Es el Real Madrid. Y es la Copa de Europa. Y es Zidane, también es Zidane. Hay gente que sólo tiene razón una vez, la última. A partir de aquí se podría explicar todo si alguien fuera capaz de darle sentido a este juego que es capaz de decir mil veces que no y una que sí, la que importa. No es mentira todo lo que venimos contando a lo largo de la temporada. El éxito de ahora no niega la debilidad del Madrid, sujeto por cuatro jugadores (Casemiro, Modric, Kroos, Benzema) sin recambio y señores venerables desde hace tiempo, presentes en la últimas Champions ganadas. Lo ocurrido no hace más que insistir en el inmenso mérito de un equipo que pelea con el brazo amputado que dejó Cristiano. Así ganó la pasada Liga, así pelea la actual y así va camino de las semifinales de la Champions, con una revolución pendiente y sostenido por el amor propio aun antes que por el talento.

El éxito por confirmar (seamos cautos) no oculta la necesidad de más goles y de aire fresco, de fichajes contrastados. Sin embargo, los problemas cotidianos desaparecen en la Copa de Europa, ese torneo que los jugadores consideran propio. Vinicius es el mejor ejemplo. Cuando ya le dábamos por imposible, desesperados por su reincidencia, el chico apareció para reivindicarse, si no como estrella (no corramos tanto), al menos como jugador del Real Madrid, que no es poco. El muchacho atolondrado de tantas veces fue en esta ocasión un delantero implacable, justo el que imaginaron los optimistas. El chaval sin gol lo encontró por fin. Quizá sea una noche entre mil, pero ahora dan ganas de esperarle.

Kroos también merece una mención honorífica, quizá la primera. Sus pases a la espalda de los centrales fueron ejecutados con movimientos del Bolshoi: su forma de golpear el balón, la figura que compone, el vuelo de la pelota, la exquisita precisión… Y la efectividad. Lo suyo no es belleza inútil. Durante muchos minutos fue el jugador que desarmó al Liverpool, intimidado por un mediocampo superior.

Todo funcionó en el Madrid. Asensio dio otro paso en su regreso al mundo de los vivos, gol incluido. Militao dejó de ser un fantasma y los que cumplen siempre (Nacho, Lucas) no se quedaron atrás. La primera parte fue perfecta y en la segunda el equipo se sobrepuso al gol de Salah para demostrar y demostrarse que el Madrid es mejor y que el torneo es suyo aunque a veces deje paso a otros clubes con galante generosidad.

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