Que este Real Madrid se descuelgue de la lucha por la Liga a falta de cinco jornadas tiene más de éxito que de fracaso. Y me refiero a “este Real Madrid” y no a cualquier otro, porque hay valorar el discurrir de la temporada y las conclusiones extraídas. Desde hace meses sabemos que la plantilla es corta, que los jugadores fundamentales no tienen relevo, que las promesas no cumplen y que la falta de gol es una enfermedad crónica. Esas certezas no han impedido rachas excelentes y una hazaña considerable, estar en la pelea por los títulos que importan bien entrado el mes de abril. Sin embargo, llegó el momento de renunciar a las fantasías. Ganar el título de Liga entraba en la categoría de los milagros. Para un equipo que vive en permanente escorzo se hacía imposible sostener un sprint en la última recta del campeonato. No se puede vivir siempre de puntillas. Es posible hacerlo en los esfuerzos puntuales que exige la Champions, pero la Liga es otra distancia.

Por aquí se dijo, no sé si lo recordarán, que era perfectamente posible que al final de la temporada todos tuviéramos razón, los pesimistas y los optimistas, los catastrofistas y los esperanzados. Y en ese punto nos encontramos. Los que anunciaron desplome aquí lo tienen y es fácil que todavía sea peor: no sería de extrañar que el equipo se dejara más puntos a partir de ahora y afeara su clasificación final. Los que soñaron con algo grande todavía tienen motivos. La Champions es un objetivo a tres partidos que sí admite vivir de puntillas, aunque ya sangren los dedos.

Al Betis le bastó con ponerse serio para merecer el empate, lo que es tanto como afirmar que a ratos pudo ganar y a ratos perder. Pero no se achicó ni un instante. Como al Madrid, le faltan goles y chicos que rompan, y eso que Laínez (20 años) dejó detalles de buen futbolista, apuntes interesantes si no fuera porque quien suscribe está harto de los apuntes interesantes, qué tiempos aquellos en que los buenos jugadores iban directamente al grano. Sobre Vinicius, compañero de generación, no hay novedades: sus goles contra el Liverpool fueron un espejismo, la buena noche que tiene cualquiera. Lo que no sabe hacer no lo aprenderá nunca, aunque eso no niega su utilidad en ciertas ocasiones, ya sea como revulsivo o como generador de caos. La decepción resulta más profunda con Rodrygo, que es un talento sin carácter. Se alude mucho a su inferioridad física, pero no está ahí el problema, miren a Pedri (18). Lo que conviene asimilar cuanto antes es que no nos encontramos ante estrellas en ciernes, sino ante jugadores que serán notables si les van bien las cosas. Incluyo a Marco Asensio.

No me quisiera repetir, pero es imposible no hacerlo. Lastrado por las carencias conocidas, el Madrid dominó sin apretar, encaminado a un empate técnico del que no le salvó Hazard, que salió a no lesionarse. Fue un baño realidad (quizá una ducha), una evidencia que no debería deprimir a nadie porque lo fundamental sigue en vilo. Sigo creyendo que lo más probable es que el Real Madrid termine el curso sin premios. En ese caso espero que se reconozca su resistencia ante la adversidad y el coraje de un grupo al que varias veces hemos querido enterrar, pero que sigue en pie, dispuesto a decirnos por enésima vez que todavía no.

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