El comienzo del partido fue todo un spoiler para el espectador: o Messi o la nada. Minuto 3: Messi al larguero. Minuto 8: Gol de Messi. Minuto 16: Messi dispara fuera. Minuto 20: Messi chuta a las manos de Soria. Minuto 33: Messi, nuevamente al palo. Minuto 33 y 1 segundo: Gol de Messi. Todo, absolutamente todo el ataque azulgrana pasaba por el arruinaclubes. Con este doblete, Leo está cerca de lograr una cifra disparatada en el mundo del fútbol: sus 667 goles como azulgrana están cerca de triplicar al segundo máximo goleador de la historia del Barça, el mítico César Rodríguez. Y son nada más y nada menos que 667 goles más que otro delantero inolvidable para el club: Dugarry. Leyenda Christophe.

Entre medias hubo tiempo de ver unos buenos minutos de Busquets, quien vuelve a dar señales de vida en una temporada llena de altibajos, y para ver un autogol de Lenglet que metía momentáneamente al Getafe en el partido. Tuvieron buenas intenciones los de Bordalás en el Camp Nou pero cuando una temporada viene torcida eres capaz de compensar en apenas 15 minutos un autogol con un pase a la red de Chakla. Son solo cuatro puntos por encima del descenso y una finalísima en Huesca en apenas cuatro días. 

Con el 3 a 1 al descanso, Messi decidió tomarse su merecido descanso. Había hecho todo lo que tenía que hacer y más. Era el turno del resto del equipo. Pero sus compañeros decidieron que era mejor hacer una oda al trantrán, con papel estelar para un Sergi Roberto, que cada vez que veía espacio por delante, frenaba la jugada y cedía el balón hacia atrás. Cierto es que lleva haciendo eso casi toda su carrera y ahí sigue, en la primera plantilla, ¿por qué cambiar ahora? El caso es que la cercanía de la medianoche y el nulo ritmo de juego eran toda una invitación al espectador para debatir sobre la Superliga o, simplemente, para irse a dormir. Por suerte para los aficionados, Lenglet, rey de los penaltis tontos esta temporada, no había dicho su última palabra. Había chocado manos con Araujo en el cambio, hecho más que suficiente para transmitirle su mal fario: pisotón del uruguayo a Enes Unal para que el turco hiciese soñar con la machada azulona de puntuar contra Madrid y Barça en apenas una semana.

Jugándose la Liga, la falta de actitud (otra vez) era inadmisible así que tocaba echar mano, una vez más, del eterno apagafuegos. Antes de que el Getafe realmente se lo creyese al ver como Q-Man daba entrada a Umtiti, Leo puso el balón desde el córner en la cabeza de Araujo. Y el joven central compensó su error anotando el cuarto. Si no fuese por la existencia de Google muchos aficionados pensarían que el último gol tras un saque de esquina en clave blaugrana fue obra de Steve Archibald a pase de Víctor.

Ya con los tres puntos asegurados, solo hubo que esperar al minuto 93, y a que Messi tuviese un nuevo gesto de generosidad cediendo el lanzamiento de un penalti para ver al “indetectable” (para los rivales y para sus compañeros) Hombre Gris. Uno de los peores partidos de Antoine, y hay para elegir porque son casi todos. Penalti a penalti al menos puede llegar a comer en la mesa de Cristiano. Y el gol tal vez sirva para insuflarle algo de confianza dado que Q-Man ya ha demostrado que es titularísimo para él y con el francés habrá que jugarse las siete finales que quedan. El 668º puede esperar unos días más.

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