El periodismo futbolero en nuestro país, para qué perder el tiempo en llamarlo deportivo, se ha convertido en una selva inclasificable. La transformación que ha sufrido en los últimos años lo está llevando a ser objeto de chufla constante, al nivel de los espacios rosas para los daltónicos del buen gusto o amarillos para la gente con mejor vista.

Antes era impensable que un periodista que se preciara de serlo apareciera en un programa de televisión con una bufanda y comportándose como el más ridículo forofo de su equipo. La objetividad ha quedado donde la vocación en los políticos y la Mirinda.

Ahora priman la inmediatez, el escándalo, la faltada como rutina, la mentira gratis y las opiniones siempre con el mismo sesgo sin atender a la realidad. Lo de contrastar las informaciones ya no es necesario porque sale barato mentir. Menos mal que existe La libreta de Van Gaal para poner en evidencia a más de uno mostrando sus vergüenzas, si es que les queda alguna. Casi siempre los mismos, por cierto.

En mi opinión, esta deriva nace del creciente control de los clubes y los organismos a los medios, que ha llevado a alguno a buscar nuevos contenidos transformando en protagonista al intermediario. Las entrevistas a los verdaderos actores de la película están cada vez más encorsetadas en aquellos con derechos, porque los demás tienen que pegarse en la llamada Zona Mixta, donde se obliga a las estrellas a compartir unos metros con la plebe y de vez en cuando hasta se detienen para soltar tres tópicos ante la nube de micrófonos que mendigan unos segundos de su tiempo. Con semejante burbuja de sobreprotección y aislamiento los futbolistas sólo reciben las opiniones de sus séquitos de garrapatas, que les pelotean sin descanso a cambio de visas sin límite.

Con estos ingredientes y un nivel cultural inversamente proporcional a los emolumentos, la consecuencia no puede ser más que una superficialidad que sonroja de algunos de los mejores jugadores. Y el seguimiento multitudinario de sus gilipolleces en redes sociales es gasolina para que se superen día a día.

Hay un detalle que explica mejor que nada la soberbia del jugador actual y su endiosamiento: los saques de esquina. Por sus santísimos huevos tienen que poner fuera el balón del quesito, o en el límite que no se sepa si toca o no con la línea.

¿Por qué?

La diferencia si nos atenemos a la física es inapreciable, como los conocimientos del lanzador en la materia. No es más que una forma de decir que haces lo que se te antoja y que quedas siempre por encima, como el aceite. Menos mal que no soy árbitro, porque me quedaba solo con estas soplapolleces.

Pero volvamos al centro del campo, a los medios.

Además de sufrir este entorno impuesto por los departamentos de “incomunicación” de los clubes,  hay dos puntos neurálgicos y dos equipos que copan directamente el noventa por ciento de la información futbolística y del circo de títeres guionizados de nueva creación. Y el otro diez de manera indirecta, no se salva nada ni nadie.

Todo lo que se salga del duopolio tiene un tratamiento residual, que sólo puede revertirse mínimamente con gestas deportivas ocasionales, y que han de ser conseguidas contra todo y contra todos.

Esto, que siempre ha ocurrido en los medios mayoritarios ahora es insoportable. En la capital todo se pasa por el prisma del nacional-madridismo, aunque no tenga ni la más remota relación. En Barcelona, lo mismo con el equipo culé. Hay portadas delirantes en los últimos tiempos en los que éxitos incontestables de nuestras y nuestros deportistas (ellas se han ganado a pulso ser nombradas primero) aparecen en una esquina ridícula, sepultados por alguna absurdez relativa a Zipi o a Zape. Es lo que vende, se defienden, y yo creo que no es así.

Hasta el madridista más recalcitrante (valga la redundancia) entendería que un logro de Mireia, Carolina, Nadal, Rahm, las selecciones de balonmano, baloncesto, hockey, fútbol sala, etc. tuviera más presencia en la portada que una entrevista al hijo del entrenador de su equipo, porque ha fichado por un histórico de Segunda División. Vamos, digo yo.

A Usain Bolt le ha llegado a preguntar un periodista español si prefería al Madrid o al Barca. Hay que tener cuajo o estar muy mediatizado por tus jefes. Y estos a su vez, por algún ser superior.

Más ejemplos de polarización ahora en la televisión de pago: una pizpireta presentadora dio paso a las segundas partes de los partidos de Champions tal que así: “Les dejamos ya con el Real Madrid SOBRE TODO y también con el Atleti…”.  Pues con esa actitud y un apellido, ya tiene un programa estrella.

Luego tenemos a un grupo de marionetas que SIEMPRE opinan a favor de los suyos y SIEMPRE en contra de los de enfrente. ¿Qué mierda de periodista actúa así, si no es por interés? Aunque sólo sea por estadística, alguna vez los tuyos se pueden equivocar, negarlo es de mermados.

Y te los encuentras por tierra, mar y aire. En redes, teles, radios, periódicos, hasta en el teletexto habrá alguno infiltrado con la turra que les asignen esa semana.

Con la crisis del sector y los medios en apuros, me imagino que a los que manejan el tinglado les saldrá más barato el control y la fidelidad de sus altavoces oficiosos. Algunas veces  parece que tienen un argumentario común y una escaleta con el horario y medio para lanzar las campañas orquestadas.

La misma mano que les solivianta si no se pita penalti a su equipo, hasta un nivel enfermizo últimamente, está en posición natural y no es intencionada si el protagonista es de su cuerda. ¡La misma jugada!

O están abducidos o incentivados para actuar así.

Hay un entrenador que se ha convertido en la piedra en el zapato en este teatrillo. No sigue el juego y por eso, entre otras cosas, está en el punto de mira del gremio. Reacciona de verdad y sin seguir el guion cuando le preguntan chorradas o por temas que no le atañen pero que interesan al medio. Yo las llamo “ruedas de prendas”.

—¿Quién te gusta más Haaland o Mbappé?

—Levante. ¿Siguiente?

Como además, lleva más de una década molestando sin dejar de ganar y desesperando a todos, se ve a la legua que la guerra desatada contra él y su equipo es surrealista, ridícula y mentirosa. Y cada vez con más fuego amigo en las andanadas. Pero los números no mienten.

No consuman… 

“Joao Félix mandó callar a su entrenador”, se conjuran en publicar y pregonar todos a una, tras la victoria que les desmonta el escenario semanal previsto. Pues él sale en una foto con el equipo de rugby de Argentina, los Pumas, y con la camiseta del 7…

Grande Diego Pablo.

Con este panorama, los personajes más interesantes del mundo futbolístico están cambiando sus interlocutores de la prensa rancia a los nuevos entornos que ofrecen los llamados streamers. A la frescura y espontaneidad que mantiene gente como Ibai Llanos. Y lo entiendo perfectamente, porque a mí me apetece más escucharlos allí.

Por eso es tan necesario que existan opciones como A la Contra, periodistas como Paco Grande, Martí Perarnau o Miguel Ángel Méndez, que manejan una honestidad acorde al código deontológico de la profesión aunque ahora estén más escondidos. Quiero pensar que el actual panorama chusco acabará en algún momento, la gente tiene límites y llegará un momento en que se volverán a imponer la imparcialidad y la coherencia en las informaciones. El problema es que quede alguno de los buenos para entonces, porque hacen falta. Somos muchos los que queremos formarnos nuestra propia opinión, enriquecernos, aprender con los que leemos y, sobre todo, DUDAR.

No me fío de la gente que dice que lo tiene todo claro. Ni de los que llevan castellanos, uno que tiene sus cosas…

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