Esta es ya la tercera temporada de Vinicius en el Real Madrid. Aterrizó en un equipo cargado de dudas, huérfano de Cristiano Ronaldo, un megacrack con una influencia demoledora en el juego y en el resultado. El club buscaba un relevo a largo plazo para el portugués y contrató a un juvenil brasileño de 18 años que había deslumbrado por su velocidad, potencia, movilidad y por una energía volcánica a la hora de entender el juego. Eran razones esperanzadoras.

Estaba claro que era imposible reemplazar con un solo jugador el vacío creado por el portugués. Más que por su juego, por sus astronómicas cifras goleadoras. Sin embargo, sí parecía que con la llegada del extremo se podría ir construyendo un futuro a corto/medio plazo. Vinicius era un futbolista que parecía en condiciones de reproducir movimientos similares a los de la gran estrella. 

Su primer año dejó luces y sombras. Con cuatro goles y 12 asistencias, vimos a un jugador descarado, valiente, que no tenía miedo al fallo y que siempre intentaba desbordar, algo imprescindible en un Madrid agónico. Al mismo tiempo nos quedó la imagen de un jugador que necesitaba depurar mucho su técnica, al que le costaba entender el juego y que carecía de calidad en sus últimos toques, ya fuesen remates o centros. Con la llegada de Zidane como relevo de Solari su protagonismo descendió: siguió teniendo minutos pero se ha hecho evidente que para el técnico francés los defectos del joven brasileño pesan más que su virtudes. 

La segunda temporada arrancó con el fichaje de Hazard. El ex del Chelsea llegaba para ser la gran estrella del equipo y lo hacía para jugar en la posición de Vinicius. Eso alejó al brasileño de la titularidad y le colocó en un rol inesperado. Las continuas lesiones del belga y sus periodos de convalecencia dieron opciones a Vinicius para pelear por el puesto, pero su flojo rendimiento —5 goles y 3 asistencias— y la competencia con Rodrygo, capaz de jugar en banda derecha, le volvieron a restar protagonismo. Pese a todo, su juventud seguía siendo su gran baza.

Este año, y pese a las recurrentes lesiones de Hazard, el rendimiento de Vinicius está resultando decepcionante. Apenas se aprecia un progreso en su juego. De su fútbol han desaparecido muchos de aquellos gestos que, aunque imperfectos, eran útiles. Se hace imposible valorar hasta qué punto será capaz de mejorar, pero la media botella vacía se hace notar más que la llena. Han pasado ya dos años y ni su técnica ni su toma de decisiones mejoran, lo que nos hace ser poco optimistas en cuanto a su evolución como futbolista y como jugador del Real Madrid. 

Vemos en cada partido que a su fútbol aún le falta capacidad para ejecutar jugadas que le relacionen con el resto del equipo con la continuidad, calidad y seguridad que le piden Kroos o Benzema. La incapacidad es todavía mayor en partidos cerrados y ante defensas de bloque bajo. En esas situaciones el brasileño pasa una y otra vez de puntillas sin aportar más que pérdidas de balón. Su único argumento es arrancar para generar desequilibrio a costa de muchas pérdidas de balón. Y cada vez se prodiga menos.

Si Zidane mantiene a Vinícius en la izquierda del 4-3-3 es por las lesiones de Hazard y Rodrygo; es decir, porque no hay otro. Está por ver qué estatus mantendrá el brasileño cuando los lesionados mejoren y cuál será entonces la decisión de Zidane. Futbolistas como Lucas Vázquez se están comiendo por rendimiento tanto al brasileño como a Marco Asensio, del que hablaremos pronto.

El próximo verano habrá movimiento en la plantilla del Real Madrid para solucionar los grandes problemas del equipo en ataque y será momento de hacer sitio. Asensio y Hazard, sumados al rejuvenecido Benzema, han sido las grandes apuestas de Zidane para el ataque y se supone que continuarán. Hazard, aunque sigue bajo sospecha, demostró en el Chelsea que es un gran jugador y todavía se le espera. Asensio tiene un potencial tremendo, si bien ya ha cumplido 25 años y su confirmación se retrasa. Lucas Vázquez se ha ganado en el campo su renovación: su polivalencia gusta mucho a Zidane. De manera que queda poco espacio y no sería de extrañar que salieran nuevos jugadores cedidos. Entre Rodrygo y Vinicius la decisión parece clara. El ex del Flamengo es quien tiene más opciones por una sencilla razón: su efecto se está diluyendo.

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