en una posición de poder para negociar con la FIBA. Para la temporada 2001-02, FIBA y ULEB acordaron que la primera organizaría los torneos de selecciones (Juegos, Mundial y Eurobasket) y la segunda las competiciones europeas de clubes. La segunda edición de la Euroliga, que ya incluía a los equipos de la Suproliga, acogió a 32 clubes y mantuvo los criterios de clasificación a través de las ligas nacionales.

La Euroliga pasó a tener 24 equipos en tercera temporada y así se mantuvo hasta finales de la década del 2000. Las plazas se asignaban a los países en función del rendimiento de las ligas y el desempeño de sus equipos en los torneos continentales. Con este criterio, el Real Madrid se quedó fuera de la Euroliga en la temporada 2003-04 por acabar décimo en la ACB.

Las plazas fijas

Las primeras similitudes con el modelo fundacional de la Superliga de fútbol aparecen a partir de la 2009-10. En función del rendimiento deportivo, los ingresos televisivos y la asistencia a los pabellones, la Euroliga eligió trece equipos con Licencia A, es decir, con plaza fija para disputar la competición. Cuatro equipos españoles (los tres fundadores y Unicaja) consiguieron esta distinción. El resto de los cupos se repartían entre siete clasificados a través de sus respectivas ligas, un invitado, el ganador de la Eurocup y el de la fase previa. Las licencias se renovaban cada tres temporadas, aunque por el camino Virtus Roma perdió su Licencia A por su mal desempeño en la Lega y el equipo polaco Asseco Prokom Gydinia accedió al grupo de los intocables. El modelo de competición se alejaba cada vez más de la tradición europea para tomar como referencia a las grandes ligas estadounidenses

Los criterios para mantener las licencias cambiaban cada cierto tiempo, lo que complicaba la planificación a futuro de los clubes y sus inversores. Por ejemplo, el Unicaja perdió su Licencia A en 2015 porque a partir de ese año se limitó el número de cupos fijos por país a un máximo de tres. Estos cambios dieron pie a una nueva Euroliga. Ante los rumores de una posible reconquista de la competición por parte de la FIBA, la Euroliga se blindó firmando un contrato de diez años y 630 millones con IMC. Para la temporada 2016-17 se pasó de 24 a 16 equipos, y once de ellos consiguieron una licencia fija para una década. Las cinco restantes se repartieron entre los ganadores de tres ligas domésticas sin Licencia A, el campeón de la Eurocup y un invitado. El formato de fase de grupos mutó en una liguilla con enfrentamientos a doble partido.

El aumento de partidos que supuso el cambio de formato, además de las mayores restricciones de acceso a la Euroliga, comenzaron a abrir la brecha entre la ECA (organizadora de Euroliga y Eurocup) y la FIBA. En la temporada 2016-17 la FIBA creó su propia competición: la Basketball Champions League. La gran diferencia con el conflicto entre Suproliga y Euroliga fue que, a pesar de las promesas de plazas fijas para ocho equipos, ninguno de los grandes clubes europeos se puso del lado de la FIBA. El divorcio entre ECA y FIBA fue total cuando, por los requerimientos del apretado calendario, los partidos de clasificación para los torneos de selecciones comenzaron a coincidir con la fase regular de la Euroliga. Aún hoy siguen sin haber alcanzado un acuerdo, por lo que las selecciones nacionales no pueden contar con los jugadores de equipos de Euroliga para estas ventanas clasificatorias. Este enfrentamiento sí es más cercano a la situación futbolística actual que el que se produjo en el año 2000.

El grupo de equipos fijos en la Euroliga ha sido ampliado recientemente con la concesión de dos invitaciones para diez años para el equipo francés Asvel Villeurbanne y el Bayern de Múnich. Así, la Euroliga cuenta ahora con trece plazas fijas de los dieciocho totales. La decimocuarta pertenecerá a Alba Berlin durante las próximas dos ediciones. Las wildcards restantes se las reparten el campeón y el subcampeón de la Eurocup y los mejores posicionados de otras ligas (generalmente la Liga Adriática y la VTB rusa). La elección de Asvel y Bayern responde a la voluntad de la Euroliga de expandir su producto en el centro y norte de Europa. Esta decisión ha dejado en la estacada los proyectos de equipos como el Valencia Basket, que con un nuevo pabellón por construir y una gran inversión se quedará fuera de la próxima Euroliga por no alcanzar el Top 8; mientras, otros equipos con peor desempeño y proyecto deportivo tienen garantizada su presencia en la competición.

El modelo Euroliga al que alude Florentino Pérez es, claramente, el de sus últimas temporadas. La competición es cada vez más cerrada y atiende a criterios económicos y estratégicos más que deportivos para la elección de sus invitados. Las ligas nacionales acumulan descensos de audiencia mientras que la Euroliga aumenta anualmente su interés y número de espectadores. Por ejemplo, en la temporada 2019-20 la máxima competición continental registró un aumento del 15% en la audiencia de los países que son mercados de la Euroliga. La media de asistencia a los pabellones experimentó una subida del 12%. En la guerra con la FIBA, de momento, la ECA es la clara vencedora del enfrentamiento. El peso de los equipos en el control de la competición y la ausencia de sus jugadores en las ventanas de selecciones durante la temporada justifica la fijación con el modelo Euroliga por parte de los fundadores de la Superliga.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Hace una semana se tuvo constancia de una reunión secreta entre Maccabi, Olympiacos, Panathinaikos, Zalgiris, Armani Milan, Anadolu Efes y CSKA; siete de los equipos con Licencia A. El motivo del encuentro fue redactar una carta para bloquear la reelección de Jordi Bertomeu, presidente de la Euroliga desde el año 2000. El descontento de estos equipos nace del dinero que reparte la competición: 20 millones de euros entre 18 equipos y entre 2,5 y 3 millones para el ganador. Estas cifras no se acercan a los presupuestos de 30 o 40 millones con los que cuentan los grandes clubes continentales. Hasta el momento no se han conocido más movimientos, pero un distanciamiento entre este grupo de siete y la competición puede suponer un nuevo cisma en el baloncesto europeo. Tal vez deban tomar nota quienes insisten en resucitar el proyecto de la Superliga.

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